La Salud Y Las Estaciones, El Romanticismo Y El Amor Por La Naturaleza

La Salud Y Las Estaciones, El Romanticismo Y El Amor Por La Naturaleza

Lo que pasó

Estos boletines están escritos, algunos por Liliana Racauchi y otros por José Bidart, luego cada uno aporta lo suyo al escrito del otro, su punto de vista, y lo enriquece.

Éste en particular está hecho por mi, Liliana Racauchi y comienzo a escribirla, a un día del comienzo de la primavera, 20 de setiembre, aquí en el hemisferio sur de América.

Hace una semana ya estaba escrito en su totalidad, luego de varias semanas de trabajo. Cuando estaba en la corrección final y ya se habían escrito 18 hojas, esta magia de la tecnología que tiene también sus vericuetos y sinsabores, por un error personal, hizo que todo se borrara.

La primera sensación fue de amargura, frustración, desazón, en fin fueron tantos sentimientos que de recordarlos me asoma una cierta congoja. Luego durante ese mismo día fluctué en diversas sensaciones, pensaba que no iba a poder hacerla nuevamente, que no iba a encontrar la fuerza necesaria, que no iba a recordar todo lo que ya había escrito, que cómo podría conectarme nuevamente con la Naturaleza, si todo el tiempo utilizado anteriormente había sido de inspiración y ésta no viene en cualquier momento…

Acompañada de la tristeza, me senté, cerca de las 5 de la tarde, sobre una piedra grande, en un espacio silencioso de ruidos humanos, debajo de un árbol añejo, que comenzaba a sacar sus brotes, de un verde intenso. Había un sol radiante, el cielo azul, sin una nube, el frío del invierno había cedido su paso a una suave brisa cálida, los pájaros estaban alegres, el único sonido alrededor era el de sus cantos; los rosales, que estaban frente a mi, asomaban sus incipientes pimpollos, el jacarandá que había sufrido fuertemente las heladas en inviernos anteriores mostraba sus pequeños brotes también, el césped mismo dejaba su amarillo del invierno y más allá del riego brotaba su verdor, los jazmines de la galería hacían sentir su fragancia, a pesar de lo que me distaba de ellos, las glicinas de la galería más lejana, caían en racimos, dándome a lo lejos la visión de un manto lila.

Frente a todo eso que me rodeaba, ¿Cómo no iba darle mi tributo a la Naturaleza, volviendo a escribir esta nota?

A pesar de la tristeza, sentí que nuevamente la haría, que en la Naturaleza misma, en todo lo que estaba observando en ese momento, estaba la fuente de inspiración, que frente a todo lo que recibía de ella, mi problema había perdido fuerza y que en agradecimiento a lo que me hacía sentir en ese instante, no podía más que ofrecerle este homenaje de transmitir sus bondades y la posibilidad que ella tiene de ayudar a equilibrarnos.¡Así es que aquí estamos nuevamente conectados, la Naturaleza, ustedes lectores y nosotros!

La Naturaleza

La Naturaleza no es algo que está separado de los seres humanos, somos naturaleza, somos parte de los seres vivos que habitan este planeta y somos también, parte del Universo y del entramado entre todo lo existente.

Muchas veces se habla de integrarse a la Naturaleza, pero en verdad si uno siente que forma parte de ese entramado y ve la interrelación entre todo lo existente, sabe que somos una ínfima parte y que nuestra existencia está basada en el funcionamiento y la existencia de todo cuanto nos rodea y que lo que sucede en una minúscula parte del Universo, también sucede en cada uno de los seres vivos.

Todo esto implica también, que lo que le sucede a un humano también le sucede a otro humano.

En la Naturaleza se manifiestan ciclos de crecimiento, muerte, siembra, recogimiento,  extroversión, expansión, introversión, quietud, retraimiento, fertilidad, florecimiento,  lentitud, debilitamiento, fortaleza, abundancia, sequía, apaciguamiento, desborde, desbastamiento…

En nosotros los humanos también ocurren estos ciclos y muchos de éstos tienen que ver con la época del año en que vivimos, con lo que se manifiesta en la estación que estamos atravesando, tienen que ver con el clima, con la temperatura, con el viento, la lluvia, la sequedad reinante, si la naturaleza está en un momento de contracción o expansión, de frío o calor.

Ser parte de la Naturaleza es aprender a vivir en función de sus ciclos, poder observar lo que ocurre fuera de nosotros mismos, en todo lo que nos rodea, estar atento al crecimiento y ocaso de las plantas, poder percibir las manifestaciones de los animales que nos rodean, sus momentos de alegría y tristeza, sus actitudes de miedo, de protección, de agresividad. Ver lo que cada estación nos muestra, los cielos, las estrellas, la luna, el sol, su posición frente a la tierra, los brotes incipientes y la hojas cuando caen y cumplieron su ciclo, los pájaros cuando cantan, cuando están y cuando no se los ve.

Si se pone atención a lo que ocurre en la Naturaleza es posible relacionar todo esto con uno mismo, con el cuerpo, con la mente, con las emociones. Va más allá de vivir en el campo o en la ciudad; viviendo en una ciudad podemos observar el ciclo de la luna, cómo crecen los árboles de las veredas, si hay pocos o muchos pájaros posando en dichos árboles y cómo se comportan las plantas del balcón.

Es muy parecido lo que ocurre en la Naturaleza entre los diferentes seres vivos, con lo que a uno mismo le ocurre, además de la influencia que ésta tiene en nuestros propios ciclos de autorregulación. Por ejemplo, podemos observar cómo la luna actúa en relación a los ciclos de fertilidad de las plantas. Dependiendo del estado de la luna, es posible que al sembrar pueda o no fertilizar una semilla. También la luna influye sobre las mareas y los ciclos de fertilidad en las mujeres. Ejemplos de comportamiento de seres vivos y su relación con lo que a uno mismo le ocurre hay infinitos, por ej., las plantas cuando se les acerca para arrancarlas, exhalan un perfume, como en actitud de defensa. También está comprobado que las plantas de interior cuando permanecen en lugares donde se escucha música clásica crecen mejor. Lo mismo ocurre con los seres humanos, se ha comprobado cómo crecen mejor los niños a los que se los cría escuchando música de Mozart.

Observando el comportamiento de animales, podemos darnos cuenta de nuestras propias actitudes. Si observamos las aves, vemos cómo cuidan sus nidos y tratan afanosamente de proteger a sus crías, lo mismo ocurre con muchas especies de animales. También en la observación de los mismos vemos su comportamiento de defensa, ataque, miedos. Es decir tenemos comportamientos similares, sentimos dolor, sufrimiento, alegría. De ahí que cuidar a la Naturaleza es cuidarse a uno mismo y cuidarse a uno mismo es cuidar a la Naturaleza.

Las plantas por ejemplo, necesitan tierra fértil para crecer, cuando la tierra en que crecen está abonada, difícilmente se acerquen hormigas, pulgones, virus, hongos. También cuando están enfermas, no hace falta usar químicos para curarlas, con modificar la calidad de la tierra, usando tierra orgánica, fuerte, tierra de cerco, como se dice aquí en el campo, la planta se fortalece. Cuando la planta tiene buena tierra y  agua en cantidad suficiente, sin exceso ni carencia, crece adecuadamente.

A nosotros los humanos, nos sucede algo parecido, mejorando la calidad de nuestra sangre nos fortalecernos, sin necesidad de usar medicamentos que eliminen el síntoma, sino cambiando la calidad de nuestra sangre, abonandola con pensamientos, alimentos, actividad física, que permitan mejorarla, al igual que lo que ocurre con las plantas.

Cuando vivimos conectados con la Naturaleza, observándola y observándonos, nos damos cuenta que somos Naturaleza y que no es muy distinto lo que pasa afuera de lo que pasa adentro de uno mismo. Observando las posibilidades que la Naturaleza tiene de equilibrarse, vemos que nosotros también la tenemos y aprendiendo a vivir en consonancia con ella, aprendemos a equilibrarnos de formas naturales sin necesidad de recurrir a elementos artificiales, químicos, que luego terminan generando otro problema a resolver, bajando nuestro sistema inmunológico y energía vital.

La Naturaleza es una fuente de inspiración, de romanticismo, de enamoramiento, así lo ha sido a lo largo de la historia humana, el contacto con ella a través del acercamiento a todos los seres vivos, sensibiliza, uno está perceptivo, sensitivo, pierde la sensación de autocentramiento, pierde magnitud la problemática personal, uno ve que lo de uno no es nada, frente a lo inconmensurable de la vida.

Esta sensibilidad que la Naturaleza genera en uno, es la que luego nos sirve y necesitamos para poder vernos internamente, para comprender la vida en toda su dimensión y comprender nuestros conflictos y formas de manifestarnos.

La Naturaleza, también nos fortalece, ya que observándola, aprendemos como se regula todo lo que existe a nuestro alrededor naturalmente. Esta observación nos va haciendo independientes, sobretodo de las opiniones de otros, y encontramos a partir de esa observación la posibilidad de auto curarnos, equilibrarnos y saber qué tenemos que hacer para estar bien, cosa que nadie sabe mejor que uno mismo.

 

El Romanticismo

Se asocia a la primavera con el romanticismo, pero en verdad todas las estaciones tienen que ver con la posibilidad de ser romántico.

Ser romántico sería estar enamorado, pero no de alguien en particular sino de todo, de la vida en sí. En esto la Naturaleza tiene una gran implicancia, porque justamente a partir de estar integrado a ella, adviene ese sentimiento de amor, de conexión con todo lo existente. Ser romántico es sentirse conmovido frente a cada pequeña e insignificante manifestación que la vida presenta, desde el trabajo que realiza una hormiga que lleva su comida al hormiguero, hasta por el colorido de las flores, la gota que cae de una fruta madura que aún permanece en el árbol, la presencia de los árboles grises, sin hojas en el invierno, el llanto o la sonrisa de un bebé, las hojas ocres y amarillas del otoño, los leños en la chimenea del invierno, una música agradable, las diferentes texturas, en fin, es ver la belleza en todo, incluidas las cosas más desagradables, pero que forman parte de la vida misma.

Ser romántico es poder tener un sentido no mecánico o solamente racional de la vida, sino mirar desde las sensaciones, desde los sentidos y en eso el acercamiento a la Naturaleza tiene mucho que ver.

Hemos perdido este atributo, el de mirar con ojos románticos, incluso cuando se ve a alguien que funciona así resulta extraño, porque lo corriente, lo común, está imbuido  de juicio, de especulación, de comparación, de desconfianza, de cemento, plástico, química, tecnología, que si bien son necesarios para determinadas circunstancias y tienen su utilidad, han invadido nuestra forma de mirar, de percibir la vida, de conectarnos unos con otros, generando actitudes individualistas, frías, mecánicas, deshumanizadas.

La observación de la Naturaleza, el aprender de ella, el confiar en sus ciclos de autorregulación, el aprender que en ella se encuentran todas las posibilidades de armonía necesarias para que un ser humano viva bien, nos posibilita tener una mirada romántica de la vida. El ser romántico se asocia con la ingenuidad, la ilusión, la debilidad, sin embargo, esta forma de mirar no significa que a su vez no podamos reflexionar con lucidez, o que no veamos la realidad tal cual es y que usemos nuestras capacidades intelectuales para también comprender los diferentes procesos del vivir. Equilibrar todos nuestros aspectos redunda en sencillez, alegría y salud.

 

El Concepto de Equilibrio

Una de las leyes fundamentales del Universo y de la Naturaleza, son la del cambio y la del equilibrio.

La “Ley del Cambio” alude al hecho de que en todo el Universo nada está estático, sino que todo está en movimiento constante, con lo que el cambio es un estado permanente, que se manifiesta en todo lo existente.

La “Ley del Equilibrio” alude al hecho de que éste es un estado resultante de la actuación de fuerzas antagónicas, que se contrarrestan.

Ya los orientales explicaron este concepto a partir de la teoría del Yin y Yan. La unión de estos opuestos genera la armonía, un estado en el cual, las dos fuerzas polarizadas se unen generando equilibrio.

A partir de la comprensión de estas dos leyes podemos deducir que todo funciona en permanente cambio, en la búsqueda de ese estado de armonía y que así se manifiesta todo en el Universo y en la Naturaleza, incluidos nosotros mismos.

Ejemplos de esto son el día y la noche, lo claro y lo oscuro, lo blando y lo duro, lo rígido y lo flexible, el frío y el calor, lo activo y lo pasivo, lo de arriba y lo de abajo, lo quieto y lo inquieto, lo lento y lo rápido, lo

 femenino y lo masculino, lo pasivo y lo activo, lo contractivo y lo expansivo y tantos ejemplos más.

Lo seco se equilibra con lo húmedo, lo frío con lo caliente, lo blando con lo duro y lo flexible con lo rígido…

En la Naturaleza, a partir de sus ciclos y concretamente en el devenir de las estaciones, todo busca equilibrarse. Los árboles quedan sin hojas en invierno y comienzan a brotar en primavera, el sol está más lejos de la tierra en invierno y en primavera se va acercando, cuando el calor arrasa en verano, suelen aparecer las lluvias que contrarrestan el calor.

En las personas cuando se llega a un estado de máxima tensión hay algo que se descarga y produce una distensión.

Si bien el equilibrio no es un estado absoluto, ya que por la misma ley del cambio, diríamos que el equilibrio es un estado móvil, todo pareciera ir en el Universo y la Naturaleza, en busca de estados de armonía. Comprender los ciclos de la Naturaleza a partir de las estaciones, y la capacidad que ésta tiene de encontrar su propio equilibrio, nos permite ir encontrando estados aproximados de equilibrio y armonía en nosotros mismos, a partir de nuestras diferentes manifestaciones.

La Primavera

Cada estación nos presenta su peculiaridad. Podríamos decir que la primavera es un renacimiento, es el salir afuera de todo lo que estaba oculto, durmiente y quieto durante el invierno. La primavera es el renacer de la Naturaleza en su totalidad. Todo brota,  florece, se asoma, como pidiendo permiso para crecer.

El sonido del canto de los pájaros es más intenso. Los verdes de los brotes de las hojas de los árboles dan esa sensación de brillo que se ve alrededor, los aromas de jazmines, madreselvas, rosales y glicinas inundan el ambiente. La brisa cálida del viento se interpone frente al aire fresco del invierno, el sol está diáfano, tibio, más cerca de la tierra. Todo comienza a realizar su ciclo de crecimiento; al estar el sol más cerca los días son más largos, todo pareciera relajarse, nosotros también. Los vientos se hacen más fuertes, se esparce tierra y polen. Las flores muestran su colorido. Nuestros corazones están más alegres y ese estado de exteriorización que la naturaleza tiene también se hace propio en cada ser humano.

Manifestaciones físicas

Así como todo brota, como todo se exterioriza y florece en primavera, nosotros también necesitamos sacar afuera, exteriorizar.

Durante el invierno acumulamos exceso de alimentos grasos, de alimentos muy cocidos, para darnos calor, consumimos alimentos de mayor densidad, producto de la necesidad de contrarrestar el frío.

En primavera al haber más calor, el organismo comienza a eliminar lo acumulado durante el invierno.

El hecho de que todo brote y salga al exterior, hace que ese mismo proceso que ocurre en la Naturaleza, ocurra en uno mismo, invitándonos a sacar afuera.

Por eso la primavera es un período de desintoxicación, de eliminación de los excesos del invierno. Son comunes en esta época los problemas hepáticos, las alergias, y los problemas circulatorios. La circulación sanguínea comienza a ser más lenta debido a que hay más sol en el ambiente y en consecuencia más calor. El frío hace que la circulación sea más rápida y el calor la enlentece. Aparecen dolores en las piernas y el intestino se hace más lento en su movilidad, por un lado por la sobrecarga hepática y por otro lado por que la sangre circula más despacio.

El hígado es un órgano compacto, duro, que necesita frío, humedad para equilibrarse. Con el comienzo de los primeros calores y

habiendo aún en el organismo resabios del invierno, es decir sobrecargas de alimentos consumidos, que dieron calor, el hígado se ve sobrecargado también, en esta época, por lo cual es necesario ayudarlo a equilibrarse. Entre los síntomas más comunes de  sobrecarga hepática, podemos mencionar las alergias, dolores de cabeza, mareos, hinchazón abdominal, constipación, a veces diarreas, náuseas y otros…

Las alergias, pueden manifestarse como erupciones en la piel, dolores de cabeza, sin embargo, la forma más habitual es la fiebre de heno. Son manifestaciones de descarga del organismo, que busca sacar el exceso de lo acumulado durante el invierno. (1)

Es necesario acompañar estos procesos sin sobrecargar aún más con ciertos cuidados especiales.

Manifestaciones psicológicas

Durante el invierno la actitud, debido también a la forma en que la Naturaleza se expresa, es de cierta retracción, tristeza, pasividad.

Al todo brotar, en primavera, también brotan de nosotros todos nuestros aspectos, la alegría, la tristeza, el enojo, la irritabilidad. En general suelen volcarse sentimientos que uno tiene adentro y que comúnmente no salen.

Pareciera que la naturaleza misma nos invitara a expresarnos y así como el florecimiento de las plantas y la alegría de los animales se expresa,  todo nos invita a sacar afuera lo que sentimos. Ese florecer externo permite que se exterioricen en uno mismo diferentes aspectos, desde nuestros sentimientos más nobles, como aquellos que tenemos guardados y nos cuesta expresar, hasta la impaciencia, irritabilidad, enojo y agresión.

La alimentación, consideraciones para todas las estaciones

El tipo de alimentación que aconsejamos para personas con una salud  estable y una condición psico-física regular, para todas las estaciones está basada en:

Cereales integrales, como: arroz, trigo, cebada, quínoa, amaranto, avena, maíz, salvado de avena, germen de trigo, trigo bulgor, fideos de harina de trigo integral, mijo, fideos de trigo sarraceno (Soba). Panes de diferentes harinas.

Legumbres, como: soja y sus derivados, en forma de queso de soja, salsa de soja, miso, siempre no transgénica, porotos aduki, lentejas, diferentes tipos de porotos, garbanzos, zeitan, que es la llamada proteína vegetal y que se elabora con el gluten de trigo (*).

Proteínas animales: ricota orgánica, yogur orgánico, queso de cabra, huevo de campo. Verduras de todo tipo y frutas de todo tipo

Semillas como: nueces, almendras, sésamo, girasol, zapallo, avellanas.

Frutas secas, como ciruelas pasas, uvas pasas, peras, damascos, higos, orejones de durazno.

Algas marinas: Kombu, Hijiki, Wakame, Nori.

Aceites de 1º presión en frío: girasol, oliva, germen de trigo, lino.

Pickles, chucrut

Condimentos: sal marina, tomillo, orégano, cúrcuma, cardamomo, nuez moscada, menta, albahaca, romero, salvia, lavanda…

Tés de hierbas: verde, rojo, bancha, habú, llantén, marcela, salvia, romero, menta, canchalagua, etc.

Uno de los requisitos importantes es que los alimentos puedan en su mayoría ser de origen orgánico, es decir no tratados con químicos, insecticidas, conservadores, resaltadores de sabor, colorantes, fertilizantes, etc.

Que las frutas y verduras sean de la zona de influencia y de la estación en que han de ser consumidos.

También aconsejamos evitar aquellos alimentos que son excitantes del sistema nervioso y bajan el nivel de energía y el sistema inmunológico, como los alimentos industrializados, café, yerba mate, té negro, así como gaseosas, azúcar blanca, leche, crema de leche, manteca, quesos y yogur industrializados, margarina, aceites que no sean de 1º presión en frío, repostería de panaderías, carnes, harinas blancas muy refinadas, empaquetados, enlatados, enfrascados, edulcorantes artificiales, todos los productos diet y light. (2)

Cómo equilibrarnos con la alimentación en primavera

Al estar el sol más cerca de la tierra y al no haber ya tanto frío, necesitamos alimentos que puedan refrescarnos y alivianarnos.

Siendo que el hígado tiende a cargarse con los calores, necesitamos consumir alimentos que lo distiendan, disminuyendo la cantidad de cocidos y proteínas, e ir incorporando más verduras y frutas. Las verduras y frutas cocidas tienen que ir dando lugar a las ensaladas y a las frutas crudas. Es importante bajar la ingesta de horneados, ya que el horno genera un calor más fuerte que el de las hornallas.

Otro hecho importante es que en el invierno, por el frío se tiende a comer más y a veces la medida no la manejamos muy bien, con lo que la sobrecarga hepática y circulatoria puede estar relacionada con el exceso de comida que venimos arrastrando. El hígado se sobrecarga no solo por la calidad de los alimentos, sino también por la cantidad. En la primavera necesitamos, para descargar el hígado y por la presencia de días más cálidos, disminuir la cantidad en la ingesta de alimentos.

Necesitamos disminuir el consumo de nueces, almendras y semillas en general, que son alimentos grasos, propios de ingerir en las épocas de frío, de manera que en este momento se necesita disminuir su consumo. Lo mismo ocurre con los aceites, por lo que conviene condimentar ensaladas con muy poco de éstos y utilizar fundamentalmente, jugos de naranja y limón. También la cantidad de sal tiene que disminuir ya que el exceso de la misma hace más lenta la circulación sanguínea. La sal genera calor en el organismo.

Es importante disminuir el consumo de carbohidratos, como cereales y harinas, por más integrales que sean, así como también de legumbres, que son alimentos que necesitan mucha cocción para elaborarlos, lo mismo que los aceites para cocción y azúcares. Comer frutas en exceso también genera sobrecargas ya que éstas contienen azúcar. Por eso es importante consumir aquellas con menos proporción de ésta.

Alimentos recomendados

Pan de arroz integral, que contienen poca harina y panqueques de harina integral o pan de sartén. (*)

Arroz integral (para procesos alérgicos y movilidad intestinal), cebada perlada, en forma de risotto (para descongestionar el hígado). (*)

Achicoria, radicheta, berro, acuzai o lechuga japonesa, nabo largo que ayuda a eliminar las grasas del cuerpo, lo mismo que los rabanitos, alcauciles( excelentes para beneficiar la función hepática), cardamomo que ayuda a los procesos digestivos y que se puede utilizar como condimento de verduras cocidas. Ensaladas que contengan hojas verdes amargas, mezcladas con kiwi, naranja, mandarina.

Manzanas verdes, membrillo en forma de jalea, limón en forma de jugo, ya sea solo o bien con agua, jengibre y miel.

El limón es un aliado del hígado, solo que si hay constipación conviene evitarlo. La jalea de membrillo beneficia la función hepática, lo mismo que los damascos frescos.

Sopas de zapallo, nabo y cebolla, con jengibre (activa la circulación y desinflama la función hepática), para dar posibilidad de mover los líquidos internos del cuerpo y activar la circulación. (*)

Jugo de zanahoria, manzana verde y jengibre ó de zanahoria, remolacha, apio y pera, como acompañamientos o bien entre comidas.

Tés de diente de león, canchalagua, carqueja, cardo mariano, cáscara de naranja amarga, cáscara de limón, todos estos reforzadores de la función hepática, semillas de habú (digestivo, activador circulatorio y movilizador intestinal). Té de menta para dolores de cabeza.

Evitar o moderar

  • Azúcares
  • Alimentos muy cocidos
  • Guisos
  • Frituras
  • Aceites
  • Quesos en exceso
  • Huevos en exceso
  • Cereales integrales en exceso
  • Harinas y horneados en exceso
  • Frutas que no sean de estación
  • Maíz, trigo, frutillas, miel,
  • Lácteos, todos estos alergénicos.
  • Evitar comer en exceso.

Cómo equilibrarnos con actividades y tratamientos en primavera

La primavera nos invita a estar en contacto con el aire libre. Necesitamos del color verde para sosegar nuestro espíritu. Observar de cerca la naturaleza en su proceso de creación, de fertilidad y florecimiento, permite imbuirnos de la energía que hay en el ambiente, para incorporarla.

Tenemos que desarrollar una actividad física cotidiana para poder movilizar la circulación sanguínea y ayudar al intestino a funcionar asiduamente. El movimiento ayuda también permitiendo que las descargas se produzcan.

Las aplicaciones de arcilla fría en la zona del hígado ayudan a equilibrarlo y a desinflamar. También las aplicaciones de arcilla en todo el cuerpo,

energizan y levantan el sistema inmunológico, permitiendo contrarrestar las alergias.

Para los dolores de cabeza que suelen aparecer en ésta época del año, son ideales las frotaciones en piernas y brazos con un cepillo seco o bien con esponja vegetal.

Sentarse cerca de un árbol, escuchando el sonido de sus hojas, el canto de los pájaros cercanos, contemplar el colorido de las flores, caminar, o ir en bicicleta, son actividades que tranquilizan el espíritu y dan energía. La meditación como forma de comprensión de nuestros estados emocionales ayudará a comprender los exabruptos e irritabilidad. (3)

El Verano

En esta época del año, el sol está más cerca de la tierra que en ningún otro momento, los días son largos, el calor es fuerte, en la Naturaleza todo está en su apogeo, en su posibilidad de máximo desarrollo y crecimiento. Las frutas maduran, las verduras crecen, el sol calienta y la necesidad de agua es imperiosa. Algunos árboles ya dejaron sus flores de primavera y se llenan de hojas y de frutos, las plantas en general alcanzan su máxima altura y se llenan de flores. Los animales duermen al aire libre, juegan, retozan, se relacionan unos con otros, los pájaros cantan aún más fuerte que en la primavera, el agua de mares, ríos y arroyos, nos invita a bañarnos por su temperatura más cálida.

La abundancia es lo que nos rodea; los árboles nos dan duraznos, ciruelos, damascos, cerezas, de la tierra salen sandías, melones, frutillas; los huertos prosperan y nos ofrecen infinidad de alimentos, como tomates, zapallitos, zanahorias, lechugas diversas…

El sol aparece muy temprano a la mañana y se va tarde por la noche, las estrellas están más lejanas. El calor pide agua y éste es el elemento más preciado, más necesitado en este momento del año.

Manifestaciones Físicas

La circulación sanguínea se ve afectada por el exceso de calor, está más lenta que en otro momento, con lo que los dolores en piernas son muy comunes, lo mismo que los dolores de cabeza.

El intestino se retrae y el hígado se ve afectado también por el exceso de calor.

El corazón es el órgano al que más cuidados hay que dar, evitando exposiciones prolongadas al sol y el estar afuera en las horas de máximo calor. El corazón es un órgano muy sensible a los extremos de calor y frío. En el verano por la misma contracción que el calor genera, el riñón también se contrae, por lo que es importante consumir mucho líquido, para equilibrar el funcionamiento de éste.

Se cree comúnmente que el cuidado del sol es solamente a través de la

piel, sin embargo éste no solo afecta la piel sino también los órganos y especialmente al hígado y al corazón. Las insolaciones son generadas por el exceso de calor y afectan la parte digestiva y circulatoria, de ahí las náuseas, dolores de cabeza y chuchos de frío que genera el llamado golpe de calor. La exposición al sol tendría que ser cuando éste está casi horizontal a nosotros, temprano durante la mañana o bien ya antes del atardecer.

Es necesario hidratarse mucho, bebiendo agua, jugos naturales, tés apropiados para este momento y buscar tomar baños frescos en lugares que no sean de mucha exposición solar. Es importante beber agua hervida o mineral ya que por el calor las aguas corrientes pueden contener o bien mucho cloro o bien microorganismos, que proliferan por el calor y que luego generan disturbios intestinales.

Manifestaciones psicológicas

La naturaleza está en su máxima expresión, en su ciclo más alto de maduración, de abundancia, de extroversión, nosotros estamos también en nuestro momento de mayor exteriorización, nos sentimos sensuales, sensitivos, conectados con las sensaciones, perceptivos a la naturaleza en sí.

El calor nos invita a estar con menos ropa, en contacto con el cuerpo, la piel está desnuda y esta mayor conexión con el cuerpo, equilibra las sensaciones de los ciclos de introversión e introspección, del otoño e invierno. El exceso de pensamiento que se dio en los momentos más fríos, da lugar ahora, lo cual permite equilibrarnos, ya que baja toda la energía mental acumulada.

Hay vida social, comunicación con los otros, necesidad de compartir.

El verano es un momento de gran energía circundante. Esa energía que hay en el ambiente, se hace propia.

Hay un punto en donde tenemos que ver hasta donde esa energía que existe afuera de uno mismo, es la que necesitamos para equilibrar y hasta donde, esta energía no sea  excesiva, que termine desequilibrándonos.

El invierno nos muestra la falta de energía y el verano el exceso. Si no la sabemos graduar, ese exceso puede significar estados de ansiedad, euforia, excitabilidad.

Al ser los días más largos se duerme menos, con lo que muchas personas agudizan sus síntomas de insomnio y esto les genera irritabilidad, mal humor, ya que no se descansa lo suficiente. De ahí la importancia del descanso para apaciguar, para apagar tanto fuego que hay en el ambiente y en uno mismo. El fuego, representado en este caso por la presencia tan continua del sol, excita y da exceso de energía. El descanso reparador a la sombra de un árbol, en una hamaca paraguaya o en un cuarto fresco, se hacen indispensables para apaciguar el ánimo.

La Alimentación

Dijimos que el fuego es el elemento predominante en el verano, debido al calor y al efecto que la presencia del sol, tan cercano a la tierra genera en uno. La alimentación para ayudar a equilibrarnos, tiene que carecer de este elemento ya que tenemos de por sí mucho de él.

Los alimentos deben ser en su mayoría crudos y prescindir de cocciones muy prolongadas, la abundancia de frutas y sobretodo aquellas que contienen mucha agua se hacen necesarias, tales como sandía, duraznos, melones, uvas, ciruelas…

Debemos prescindir de alimentos densos, tales como quesos y huevos, consumirlos con moderación, lo mismo que la sal y salsa de soja. La alimentación tiene que basarse en la posibilidad de refrescar, es necesario consumir mucho líquido y evitar alimentos que contraigan, como limón, frutas secas, semillas que contengan mucho aceite y aquellos alimentos que precisan mucha elaboración y cocción. Los platos principales serán las ensaladas y las formas de cocción, que deben ser livianas, han de llevar poco o nada de aceite, tratando que sean al vapor o escaldadas.

Consumir

Frutas de estación tales como duraznos, ciruelas, sandía, melón, uvas, frambuesas, peras, cerezas.

Verduras de hojas verdes que ayuden a movilizar el intestino y que tengan algunas de ellas gusto amargo que beneficia la función del corazón.

Maíz en todas sus formas, ya sea como choclo o preparaciones tales como humita (*), ya que el maíz beneficia la función circulatoria. Ensaladas que contengan verduras de hoja, raíces, como zanahoria y nabo, frutas y hojitas de romero para ayudar a la parte circulatoria, condimentadas con jugo de naranja y poca sal.

Ensalada Tabbuleh de trigo burgol, de quínoa (*), de arroz integral, con muchas verduras crudas y cocidas (*), ensaladas de vez en cuando de 

lentejas y porotos aduki y ensaladas que contengan huevo y queso ricotta algunas veces, siempre mezcladas con frutas y hojas verdes. Helados de frutas elaborados por uno mismo, con yogur orgánico, en lugar de crema de leche. (*)

Jugos de naranja con zanahoria y jengibre; de remolacha, con durazno y zanahoria; de sandía.

Tés de canchalagua, ortiga, melilotus, habú crudo, centella asiática, ginko biloba y para la tarde y noche: menta, lavanda, anís verde, cedrón, toronjil, ruda. Para riñones contraídos beber: Té de habú crudo (1cucharada sopera), con porotos aduki (1 cucharada sopera)  y un puñado de cola de caballo, colocar en un recipiente con 1 litro de agua, hervir durante 10 minutos y beber durante el día.

Evitar o Moderar

  • Alimentos muy cocidos,
  • Frutas secas
  • Exceso de semillas
  • Aceites, lácteos y huevos
  • Guisos
  • Frituras
  • Sal y salsa de soja
  • Exceso de pan y horneados
  • Exceso de comida.

Actividades y tratamientos

El verano nos invita a conectarnos con el agua y es el elemento que más necesitamos, por lo tanto todas las actividades deberían tender hacia su encuentro.

El contacto con el agua de mar, ríos, arroyos, piscinas, nos nutre con sus minerales que entran en nuestro organismo, a través de la piel, al igual que si entraran por nuestra boca. El agua nos aporta minerales, apaga el fuego existente dentro de nuestro ser y nos equilibra. Incluso si no tenemos forma de tomar baños, la ducha actúa no solo refrescando sino equilibrando el sistema circulatorio y nervioso.

Realizar caminatas tranquilas, por lugares sombríos, temprano por la mañana, o ya cuando el sol se ha ocultado en las tardes. No realizar actividad física exigida para no generar una sobrecarga al corazón. Dormir siestas para descansar lo suficiente ya que de noche se duerme menos, uno se acuesta más tarde que en otros momentos y se despierta más temprano, apenas aclara.

Para los problemas de intestino lento, es ideal realizar abdominales diariamente; para las piernas doloridas por la falta de circulación es ideal frotaciones antes de dormir con aceite de árnica y también de hamamelis.

Para regular el funcionamiento del corazón, y lograr un buen ritmo cardíaco, hacer  ejercicios respiratorios diariamente.

Una buena práctica para el verano es el ayuno, lo cual permite una descarga del organismo y de la parte psicológica. Cuando se ayuna el organismo descansa y la mente se alivia y sensibiliza, adquiriendo fortaleza para la comprensión de los estados emocionales.

Para practicar un ayuno conviene empezar 2 días antes, cuidando de ingerir una alimentación suave, sin proteínas y sin demasiadas harinas, consistente en verduras, frutas y arroz integral. El día del ayuno se ingiere solamente líquidos: Té verde, o té rojo o té bancha, que aportan minerales y energía al organismo, jugo de compota de manzanas y peras y caldo de verduras salado, hecho por uno mismo.

Luego al día siguiente del ayuno se sale de él en la misma forma en que se entró, con alimentos sólidos como verduras, frutas y arroz integral, hasta ir normalizando la ingesta. El ayuno en verano permite alivianar la mente y el cuerpo, es más sencillo que llevarlo a cabo en invierno en que se come más.

El Otoño

En el otoño los días comienzan a acortarse, son más frescos, el sol se va alejando de la tierra, el calor va menguando. Las hojas de los árboles cambian su verde del verano, dando lugar a los ocres, lacres, amarillos, que son los colores predominantes.

En el otoño se cosecha lo que ha madurado en el verano. Es el momento de las manzanas, las peras, los zapallos, las castañas, las paltas. La Naturaleza comienza su ciclo de introversión. Las hormigas que estaban en su apogeo de trabajo, en primavera y verano buscando comida para resguardarse de los fríos, comienzan ahora  a estar más tiempo en sus nidos, lo mismo sucede con todos los animales, que buscan alimento para resguardarse de los fríos intensos por llegar.

Toda la naturaleza se va acomodando para meterse hacia adentro en un tiempo de quietud. Los suelos son colchones de hojas crujientes y la tierra se abona, para almacenar energía para el invierno en que nada crece. Los seres humanos también necesitamos almacenar energía en el otoño para estar fuertes en el invierno, momento en el cual hay poca energía en el ambiente.

 

Manifestaciones psicológicas

Así como el verano es el momento de la maduración, el otoño es el de la cosecha, de todo lo madurado. En el plano personal podemos decir que comienzan a verse los frutos de los proyectos personales. Es muy común que el año comience para todos luego del verano. Comienzan los estudios, las escuelas, los cursos, se comienzan a concretar los nuevos proyectos.

También, suele ocurrir que surja en uno, un estado de melancolía, una cierta tristeza que comienza a hacerse presente.

El verano con sus características generó estados de expansión anímica, el estar afuera, el mayor contacto con la naturaleza, el calor mismo nos llevó a evadirnos de nuestras emociones profundas.

Al cambiar el clima, al estar menos expuestos al sol, al agua, al calor, se hace visible lo que estaba adentro, temores, preocupaciones, inseguridades, que siempre estuvieron, solo que en medio de la euforia del verano no dimos lugar a que se exterioricen.

El otoño invita a conectarse con lo que hay adentro de uno. Los colores mismos de esta estación generan esa cuota de nostalgia, que es importante vivenciar y dejar salir, como cualquier otra emoción.

Estas sensaciones pueden llegar a afectar a nuestro organismo, y si son intensas y no las dejamos salir naturalmente, sino que luchamos frente a ellas, afectan aún más.

Manifestaciones físicas

En el otoño las plantas y árboles dejan caer sus hojas, nosotros también sacamos afuera, aquello que nos sobra, que necesitamos eliminar. Es un momento de descarga, salen los excesos del verano, exceso de líquido, de azúcares, de alimentos fríos, de frutas, de excitabilidad.

Es muy común que el pulmón comience a manifestarse a partir de congestiones en el mismo, en forma de resfríos o gripes. También el intestino comienza a aflojarse, existiendo la posibilidad de diarreas o de una material fecal sin forma. El estómago se hace sentir y suelen aparecer cólicos. Estas manifestaciones físicas tienen que ver con la descarga que en el otoño se vive y también con el hecho de que empieza a haber menos energía en general, no es un momento de crecimiento, sino de aproximación a la quietud. Los órganos se sobrecargan, se congestionan con mucus y ácidos grasos generados por el consumo excesivo de alimentos congestionantes, como carnes, derivados animales, químicos, harinas, azúcares, etc. También se sobrecargan por las preocupaciones, miedos, angustias.

El estómago, el bazo y el páncreas están ubicados en la parte central de nuestro organismo, en la zona en donde sentimos las emociones relacionadas con el miedo y la angustia, en el llamado plexo solar. Dado que en el otoño aparecen con más intensidad estos sentimientos, estos órganos reciben la sensación emocional antedicha y pueden llegar a bloquear su energía, generando inflamaciones y cólicos.

Las manifestaciones en bronquios, pulmón e intestino tienen que ver con la falta de energía que comienza a haber en la Naturaleza en general, son órganos blandos, húmedos, expandidos, que necesitan del calor, la sequedad, la energía, el sol, el fuego, para equilibrarse, por lo tanto al comenzar los cambios de temperatura, al haber más frío, menos sol, menos exposición a los elementos naturales, menos energía en general, se desequilibran. Más aún esto ocurre si existieron excesos durante el verano, cosa que en general nos sucede. El otoño es un momento en el cual estos órganos necesitan descargarse, sacar afuera, por lo que se desequilibran para luego volver a equilibrarse. Este concepto es interesante de entender.

El desequilibrio de los órganos o de nuestra condición en general, es una buena oportunidad que nos da la vida, la Naturaleza, para entender cómo equilibrarnos y ver que hay algo que tiene que cambiar.

Las manifestaciones físicas y psicológicas ocurren: ya sea por descargas que son necesarias saber acompañar, o bien por el hecho de estar en un momento de baja energía, de poca potencia. Una situación no excluye a la otra, pero sea cual fuere, la comprensión de la causa, junto con ciertos cuidados, permitirán volver al equilibrio.

 

La Alimentación

Ya en el otoño, el cuerpo comienza a pedir calor, necesitamos de alimentos que estén más elaborados, alimentos cocidos.

El frío se contrarresta con el calor, por lo tanto es necesario aumentar la presencia del fuego. Al haber menos energía en el ambiente necesitamos tomarla de alimentos que den potencia, vigor, alimentos densos, como grasas de origen animal y vegetal, nueces, almendras, semillas de sésamo, cereales integrales y legumbres, en forma de risottos, guisos, sopas de 

verduras con cereales integrales, aceites de 1º presión en frío, verduras que beneficien la función del pulmón, como cebolla, puerro, cebollita de verdeo, ajo, ají y que beneficien también la función del estómago como zapallo, zanahoria.

Tenemos que disminuir el consumo de alimentos azucarados, frutas, ensaladas y reemplazar por los alimentos mencionados anteriormente. Tenemos que buscar formas de cocción que lleven un poco más de aceite, como rehogados y preparaciones hechas en el wok.

Consumir

Mijo, que beneficia la función del estómago y páncreas y que cocinado con porotos aduki, potencia su función terapéutica. (*). El mijo contiene hierro y da vigor al organismo en general.

Guisos de quínoa y amaranto, polenta de maíz que da calor al organismo. Arroz integral bien cocido en caso de problemas bronquiales con cebollita de verdeo y zanahorias rehogadas con cebolla. Preparaciones hechas con zapallo, batata y castañas (*), que son propias de la época.

Pasta de manzanas (*) para incorporar al desayuno, pan de arroz, que lleva poca harina y a su vez genera satisfacción, evitando así el consumo de harinas, ya que éstas aumentan la mucosidad.

Nueces, almendras, semillas de zapallo, de girasol, incorporadas en el desayuno o en las verduras durante el almuerzo.

Ricotta casera, yogur orgánico con cereales en el desayuno, como quínoa, avena, amaranto. Huevo de campo orgánico preparado en la cocción de verduras, con zapallitos o arvejas. (*)

Guisos de lentejas, paté de garbanzos con cebollita de verdeo, que beneficia la función del pulmón (*), queso de soja en diferentes preparaciones (*)

Té de marcela (estómago), de llantén (bronquios y garganta), de marrubio (estómago), matico (estómago), habú tostado con marcela (para contraer el intestino).

Evitar o Moderar

  • Azúcar
  • Frutas muy azucaradas
  • Exceso de crudos
  • Arroz integral y trigo si hay flojedad intestinal
  • Frutas y verduras crudas si hay flojedad intestinal y cólicos estomacales
  • Proteínas animales si hay cólicos estomacales y problemas bronquiales
  • Alimentos que enfríen

 

Actividades y tratamientos

El hecho que los días sean más cortos y haya menos energía en general, nos impulsa a realizar mayor actividad física, justamente para encontrar esa energía faltante.

Uno transcurre más tiempo adentro de la casa, con lo cual se tiende a leer, por lo que vale buscar aquellas lecturas que puedan nutrir el espíritu, lo mismo que el escuchar melodías que sensibilicen.

Una actividad muy placentera a realizar es la de armar mandalas (formas concéntricas, que pueden ser dibujadas o armadas con elementos diferentes).

Con las flores secas que se recopilaron del verano, quedan muy bien. Cuando se arman los floreros que adornan la casa, no tirar las flores secas, sino juntar sus pétalos, luego se puede armar con ellos platos de mimbre decorados en forma de mandalas, con todo el colorido que quedó del verano e incorporar las hojas ocres y lacres del otoño. Esta es una actividad que alegra el espíritu, que permite desarrollar la creatividad y tener el colorido de las flores; aunque estemos en otoño y estén secas igual tiene su belleza.

La actividad física tiene que tender a fortalecer los bronquios y el estómago, para eso es importante hacer ejercicios que permitan abrir el pecho, para liberarlo y también torsiones de la columna para flexibilizar la zona del estómago y riñones.

Es importante hacerse frotaciones con toalla húmeda embebida en jengibre fresco, para lo cual en un recipiente, ú olla grande o fuentón, se agrega agua bien caliente y jengibre fresco rayado, se coloca una toalla adentro y se frota con ella los brazos y piernas, mientras los pies están sumergidos dentro del fuentón. Este tratamiento es muy bueno para aliviar y abrir el pecho cargado de mucosidad.

Para aliviar los problemas de estómago es importante realizar ejercicios respiratorios diariamente, llevando el aire a la zona del estómago, tratando de abrir el diafragma. También es bueno estar boca a arriba, con las piernas en la pared en ángulo recto, tratando que la zona de riñones quede bien apoyada en el piso y  respirar llevando el aire a la zona posterior del estómago. Las aplicaciones de arcilla en piernas, ayudan también a descargar las acumulaciones de pulmón y estómago.

El otoño nos conecta con la nostalgia y la melancolía, no tratemos de cambiar este estado, vivámoslo plenamente, con aceptación. Los estados que aparecen, son parte de nosotros, como las piernas, los brazos. No podemos amputarnos las partes de nuestro cuerpo cuando nos molestan, tampoco no podemos sacarnos los estados psicológicos que tenemos o sentimos, somos eso. Se trata de aprender a convivir con nuestros estados naturalmente, si eso ocurre, tal vez un día se pueda trascender aquellos que limitan nuestro diario vivir.

El Invierno

En esta estación, el ciclo de la Naturaleza en su fase de introversión, llega a su máxima expresión. Todo está quieto, no hay crecimiento, la energía externa es casi nula, todo está hacia adentro.

El frío suele ser intenso, el sol es en el momento en que más alejado se encuentra de la tierra, los días son cortos y las noches largas.

Las plantas y los árboles almacenan humedad, no hace falta tanto riego, porque la falta de sol no seca la tierra. Los animales, permanecen más tiempo en sus nidos, algunos pájaros buscan salir los días de sol y nos permiten escuchar sus cantos. Los árboles están sin hojas, pelados, las plantas algunas se han secado, pero sus raíces permanecen verdes, esperando la cercanía del sol y el aumento de temperatura, de la próxima estación, para crecer. El color predominante es el gris y marrón, el amarillo claro, el color crema. Los pastos se han secado por la presencia del hielo en las mañanas bien frías. Las hojas permanecen en los suelos, se van desintegrando, permitiendo abonar la tierra y darle fuerza para que crezca lo sembrado en el próximo período de crecimiento. Es en el momento en que menos energía hay en el ambiente.

 

Manifestaciones psicológicas

Así como en la Naturaleza todo permanece quieto, silencioso, casi inmóvil y hacia adentro, nosotros, los humanos durante el invierno estamos también introspectivos, con necesidad de estar hacia adentro, en contacto con nuestro interior. Esta circunstancia puede ser aprovechada, para darnos cuenta de nuestros sentimientos más profundos y poder reflexionar sobre ellos, meditando y comprendiendo.

La falta de energía reinante puede también desenergetizarnos extremadamente, con lo que surgen temores y tristezas muy profundas anidadas en uno.

La falta de actividad física, una alimentación desequilibrada, carente de nutrientes necesarios, sumada a la falta de energía externa, a la falta de exposición a los elementos de la naturaleza, como agua, sol, aire puro,

quita vigor. Cuando no están los nutrientes necesarios y se carece de tono y fuerza vital, el sistema nervioso también se debilita y pueden surgir en uno sentimientos fuertes de temor e inseguridad.

El exceso de pensamiento, que es propio que ocurra con  intensidad en el invierno, ya que se está quieto y hacia adentro, genera falta de energía. El incesante parloteo mental agota todas nuestras funciones corporales. Cuando se piensa demasiado, uno se enferma, porque se desvitaliza. Es sabido que cualquier tipo de enfermedad aguda ocurre luego de un período en que se pensó mucho. Para equilibrar esto, es necesario bajar al cuerpo, conectarse con él, a través de sensibilizarlo y fortalecerlo, ser conscientes que somos cuerpo, cosa que, comúnmente, cuando hay exceso de pensamiento, no se tiene conciencia de ello.

Manifestaciones físicas

Así como la naturaleza nos muestra que las plantas, mantienen su humedad, debido a la falta de sol y al frío, nosotros también almacenamos agua en nuestro organismo durante el invierno. Esta cantidad de agua que poseemos de más, en relación a otras estaciones, es la que puede llegar a generar algunos disturbios en diferentes órganos y funciones corporales. El riñón se ve afectado por la cantidad de agua con lo que puede llegar a funcionar, tal vez más expandido, lo mismo sucede con el corazón, el pulmón y los órganos sexuales.

Puede haber dificultades circulatorias, ya que la sangre circula más

rápidamente, por lo que las personas que sufren problemas de hipertensión necesitan mayor cuidado. Las personas que sufren problemas circulatorios pueden llegar a tener sabañones, en manos, pies y orejas.

Las infecciones se presentan en momentos de falta de potencia y exceso de humedad en el organismo, con lo que pueden aparecer infecciones en vejiga, pulmones, hongos en diferentes partes del cuerpo, así como en los genitales. El sistema inmunológico puede debilitarse si no se acompaña la falta de energía externa, tratando de equilibrarla.

La Alimentación

En lo que a la alimentación se refiere, es importante tratar de equilibrar la falta de energía externa con la que los alimentos pueden aportarnos.

El agua y el frío se equilibran con el fuego y el calor. Necesitamos consumir alimentos que den calor, elaborados con tiempo de cocción, y a su vez con un aporte mayor de grasas animales y vegetales. Las preparaciones tienen que tener un poco más de sal, aceite y usar salsa de soja orgánica, que aporta minerales y da potencia al organismo. 

Aumentar el consumo de nueces, almendras y semillas de girasol.

Es importante consumir cereales integrales, en sopas o cocinados con verduras y un poco de aceite. Es importante también disminuir el consumo de todo aquello que enfríe y no genere calor, tales como exceso de frutas, verduras crudas y bebidas frías. Las sopas calientes son un buen alimento para ayudar a mover los líquidos internos y dar calor al organismo.

Consumir

Maíz en forma de polenta o locro, risottos de arroz, cebada, trigo sarraceno, avena en el desayuno cocida o en sopas (*). La avena y el maíz seco en grano o en forma de harina son cereales que contiene  más grasa que el resto, por eso es ideal consumirlos en esta época, ya que dan calor.

Guisos de lenteja, poroto aduki y poroto negro, éste último ideal para problemas en órganos sexuales, como quistes y fibromas, el caldo de la cocción del mismo es beneficioso en este sentido. El caldo de la cocción del poroto aduki beneficia la función renal, ayudando a contraer riñones dilatados.

Arroz integral con verduras cocidas como bardanas y zanahoria, que ayudan en caso de resfríos y gripes fuertes o bien zanahorias cocidas con nabo y cebollita de verdeo. Sopa de verduras con miso y jengibre. El miso es un derivado de la soja que aporta energía, es especial consumirlo en procesos infecciosos, ya que ayuda a eliminar toxinas del cuerpo, también para regularizar la función intestinal en caso de intestinos flojos y para dar potencia al organismo (*). Hongos shiitake, en forma de salsa (*), ayudan a levantar el sistema inmunológico. Las semillas de zapallo son un aporte de zinc que benefician al sistema nervioso en caso de depresión y también levantan el sistema inmune. El germen de trigo actúa aportando Vit.E que da potencia a la condición psicofísica en general, lo mismo que las semillas de girasol y el aceite de germen de trigo.

El aceite de oliva, de 1º presión en frío regula la función circulatoria. El consumo de verduras raíces como zanahoria, bardana, nabo largo, rabanito, dan fortaleza al organismo y a la mente. Los cítricos, como pomelo, naranja y limón, aportan Vit. C, lo mismo que las verduras de hoja. Consumidas juntas, potencian la incorporación de hierro y Vit.C.

Las semillas de pomelo, son antibióticos naturales, lo mismo que la miel, consumidos juntos, levantan las defensas de organismo.

La quínoa y el amaranto contienen mucha Vit. B, que regula el funcionamiento del sistema nervioso, se pueden consumir en sopas o guisos.

Té verde, té rojo, te bancha (aportan minerales y energía), té de regaliz, levanta el sistema inmune y es eficaz en caso de disturbios originados por la baja del sistema inmune. Té de semillas de habú para bajar y regular la presión sanguínea. Té de jengibre para problemas de infecciones y gripes. Caldo de poroto aduki para infecciones de vejiga. Consumo de algas para aportar minerales al organismo (Kombu, Wakame, Nori). Té de olivo en caso de hipertensión, té de hipérico en caso de depresión.

 

Evitar o Moderar

  • Alimentos que enfríen, como helados y bebidas frías.
  • Hojas verdes que tienden a expandir.
  • Azúcares, harinas, lácteos, alcohol, carnes en el caso de hongos.
  • Grasas animales y exceso de sal y aceites vegetales en el caso de hipertensión.

Actividades y tratamientos

La falta de energía externa tenemos que contrarrestarla tratando de encontrar la energía en el sol, la actividad física, el movimiento, los ejercicios respiratorios y la activación circulatoria a partir de frotaciones y automasajes.

La temperatura existente nos permite realizar caminatas largas y movimiento más exigente. Necesitamos darnos potencia, por lo que tenemos que buscar la presencia del sol y estar bajo sus influjos, por lo menos 15 minutos diariamente. Si bien el exceso de sol es perjudicial, en determinadas horas debido, además a la destrucción de la capa de ozono, la falta de él también genera dificultades. El sol aporta Vit. D, que fija el calcio y da energía, en invierno necesitamos recibir sus bondades.

Para disturbios en órganos sexuales, tales como hongos, son buenos los baños de asiento con malva y manzanilla.

Durante el invierno los huesos y músculos se tensan, por lo que la práctica de yoga cotidianamente ayuda a flexibilizar la espalda. Sacro, lumbares, dorsales y cervicales se benefician con la movilización de cada vértebra a partir de una práctica cotidiana de posturas que ayuden a distender.

El agua caliente actúa relajando la musculatura, los huesos y el sistema nervioso. Son muy buenos los baños de inmersión. Se pueden utilizar pétalos de rosas, que ayudan a relajar, también aceites esenciales de lavanda, o de melisa o bergamota. Las algas incorporadas al agua, lo mismo que el polvo de cuarzo, en los baños de inmersión actúan ayudando a absorber la carga electrostática y electromagnética.

El agua y los elementos mencionados actúan en general ayudando a limpiarnos de tanta carga de computadoras, teléfonos móviles y televisores.

Para los sabañones son ideales los automasajes con aceite de árnica.

Estar cerca del fuego tiene una magia especial, observarlo a través de los leños prendidos de un hogar, ayuda a parar la mente. Cuando la mente para y los pensamientos se aquietan se genera un quantum de energía que no solo da vigor al sistema nervioso, sino al organismo en general.

La apatía, la depresión no tienen porque ser estados permanentes, pueden modificarse a partir de saber convivir con ellos, buscando formas de equilibrarse, tratando de comprender el valor que se le da a la vida, a los seres queridos, a uno mismo. Se trata de ver el autocentramiento en el que se está inmerso. Si uno ve ese hecho sin rechazarlo o negarlo, sino que es veraz frente a esa realidad, pierde menos energía de la ya poca que se tiene y puede tomar una punta del ovillo para generar el cambio, ya sea a través de una alimentación que equilibre, de una actividad física que de vigor, de acercarse a la tierra, al agua, al sol, de poder estar en silencio, sin pensar, conectado solamente con las sensaciones. El acercamiento a la Naturaleza actúa positivamente en este sentido, poner las manos en la tierra, haciendo jardinería, sacando yuyos  y plantando, todo esto ayuda a parar el pensamiento. Por cualquiera de esos lados uno puede comenzar a hacer algo por si mismo.

Objetivo final

Lo bueno de vivir cada estación es el dejarse llevar por lo que ella genera en uno. Observando la Naturaleza, se expresan en nosotros sensaciones físicas y psicológicas que podemos aprender a aceptar sin temores, viviéndolas, tratando de equilibrarlas, a partir de la comprensión y de la posibilidad que la Naturaleza tiene, de autorregularnos. Esta observación atenta y sensitiva nos permite ver los tiempos que en la Naturaleza se manifiestan, dándonos la posibilidad de ver nuestra ansiedad, apuros, desconfianza, urgencias. Si esto se va comprendiendo, se pueden llegar a prevenir dificultades físicas y psicológicas y vivir en armonía con lo existente.


  • (*) Ver receta en el libro: “Aprendiendo a cuidar el cuerpo-mente” 200 recetas del Spa Las Dalias. Editorial Kier
  • (1) Ver capítulo “Las Alergias” en el libro: “Aprendiendo a cuidar el cuerpo-mente”
  • (2) Ver capítulo”El Efecto de los Estimulantes” en el libro: “Aprendiendo a escuchar el cuerpo-mente”
  • (3) Ver capítulo”La Meditación” en el libro: “Aprendiendo a cuidar el cuerpo-mente”

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