Atrapado Por Las Obligaciones

Atrapado Por Las Obligaciones

Muchas personas sienten que no pueden o no saben manejar las obligaciones, las responsabilidades y las demandas de la tarea que se realiza o la de los vínculos con otras personas.

Se sienten atrapados en una vorágine frenética, competitiva, y de sobre-exigencia, donde toda o gran parte de la atención, el tiempo y energía de las que se dispone, están al servicio del trabajo y la familia.

Las personas sienten que no queda espacio para otras cosas, al final de la jornada ya no hay energía para hacer aquello que tanto se anhela y necesita, como por ejemplo hacer actividades físicas o actividades expresivas, desarrollar ciertas cualidades artísticas, tiempo para los vínculos, tiempo para un ocio creativo, tiempo para cocinarse aquellas comidas que  hacen bien, tiempo para contemplar y estar en silencio.

No queda tiempo disponible. Todo el tiempo es una carrera en pos de objetivos, de metas a alcanzar, y cuando se llega a una meta, surge inmediatamente otra nueva meta, y así es siempre la vida, corriendo en pos de algo.

Hoy la excelencia, la perfección, la eficiencia son atributos que la sociedad valora en demasía, y por consiguiente le restan tiempo a la persona, al exigirse ésta realizar sus tareas con una sobrevaloración por la tarea misma y por la forma en que se la lleva a cabo.

La responsabilidad a veces es vivida dualmente, por un lado la persona se puede sentir orgullosa o conforme por ser “muy responsable” y por otro lado la asaltan deseos de ser irresponsable, vaga, indolente, con ganas de abandonarse.

Es interesante investigar ¿Qué es la responsabilidad?

¿Es que ésta es una gran aplicación a la tarea, atendiendo todas las demandas que emanan de ella, sin importar el tiempo que esto implique y por consiguiente se desatienden muchos otros aspectos básicos que hacen a la vida?

¿O, la responsabilidad  es atender en forma equilibrada, armónica, pareja, todo aquello que hace a la persona, al prójimo y a la vida toda?

De ser la responsabilidad entendida como una atención desmedida por la tarea, sería irresponsabilidad al dejar al sujeto en un segundo lugar, que supuestamente sería lo único importante y trascendente, no así la tarea.

La vida se la vive con esfuerzo porque hay una lucha entre: las insinuaciones e impulsos de nuestras sensaciones, sentimientos, pensamientos, que incitan por gestar un cambio de vida y por el otro lado: los condicionamientos sociales y familiares, el hábito, la costumbre, la mecanicidad, los miedos, la búsqueda de seguridad, que nos llevan a hacer lo de siempre, a perpetuarnos en lo mismo, a lo sumo con pequeños cambios.

Uno se siente perdido, a veces ya sin saber quién se es, o lo que se desearía desarrollar, confundido en la rutina y demandas de lo cotidiano, perdido entre tantas obligaciones.

Se vive en forma mecánica, perdiendo la alegría del vivir porque sí, la naturalidad de lo espontáneo, la creatividad frente a lo nuevo.

Al vivir de esta forma hay una sensación de ahogo, de impotencia, de futilidad, de vacío, de frustración, de monotonía, por no dar alas a la libertad, al poder y creatividad natural que hay en cada persona.

Esto lleva a la búsqueda del placer, a descargar tanta presión, a llenar vacíos; lo cual la mayoría de las veces nos retrotrae a la situación inicial: más vacío, más impotencia, más frustración y por ende más mecanicidad, más agobio.

 

Todo termina siendo un círculo vicioso, se vive preso de las causas y los efectos.

Parece que no vemos que la vida al vivirla en forma mecánica, en forma de acción y reacción, con objetivos y metas pre-establecidas, producto de nuestro particular condicionamiento, es una vida que nos llenará de agobio, puesto que en última instancia no hay ningún lugar donde ir, ni nada por lograr, más que el estar en paz con uno mismo,.

La vida tiene un sentido justamente cuando no se le busca el sentido, cuando se vive y se hace cada pequeña acción con amor, con la atención puesta en cada pequeño aspecto de la vida y estando en el presente. Desde ese lugar, irán surgiendo nuevos caminos en forma natural, sin que uno se hubiera propuesto ir en esa dirección.

Esto nos inunda de una alegría sin un motivo en particular, alegría porque si.

Otra característica del hombre es sentir que la demanda y responsabilidad de las exigencias, obligaciones, viene por parte de otros, que es el medio, la sociedad, la tarea, el jefe, la empresa, la familia, el sistema capitalista, que son los que promueven y gestan que se viva estresado.

Hay pánico a parar, a bajar del barco por más que sentimos que si seguimos como venimos viviendo terminamos en la demencia o en la auto-destrucción.

Hoy a través de los medios de comunicación masivos se nos estimula a una vida hedonista, a satisfacer todos los sentidos, sin medida; a tener todo lo que deseemos, sin límites.

Para lo cual hay que trabajar, trabajar y trabajar; competir, esforzarse, superarse, exigirse.

El resultado es una profunda sensación de vacío existencial, de agotamiento, de deshumanización, de desequilibrios en todos los órdenes que hacen al ser humano y al planeta.

Hoy los cambios climáticos son ya una realidad irrefutable, y las consecuencias para el y para la económica son materia de análisis gubernamentales.

Habría que preguntarse de seguir este frenesí productivo si no puede acabar con la vida del hombre en la tierra.

Se torna imposible el detenerse, parar, meditar, ver, observar, percibir con sutilezas y sin reaccionar ante lo que nos ocurre.

Hay tanta velocidad, tanto apuro, tanto barullo en la mente, tanto ruido, que no podemos quedarnos un poco quietos, si lo hacemos nos sentimos tontos y perdidos.

Cuando uno se detiene, inmediatamente se busca algo que nos distraiga, algo donde poner la atención.

Cuando no estamos ocupados en la tarea, la atención y ocupación está puesta en algo, en que la mayoría de las veces, genera más barullo y ruido en la mente, pues nuestra atención está puesta en programas televisivos, chateo, navegación por internet, deportes competitivos, sexo por sexo, dialogando sobre lo que nos aqueja con amigos, tomando estimulantes como café, mate, alcohol, tabaco y tantas drogas lícitas e ilícitas.

De manera que nuestras ocupaciones fuera de lo laboral, terminan generando lo mismo de lo que nos queríamos evadir, que es ese ruido, esa presión y agotamiento de la mente.

Se termina aceptando como normal y resignado, el vivir preso y sin libertad, en forma obsesiva, adictiva, compulsiva, frente a las obligaciones, el vivir con esfuerzo, agotando nuestros recursos energéticos.

Las motivaciones

La obsesión por la tarea puede tener que ver entre otras razones, con el hecho que el tener dinero lo consideremos como lo más importante de la vida, aunque esto nos cueste asumir y reconocer.

Justificamos y argumentamos el porqué hacemos lo que hacemos, y no vemos que al dinero lo consideramos como un bien fundamental, cuando no lo es.

Si bien es necesario el dinero para poder llevar adelante una vida digna, muchas veces se lo busca en demasía y con un miedo fuerte por dejar de tenerlo, hay sensación de pánico si por algún momento se lo dejará de poseer.

Si una persona actúa con serenidad, con una mente perceptiva y atenta por todo, con amor por lo que realiza, puede pasar momentos de escasez, pero ellos dejarán una enseñanza y no serán vividos en forma conflictiva.

Por otro lado cuando se realiza con amor la tarea, hay un estado de creatividad, esa actitud frente a la vida genera un orden externo que hará que nunca falte lo esencial.

Otros aspectos que generan actitudes obsesivas frente a la tarea, y que nos resultan difíciles de reconocer en nosotros, son la envidia, la ambición, la avaricia.

En toda persona operan todos los sentimientos que hay en la conciencia humana.

En una persona en particular se pueden presentar algunos sentimientos en forma más fuerte, y otros más débiles, pero algo de cada uno de ellos los tenemos siempre operando, consciente o inconscientemente.

El asumirlos, reconocerlos, ver lo conflictivo de ellos sin pretender cambiarlos, puede ser el camino a que terminen de operar en uno, y por ende liberen a la persona de la presión psicológica que ellos generan frente a la forma de encarar el trabajo.

Tal vez la persona tenga una historia familiar que lo condiciona, padres exigentes o padres permisivos, padres muy ricos o padres pobres, padres sobre-protectores o padres que lo dejaron sin los cuidados básicos, padres que todo lo lograron con esfuerzo, inmigrantes, producto de guerras o padres indolentes, haraganes.

Siempre encontraremos motivos y justificaciones que avalen la forma de vivir actual, y siempre habrá causas que generarán tales efectos y tales efectos que generan nuevas causas. Un eterno círculo vicioso.

El trabajar en forma acelerada y sobre-exigida, el tener muchos compromisos y muchas cosas por hacer, genera vértigo, fuertes emociones, mucha adrenalina.

Todo esto es motivo de gran placer y genera la sensación de tener poder y ser alguien importante.

Parece que los que valen son los muy ocupados, los exitosos y del otro lado están los marginados y fracasados. Da terror entrar en esa categoría, por eso cuanta más acción, mejor uno cree sentirse.

Por más que luego uno se sienta mal, no se sabe como resolver esta dicotomía.

Queremos y anhelamos aquello que nos da placer, en este caso serían los logros, producto de dedicar mucho tiempo y energía a la tarea.

Pero rechazamos las consecuencias de ello, no queremos sufrir, ni vernos agotados, ni esclavos, ni vacíos, ni enfermos.

Se torna imposible buscar el éxito, el poder, el reconocimiento, la acumulación de bienes materiales, sin que vengan añadidos los conflictos.

Para ello, tenemos que saber perder, morir, acabar, con aquello que genera el conflicto, a veces en el saber morir a lo conocido damos lugar a lo nuevo.

Es una actitud propia de la persona auto-centrada, infantil y egoica, el buscar ser reconocida, valorada, de tener poder, de tenerlo todo.

La maduración de una persona se da cuando descubre que lo importante y trascendente de la vida es vivirla en forma natural, relajada, descubriendo la belleza y profundidad de las pequeñas cosas, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo, sabiendo convivir con sus propias  realidades y con las externas.

Si uno se detiene un poco, podrá ver que uno de los trasfondos al vivir en forma compulsiva por la tarea y por las obligaciones de todo tipo, es el miedo; miedo a no ser, a no ser valorado, querido, respetado, considerado; miedo a la inseguridad, creyendo que en la medida que se logren los objetivos, socialmente bien vistos, reinará el tan ansiado estado de seguridad.

Se siente miedo a no encontrar o a perder su lugar en el mundo.

Miedo a perder los vínculos que se tienen, a perder el trabajo o la empresa que se tenga, miedo a perder los bienes adquiridos, miedo a que cuestionen los conocimientos que se tengan.

Siempre el miedo en nuestra vida, impregnando todo lo que hacemos, vivimos, pensamos y sentimos.

El miedo limita, coarta la posibilidad de cambio y de descubrir algo nuevo.

El miedo genera violencia; el miedo enferma; el miedo nos encierra y agota, y nos hace vivir a la defensiva.

La vida termina siendo solo trabajo, obligaciones, lucha, esfuerzo, exigencias, miedo a perder lo conseguido, ansiedad, frustración, violencia, angustia, búsqueda de placer, evasiones, placeres momentáneos, conflictos psicológicos, conflictos físicos, conflictos en los vínculos, agotamiento del sistema nervioso y físico, miedo a la enfermedad y al dolor, contradicción entre el pensar, el sentir y el hacer, y la sombra de la muerte agazapada en medio del trajín.

¿Es todo esto así, son estos los procesos por lo que hay que pasar, o hay otra forma de vivir?

Si uno no se plantea ciertos interrogantes, si no se cuestiona el orden constituido, los valores sociales, las formas de funcionar, las creencias, los apegos, las tradiciones, la cultura, las ideas que uno tenga, se vivirá en un estado de confusión, de adormecimiento.

Si no se cuestiona, se están validando procesos, modos de funcionar, de pensar, paradigmas sociales, que tal vez encierren en sí mismos formas traumáticas para el hombre.

De esta forma, se vivirá en la dicotomía entre lo que socialmente está bien visto y lo que uno internamente siente como traumático o incoherente o inhumano.

Cuestionar es inquirir, dudar, no aprobar ni desaprobar; investigar dejando de lado los preconceptos, los prejuicios que tengamos, los paradigmas que imperan en un determinado momento de la historia, los supuestos valores sociales, o sea todo el condicionamiento, habiendo dejado de lado todo ello, recién ahí podremos investigar en nosotros.

Cuestionar desde un no saber, dándonos cuenta que lo que hoy sabemos es lo que nos ha llevado al estado de cosas que hoy suceden.

Por lo tanto dejamos de lado ese saber o lo relativizamos o queda en suspenso por un momento, para dar lugar a lo que “no se”, a lo que hoy no me doy cuenta, a lo que hoy no veo, a lo nuevo.

Lo nuevo surge en nosotros, cuando miramos los hechos presentes, sabiendo que el saber de uno, se sustenta en todo lo vivido, lo experimentado, lo conocido, que es lo viejo y por lo tanto lo apartó por un rato, para que al mirar lo actual no se empañe con lo viejo.

A partir, de darme cuenta vivencialmente que no se, se genera un espacio que puede llevar a ver otras formas nuevas de vivir, de funcionar, que pueden tener que ver con una vida en equilibrio, sana, sin esfuerzo, con creatividad, con amor por la tarea que se hace, libre de las exigencias y de la mecanicidad.

Cuando cuestionamos desde la duda damos lugar a que emerjan las razones de aquello que nos perturba, que nos molesta, tanto de otros como de uno mismo.

Al cuestionar puedo aprender algo diferente, uno se torna vulnerable, es decir se expone a un despliegue del conflicto, se abre a las propias realidades, que son los miedos y el dolor profundo inconsciente, que anida en los recovecos de nuestra mente.

Lo contrario, es cerrarse en lo de siempre, lo habitual, lo conocido, también es defenderse, protegerse, y de esta forma no hay lugar para que surja algo nuevo.

Al uno abrirse, al exponerse, al dar lugar a que se exprese, que se despliegue aquello que se siente, que perturba, podremos comprender y darnos cuenta, qué hay de falso y qué hay de verdadero:

  • en la forma en que uno vive.
  • en la que vive el conjunto de la sociedad.
  • en las creencias que uno tiene y en las que tiene la sociedad.
  • en los valores e ideas que reinan en un determinado momento de la historia.
  • en los que erigimos como autoridades.

Cuántas veces en el transcurso de la historia hemos visto cómo una sola persona se opuso, cuestionó y enfrentó a la sociedad en su conjunto, proponiendo otra forma de ver las cosas.

¿Existe un estado de seguridad o ello es una quimera? ¿En la supuesta seguridad existe seguridad o en la inseguridad reina la seguridad?

Tal vez una razón matriz por la que una persona se sienta atrapada en sus obligaciones, es el miedo a que si deja de hacer lo que hace podría sentirse inseguro.

Esto presupone para la persona, que haciendo lo que viene haciendo, esto lo llevará a un estado utópico de seguridad, que significa para ella, un estado de paz interior, de calma, a partir de tener o lograr lo que se propone y lo que otros esperan de él.

Habría que investigar si la búsqueda de seguridad, a partir de la obtención de vínculos con otras personas, conocimientos, bienes materiales, no encierran siempre, el peligro de dejar de poseerlos, o de generarnos insatisfacción por resultarnos siempre insuficientes.

El vivir con estos peligros, es vivir con un constante estado de inseguridad.

Por lo tanto ¿la búsqueda de seguridad no conlleva el peligro de no alcanzarla y por ende es un estado de inseguridad?

Por el contrario, aquel que aprende a vivir en lo incierto, lo inestable, lo cambiante, lo inseguro, tal como es la vida, siempre mutando, es aquel que se siente seguro, tranquilo, calmo.

Una persona así no vive presa de esperanzas, de llegar a ningún lado, y al poner la atención y amor por lo que hace, se van dando resultados sin esfuerzo, por no haber estado atrapado en la búsqueda del resultado y por haber puesto la atención en la tarea misma, sin el agobio que genera el vivir corriendo en pos de….

Esa persona no vivirá carencias de ningún tipo, todo se le irá dando armónicamente, por el simple hecho de vivir cada instante como si fuera el último, con amor que es sinónimo de creatividad.

¿Se pueden manejar los impulsos, los hábitos, la mecanicidad, las fobias o el querer manejarlos, controlarlos es generar más conflicto y darles continuidad?

Uno pretende, aspira, desea, tener el gobierno, el manejo de las diferentes situaciones que hay en la vida y no que ellas nos gobiernen.

Se desea manejar ese impulso, ese miedo, esa mecanicidad, esa fuerza que a uno lo lleva a vivir corriendo, apurado, preocupado, obsesionado por las obligaciones, por las metas, por los objetivos, con toda la carga de ansiedad que resulta de ello.

Lo irónico de la situación, es que la persona que pretende tener el control es la persona descontrolada, la que pretende gobernar es la persona en un estado de anarquía, la que pretende tener el equilibrio es la misma que siente el desequilibrio.

Por lo tanto: ¿quién va a controlar qué?

Si uno observa un poco, verá que el que quiere controlar es el descontrol y esto es que lo que uno “es” al momento que eso ocurre y no es otra cosa más que eso.

El controlador surge luego a partir de pensar y sentir que no se acepta a si mismo verse manejado por las circunstancias.

Lo que realmente hay en uno es descontrol. El querer controlar no es más que un deseo, una idea, el producto de no aceptar la realidad de lo que uno es.

También “el controlador” surge porque la persona siente que ella tiene que poder manejarse a si misma.

La realidad es que cuando un estado psicológico, como el ser obsesivo, puede llegar a estar muy enquistado en uno, la realidad es que es imposible poder resolverlo desde el “control”.

Cuando una persona por ejemplo tiene el hábito del cigarrillo y quiere dejarlo, inicia una lucha con el hábito. Allí pueden suceder dos cosas: que no lo logre, o que si lo logra, en ese caso termina desarrollando otro hábito, como por ejemplo comer en demasía.

Si uno ve, desde la lógica, que los procesos duales (deseo fumar y deseo no hacerlo), son inconducentes a un estado de libertad y equilibrio, naturalmente se desechan.

En este proceso de desecho o descarte, lo que queda es un estado de vivenciar lo que “es”, en este último ejemplo “el hábito del cigarrillo”.

Cuando uno se queda, dejando de lado el deseo de modificar las cosas, quedan expuestas las razones profundas y que subyacen a lo que se esté observando y vivenciando, esto es lo que hace que terminan de operar en uno hábitos que no son buenos para el que los tiene.

El principio del cambio sucede cuando empezamos a reconocer y asumir lo que somos. Somos lo que hacemos, no lo que decimos. Si somos obsesivos, exigentes, compulsivos, frente a la tarea, esa es nuestra realidad, no así las ideas que tengamos de lo que somos o de lo que debería ser.

Si aprendemos a convivir con lo que realmente sucede, o sea con los hechos, no con las ideas que es lo abstracto, o lo que debería ser, sino que aprendemos a convivir con el hecho en sí mismo, sin movernos, justificando, analizando, enjuiciando, sino, quietos, mirando, viviendo esa realidad, ella al quedar expuesta, y no resistida, termina, acaba, debido al hecho de no encontrar resistencia.

Por lo tanto, lo inteligente es aprender a convivir con lo que somos sin opciones por algo diferente, y no luchar por modificarlo, porque con ello, lo único que hacemos es darles continuidad y fuerza a nuestros conflictos.

Esto nada tiene que ver con la resignación de aquel que siente que no puede cambiar.

¿El deseo de lo opuesto no es el principio del caos interno?

El deseo por algo diferente suele estar muy bien visto, pero ese deseo de cambio no es otra cosa que un rechazo a lo actual, y el rechazo a lo actual impide la comprensión, en este caso de vivir agobiado de obligaciones.

Si ello no se comprende, por más cambios que hagamos, habrá una actitud básica que volverá a operar en las nuevas situaciones de vida que hayamos concretado.

Por el contrario, si eso es comprendido, puede suceder que acaben de funcionar en nosotras las causas subyacentes que daban lugar a esa forma de funcionar y responder a las obligaciones.

Con esto vemos que el dar curso al deseo de ser lo opuesto a lo que somos, es la puerta a alejarnos de una transformación natural; el deseo de lo opuesto le da continuidad a lo que hoy sucede.

¿Hay un “cómo” cambiar?, ¿Qué implica preguntar por un cómo?

Siempre preguntamos el cómo salir, cómo cambiar, frente al desafío de vernos envueltos en situaciones conflictivas.

Si hubiera un cómo, habría una fórmula, un método, una técnica que supuestamente haciendo los pasos propuestos, o practicando el método nos llevaría al estado tan ansiado, opuesto al actual.

Todo esto encierra el rechazo por la realidad presente, y ¿rechazando la realidad psicológica, no hemos visto en todo lo expuesto, que nos alejamos de una comprensión liberadora?

Además, el querer saber “cómo” ¿no encierra una esperanza a modificar las cosas?

Si hay esperanza, es que estamos proyectándonos a un futuro modificado, con lo que nos alejamos del presente, que es dónde están los resortes del cambio natural.

 

¿Existe la transformación espontánea?

Esta se da, cuando nos damos cuenta que lo único importante es el conocimiento propio, porque desde ahí, podrán reinar vínculos armónicos entre uno y las demás personas; entre uno y las cosas; entre uno y las ideas; entre uno y el trabajo; entre uno y la familia, entre uno y el dinero.

El conocimiento propio se da naturalmente, cuando nos observamos, nos percibimos y estamos atentos a cuando caminamos, cuando comemos, cuando hablamos, cuando trabajamos, cuando nos duchamos, así como a todo aquello que hagamos, a lo que pensemos, a lo que sentimos.

El conocimiento propio es producto de una atención plena a cada instante de la vida, a cada suceso, sin optar por algo diferente, o sea sin querer modificar lo que observamos, solo viendo y viviéndolo, dejando que cada cosa nos muestre y nos devele sus razones ocultas, ignoradas, tal vez en capas inconscientes.

Desde esa actitud o forma de vivir, que es holística, que es una visión sistémica, se irá viendo como todo forma parte de un fino entramado, y cada cosa que pensamos, que sentimos, que hacemos, está insertada en un conjunto de cosas, producto todas ellas, de condicionamientos familiares, raciales, religiosos, culturales, ambientales.

También podremos ver que somos lo que observamos, que no hay separación entre un sujeto y un objeto.

Esta separación se produce, cuando pensamos por ejemplo: “yo quiero resolver la obsesión por la tarea”, o “yo tengo miedo”, siendo el sujeto: la persona y el objeto: “la obsesión o el miedo”.

El ver las cosas de esa forma dividida, nos lleva inevitablemente a un estado de dualidad, de lucha de una parte nuestra con otra parte nuestra.

Siendo la dualidad mencionada, un proceso absolutamente inconducente a un estado de equilibrio, tal vez sí sea, un proceso conducente al desequilibrio.

¿Es acaso el que mira diferente a lo mirado o son lo mismo?

¿Por qué lo hacemos, será porque no aceptamos lo mirado?

La visión holística de uno, trasciende a lo personal y abarca todo el espectro de la vida, no solo a lo que a uno le sucede sino lo que le sucede al hombre todo, dado que en el fondo a todos los seres humanos les suceden las mismas cosas, en todos hay una necesidad de ser alguien, de sentirse querido, de encontrar algo que trascienda lo material, en todos hay miedo, confusión, dolor, sufrimiento, soledad.

Lo contrario a la visión holística, es una visión fragmentada, donde solo vemos aquello que nos perturba, sin ver su relación con todo lo que hace a la vida.

Creyendo que ese fragmento es todo el problema que tenemos, y que nos sucede solo a nosotros, sin ver que son formas de funcionar propias a todos los hombres.

Conclusión

Lo que estamos expresando tiene como única intención mostrar una realidad que uno ve y vivencia como reales, tal vez las cosas no sean como están expuestas, o tal vez si, es el lector el que tiene que investigar la realidad o falsedad de lo expuesto.

El trabajo de hacer una auto-investigación es el que genera ya en si mismo un cambio en la forma de ver y de vivir las situaciones de la vida a aquel que lo haga.

También no pretende exponer un conjunto de nuevas, simpáticas y alegres ideas, solo pretende describir lo que para uno son hechos de la vida.

Son hechos reales cuando uno en su propia investigación descubre la verdad de ello y vemos que lo que nos sucede, no es algo particular a uno, sino que son formas propias a todo el género humano. Y esa investigación se hace con todo el ser; con el corazón, con la mente, con el cuerpo, con la razón, con la lógica, con una inteligencia que opera en la vida, que no es “mi” inteligencia.

Lo que estamos mostrando, es que cuando un ser humano se ve inmerso en situaciones que generan conflictos en uno, o en los cercanos a uno o al planeta, el camino que termina siendo más fácil y más corto, es ver y quedarse percibiendo con

todos los sentidos desplegados, sin optar por nada diferente de aquello que estamos viviendo.

Significa que no justificamos, que no enjuiciamos, que no esperaremos un cambio por obra y gracia de un agente externo, que no responsabilizamos a nadie por lo que sucede, que no nombraremos lo que vemos porque al hacerlo uno se separa de lo percibido, que descartaremos el esperar que con el tiempo las cosas cambien, sabiendo que en el proyectarnos nos estamos dividiendo y alejándonos del aquí y ahora.

Si hemos llegado a vivenciar todo lo expuesto, veremos que se produce un silencio natural, no inducido por nada, y ese silencio genera un espacio, que da lugar a un darse cuenta, y ahí hay una transformación espontánea, inmediata, no provocada por la persona.

Transformación que genera orden para funcionar armónicamente y libre de actitudes obsesivas, mecánicas o descontroladas.

Frases

“La manera de hacer es ser”

“El sabio disfruta de lo que tiene, el necio va en busca de más y más”

Lao Tse

“El hombre no debe considerar tanto lo que hace, sino lo que es”

“No significa que no debemos poseer ni hacer nada, sino no estar ligados, atados, encadenados a lo que poseemos y a lo que tenemos”

Eckhart

“Cuanto menos es el individuo, y cuanto menos expresa su vida, tanto más tiene y más enajenada es su vida”

Kart Marx

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes”

John Lennon

“No puedes mejorarte. Y no estoy diciendo que el mejoramiento no pueda ocurrir, recuerda, pero tú no puedes mejorarte. Cuando dejas de intentar mejorarte, la vida te mejora”

Las guerras terminarán en el planeta cuando cada ser humano termine de librar su propia guerra interna”

Osho

“La regeneración del individuo debe ser ahora, no mañana”

La mayoría de nosotros consume la vida en el esfuerzo”

Krishnamurti

“La vida examinada es la única que merece ser vivida”

Sócrates

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