La Alimentación y las Emociones

La Alimentación y las Emociones

La forma en que nos alimentamos está directamente relacionada con nuestro estado de ánimo, y con las emociones que se nos presentan día a día.

Hoy se habla mucho de una nueva ciencia llamada, Psico-Neuro-Inmuno-Endocrinología.

Esta ciencia habla de la relación que tienen los llamados neurotransmisores, que son la manifestación biológica de nuestras emociones, con nuestra psiquis, el sistema hormonal e inmunológico.

Los neurotransmisores ú hormonas son entre otros: la adrenalina, el cortisol (llamadas hormonas del estrés), la serotonina que es la que le falta a la gente que tiene depresión, la melatonina, cuya falta la padecen las personas que tienen insomnio, la acetilcolina, cuya ausencia genera dispersión, las endorfinas que se generan cuando la persona está alegre, realiza una actividad creativa,  está enamorada, y así, otras más… Se ha comprobado últimamente, que estas sustancias regulan las conductas emocionales y que a su vez, son segregadas por el cerebro. Por otro lado se sabe que el cerebro para poder funcionar bien, necesita de tres elementos fundamentales: oxígeno, glucosa y  grasas.

El oxígeno lo obtenemos de una buena respiración y fundamentalmente de la actividad física cotidiana. El equilibrio entre glucosa y grasa lo obtenemos de una buena alimentación. Es decir que, si el cerebro necesita para nutrirse de estos tres elementos: oxígeno, glucosa y grasa y a su vez el cerebro es el que genera los neurotransmisores, que son los que regulan nuestras conductas emocionales, por lo tanto una buena actividad física y una buena alimentación, serán necesarios para un buen equilibrio emocional.

Hoy existen muchas enfermedades que aquejan a la naturaleza humana en su totalidad, enfermedades llamadas epidemias, no por ser contagiosas, sino porque los consultorios médicos están abarrotados con personas aquejadas de hipertensión, hipotiroidismo, hipercolesterolemia, diabetes, cáncer, sida, depresión, insomnio, ataque de pánico, fibromialgia,  colon irritable, dificultades en la concepción, obesidad, osteoporosis…. y tantas otras más.

Pareciera ser, que la matriz de estas problemáticas  tiene que ver con nuestro estilo de vida y con una sensación de agotamiento, de vivir con esfuerzo.

Estas sensaciones terminan generando tristeza, confusión, abatimiento. Las personas se sienten estresadas, rebalsadas…La presencia de adrenalina tiene que ver con todo esto.  Adrenalina que es ansiedad, búsqueda de perfección, de excelencia, que es también miedo, inseguridad. La presencia de tanta adrenalina y también de cortisol, que son hormonas relacionadas con el estrés, inhiben la presencia de los otros neurotransmisores que tienen que ver con estados de bienestar (serotonina, melatonina, endorfinas, acetilcolina… oxcitocina (la hormona del amor).

Cabe destacar que el exceso de adrenalina, es responsable de muchas de las enfermedades de la época, especialmente ataque de pánico, insomnio, depresión. Hoy es común, que en cada familia exista una persona con depresión. Una buena alimentación puede ayudar mucho en este sentido.

Existen alimentos generadores de adrenalina como la cafeína: (café, mate, té negro, gaseosas), también lo generan el azúcar, algunos químicos y el exceso de grasas saturadas.

Si ya de por sí, la persona tiene un alto nivel de ansiedad, dificultades para relajarse,  al consumir cafeína, exceso de carbohidratos, alimentos quimicalizados y grasas en cantidad, todo esto potenciará ese estado.

Cabe decir que la falta de proteína grasa, es decir  la carencia de proteína animal, también puede generar ansiedad. El organismo para equilibrarse, especialmente el cerebro y el sistema nervioso, necesita, como lo dijimos anteriormente, de un equilibrio entre glucosa y grasas. Cuando se habla de glucosa, nos referimos a carbohidratos de buena calidad (cereales integrales, que permiten una combustión lenta de azúcar en la sangre). Cuando hablamos de grasas, o de proteína grasa, en su justa medida y equilibrio, nos referimos a queso de cabra que tiene un tenor de grasa menor que el de vaca o a quesos de procedencia orgánica, con bajo contenido en grasa o con poco estacionamiento en su elaboración, y a carnes de pescado de mares profundos como abadejo, brótola, lenguado. El exceso de grasas puede generar la misma ansiedad que la falta de las mismas.

Por otro lado, los cereales integrales son portadores de Vit. B, que nutre al sistema nervioso. Especialmente en este sentido es importante el consumo diario de arroz integral. La avena, la cebada perlada, la quínoa, el trigo sarraceno también son cereales con alto contenido en Vit. B.

Aunque el organismo dispone de un sistema de auto-regulación, el tipo de alimentación influye en el equilibrio de la química del cerebro y en la proporción de ciertos neurotransmisores.

Para que el equilibrio sea óptimo conviene asegurase que se asimile el suficiente triptófano, que es el aminoácido esencial necesario para la síntesis de la serotonina.

El triptófano se encuentra en el pescado, las legumbres (poroto de soja, negro, aduki, lentejas, garbanzos), los frutos secos. Pero para asimilarlo el cerebro necesita que se ingiera suficiente cantidad de hidratos de carbono de absorción lenta, como los cereales integrales.

Para un buen equilibrio emocional, es importante que la química de la sangre esté equilibrada, si esto ocurre, la ansiedad por consumir alimentos que a veces resultan nocivos para nuestra salud, disminuye, al igual que el estado de nerviosismo, que a veces ocurre y que no se sabe muy bien porqué. Cuando los nutrientes que el organismo necesita no están equilibrados, la persona se siente nerviosa, ansiosa, insegura, temerosa. Cuando la cantidad de proteínas, grasas, azúcares, minerales, agua, es la correcta de acuerdo a cada persona en particular, las emociones se armonizan.

Para lograr energía duradera y vitalidad durante el día, es importante desayunar salado y evitar los alimentos dulces. Por ejemplo un buen desayuno sería: pan de buena calidad, integral, de arroz, o chapatis (pan de sartén), con alguna cremita de verduras (zapallo, zanahoria, brócoli o palta) queso de cabra, aceitunas orgánicas, chucrut, paté de garbanzos o humus y evitar las mermeladas y lo lácteos y panes industrializados. Consumir té de hierbas, bancha o llantén, marcela, diente de león y evitar la cafeína.

Luego al mediodía almorzar cereales + proteínas animal o vegetal + verduras crudas o cocidas. Es necesario que los 3 elementos estén presentes. Por ej.: arroz integral+ pescado+ ensalada o mijo+ sopa o guiso de poroto aduki + ensalada.

Si se come solo mijo y ensalada, y faltan los aduki, luego la persona necesita algo denso y busca café o mate o azúcar o harinas o exceso de queso. Si se come mijo y aduki y falta la ensalada, el hígado se carga y pide azúcares o harinas. Si se come aduki y ensalada y falta el cereal, es decir el mijo, luego la persona busca carbohidrátos y come pan o galletitas o tortas.

Si el equilibrio en la ingesta diaria está, si la persona se siente satisfecha, si pudo comer con moderación pero estar bien nutrida, tal como ocurre con los bebés que al comer bien duermen bien y están alegres, el sistema nervioso se apacigua, la persona se siente satisfecha y no hay ansiedad por consumir demás o alimentos que no beneficien  nuestra salud y tiene la energía necesaria para dar respuestas  a los desafíos de la vida cotidiana.

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