Dificultades en la concepción y su relación con los valores sociales

Dificultades en la concepción y su relación con los valores sociales

Es muy común encontrarse con personas que sufren por la imposibilidad natural de engendrar. Muchas de ellas pasan años intentando, sin encontrar respuestas. Otras buscan a partir de métodos como inseminación artificial o in vitro y si bien en muchos casos estas técnicas dan resultado, en otros no.

Trataremos de ir viendo juntos, ustedes lectores y nosotros acerca de esta problemática, partiendo de una mirada integral, holística en relación a ella. Les sugerimos detenerse ante cada pregunta y tomarse un minuto para observarse, para sentir la pregunta, antes de continuar con la siguiente.

Para reflexionar juntos

¿Es real que la mayoría de las personas ponen el máximo de su energía disponible en el trabajo, en la tarea laboral, productiva, que genera dinero?

¿Se realizan tareas con el fin de que éstas nos ayuden a crecer humanamente, o se realizan con un fin lucrativo esencialmente?

¿Es común que una persona, además de dedicarse a su tarea laboral, se atienda a sí misma, es decir se dé tiempo para cocinar, dormir las horas apropiadas, cultivar su espíritu, atender su casa, a su pareja y a sus hijos?

¿Puede uno ver que el mundo en el que vivimos nos lleva a una extrema especialización y tecnificación y que esto nos aleja de la posibilidad de poder dedicarnos a otras tareas nobles, humanas, que ayudan a desarrollarnos en nuestra posibilidad de florecer como seres humanos bondadosos?

¿Es valorable para cada uno de nosotros y el resto de las personas, aquél que es bondadoso, que es amoroso consigo mismo y con quiénes lo rodean, con los vínculos que tiene (hijos, pareja, amigos, padres, empleados, compañeros de tarea), o es más valorada la persona exitosa económicamente, que gana dinero, que “crece” cada año, teniendo un auto más caro o una casa más linda?

¿Es valorada por sí misma y por los otros la madre que está horas con sus hijos pequeños, dándoles la comida, bañándolos, haciéndolos dormir, o es más valorada la madre profesional, empresaria, comerciante, encargada de un negocio?

¿Puede una mujer procrear relajadamente, sabiendo que su futuro es salir a trabajar rápidamente, después de haber nacido su bebé, ya sea por necesidad real o ya sea porque necesita salir de su casa para realizarse profesionalmente?

¿Es real que en la época actual se tienen muchas necesidades, más que en otros momentos de la historia de los últimos 50 años?

¿No será que tanto el hombre cómo la mujer tendrían que poder tomarse el tiempo necesario para poder cuidar al bebé y mancomunar esfuerzos, entre uno mismo, el sector privado y el estatal, para que esto sea posible?

¿No será que tanto la mujer como el hombre trabajan y trabajan para darle a sus hijos “lo mejor”, la casa más linda, el auto más cómodo, el colegio más especial, la ropa de mejor calidad y en verdad lo que el niño necesita es menos de todo eso y más de la presencia de sus padres para crecer en armonía?

¿Puede ser que el miedo de la mujer a no sentirse suficientemente  contenida por su pareja, a no poder darle a su hijo tiempo, espacio, debido a que tiene que trabajar tanto, dificulte su posibilidad de procrear?

¿Puede ser que el miedo del hombre a perder libertad o el tiempo, la dedicación, el supuesto bienestar material, dificulte su posibilidad de procrear?

¿Puede ser que el hecho de estar cada uno generando exceso de adrenalina, que es ansiedad, miedo a no tener lo suficiente y no ser parte de este mundo, a no poder competir con los demás, debilite su mente y su cuerpo y no permita que el espermatozoide llegue con fuerza al óvulo y éste a su vez tenga la fuerza de recibirlo?

¿No será que hay una inteligencia propia de la naturaleza que actúa inhibiendo la capacidad de procrear para que no nazcan tantos seres humanos que vivan en aislamiento y desamor?

¿Puede ser que el exceso de carga electromagnética de computadoras, teléfonos celulares y TV en el dormitorio, debilite la condición humana y las personas no sean capaces de procrear?

¿Puede ser que la cantidad de estrógenos artificiales que se les dá a las vacas, pollos y gallinas, para que crezcan rápido, y que llegan a nosotros a través de lo que ingerimos, (carnes, quesos, leches, yogur, helados, etc.) afecten el nivel de hormonas tanto de hombres como de mujeres y sean una causa de infertilidad?

¿Puede ser que los glifosatos que se utilizan para desyuyar la soja y que se encuentran en los campos donde pastorean las vacas, a las que luego se les extrae la leche para la industria láctea y para carnear, contengan hormonas que generan desequilibrios hormonales e impidan la concepción?

¿Puede ser que el exceso de azúcar, cafeína de café, hierba mate, té negro, bebidas colas, de alcohol, carnes, es decir estimulantes en general, alteren el sistema nervioso de las personas, impidiendo la necesaria entrega y relajación que es necesaria para poder concebir?

¿Puede ser que la cantidad de hormonas artificiales que están presentes en productos de limpieza, envases plásticos, productos de cosmetología, también tengan que ver con esto?

¿Se es consciente que con cambios de hábitos alimenticios y de mejora en la calidad de vida se ha podido resolver este problema, incorporado a la alimentación diaria cereales integrales, legumbres, verduras, y eliminando alimentos excitantes del sistema nervioso y aquellos que contienen hormonas artificiales, como así también disminuyendo el exceso de carga electromagnética?

¿Puede ser que la falta de afecto genuino entre los miembros de una pareja humana, de verdadero interés de uno por el otro, es decir el individualismo exagerado, impida que la concepción ocurra?

¿Desde dónde nace la necesidad de tener un hijo, es para llenar nuestro vacío existencial o  por una actitud de amor desinteresada?

¿No será que para poder concebir habrá que cuestionarse todo, cómo se quiere vivir, cómo se quiere trabajar, cómo alimentarse, cómo relacionarse con la pareja y con el futuro hijo?

 

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