La Arquitectura y La Salud

La Arquitectura y La Salud

Si pretendemos encarar la salud teniendo en cuenta todos los aspectos que hacen al cotidiano vivir, como la alimentación, la actividad física, las actividades expresivas, el tipo de trabajo que realizamos, el sexo, los vínculos, el cómo prevenir y resolver enfermedades, la importancia del contacto con la naturaleza; es fundamental tener en cuenta la calidad del lugar donde vivimos y trabajamos, ya que suele llamarse a nuestra casa, a nuestro hábitat, nuestra tercera piel. Para que el lugar en dónde vivimos cumpla con el objetivo de proveernos de bienestar físico y psíquico, es necesario tener en cuenta una cantidad de requisitos para que estos objetivos puedan llevarse a cabo. Si bien a veces no se puede cambiar el lugar donde se vive o trabaja, el saber de la importancia de la calidad de los materiales, de la interrelación entre ellos y nuestra salud, puede permitir que en un cierto momento uno haga los cambios necesarios, eligiendo inteligentemente,  es de una simple pintura en un cuarto, utilizando por ejemplo aquella que no contamine el ambiente, hasta una simple refacción que puede realizarse teniendo en cuenta ciertos preceptos que hacen a nuestra salud física y psicológica. Por ello es que transcribimos tres notas de especialistas en el tema que nos dan una visión distinta e integradora que puede permitirnos mejorar nuestra calidad de vida.

Hacia Una Arquitectura Ecológica

Por: Arquitecta Mariana Bidart

Vivimos en una época en la cual, más que en otras, existe la inquietud por el bienestar humano y planetario. Esta tendencia se manifiesta desde diferentes ámbitos: en la medicina, en la alimentación, en la agricultura, en las psicoterapias, en la educación, etc., e incipientemente en la arquitectura.

La arquitectura comienza también a querer formar parte de esta conciencia, diseñando y construyendo en contacto más estrecho con la Tierra y con nosotros mismos.

Si pensamos en el universo como una serie de fenómenos interconectados, entonces cada una de nuestras acciones, aún la más pequeña, repercute en lo demás. De la misma forma, la construcción de un edificio resulta una interrelación con el entorno y con el ser humano.

Tradicionalmente un edificio se concibe de acuerdo a una función, una técnica y a ciertos preceptos estéticos. Se inserta el objeto en un determinado contexto, algunas veces teniéndolo en cuenta y la mayoría de ellas como algo autónomo, sin ningún lazo.

La física cuántica ha demostrado cómo la visión mecanicista del mundo y las especializaciones inconexas de la ciencia moderna son destructivas. Pensar cada unidad aislada de la otra nos lleva a la fragmentación que existe en todos los órdenes de la vida. Si por el contrario consideramos nuestro modo de vida y el entorno en que vivimos como una parte global del ecosistema, ya no sólo los humanos, sino los humanos junto con las plantas, los animales, etc., veremos que somos parte de toda una red entrelazada de diferentes ecosistemas, interactivos, interdependientes, regenerativos y sostenibles.

Todos los procesos que se encuentran involucrados en ellos son parte de un eco ciclo, en el cual los deshechos de un componente se convierten en materia prima para el siguiente; ciclos que a su vez se conectan con los ciclos globales de la energía, el aire y el agua. Se trata de una intrincada red, donde todo ser de la naturaleza está interrelacionado: un cambio en una parte puede afectar al sistema en cualquier lugar, incluso a la distancia.

Tomar verdadera conciencia de que somos parte de un ecosistema general y que cada acción y pensamiento nuestro repercute en el afuera, nos hace responsables en nuestro accionar hacia nosotros mismos, hacia los otros y hacia el planeta.

Pensar en una arquitectura profundamente ecológica, es pensar el edificio como un organismo vivo interactuando en un determinado ecosistema. Por ejemplo: una persona ingiere alimentos y elimina sus desechos, inhala oxígeno y exhala anhídrido carbónico. Si entendemos a la arquitectura como un organismo vivo, vemos que: necesita materiales para su construcción que generan un impacto ambiental; consume agua y elimina aguas grises y negras; toma aire exterior y despide aire viciado; necesita energía: eléctrica, gas, carbón, leña y petróleo, y elimina calor, radiación electromagnética, ruido y contaminación. Estos son los componentes del ciclo energético de una casa. Evaluar el impacto de cada uno de ellos y diseñarla de tal modo que los ciclos se autorregulan en armonía con los ciclos de la naturaleza, es nuestro desafío.

Al igual que la medicina integral que pone el énfasis en equilibrar todo el cuerpo, en lugar de curar los síntomas, pensamos que un edificio tiene que ser parte de esta misma propuesta, generando una nueva visión arquitectónica.

 

¿Qué es entonces una arquitectura ecológica?

Es aquella que establece una interrelación armoniosa con la Naturaleza y con el Hombre.

Con la Naturaleza:

Integrándose al ecosistema local: haciendo uso de los materiales y técnicas locales y aprovechando todas las condiciones favorables del clima y la geografía para lograr confort en forma natural.

Ahorrando energía: haciendo uso de energías renovables y cuando sea necesario recurrir a las no renovables, en la forma que implique menos derroche.

Reciclando los excedentes: para que el edificio cierre su ciclo, no en forma lineal sino circular (previamente adoptando una forma de vida para que dichos excedentes sean los mínimos).

Construyendo con materiales con baja “energía incorporada”: con esto nos referimos a un valor, de referencia, que se le asigna a un determinado producto. Este valor nos demuestra cuánta energía “incorpora” en el proceso de extracción, procesamiento, manufacturación y transporte. Las sociedades industriales han creado justamente una extensa red de canales, donde cada proceso es autónomo uno del otro. A esto se lo llama desarrollo. Sin embargo es un modo de producción altamente contaminante y de un tremendo derroche de energía. Cada vez somos más ajenos de todo el proceso que recibió ese producto terminado que recibimos en casa, poco podemos saber de su calidad, y de las implicancias de cada una de sus etapas.

Tener en cuenta estos cuatro ítems:

  • integración al ecosistema local
  • ahorro de energía,
  • reciclar los excedentes 
  • energía incorporada a los materiales,

    Nos lleva a un enfoque ecológico  profundo hacia la naturaleza.

Con el Hombre:

La nueva relación con el ser humano es pensar al edificio no sólo como respuesta a una función y a una estética particular, sino que además sea un hábitat tanto para la salud del cuerpo como para el espíritu.

Hablamos ahora de una arquitectura en relación armoniosa con el hombre. Una construcción pensada como un organismo vivo que respeta las leyes naturales, será por ende un edificio sano para el hombre. Lo mismo sucede cuando cultivamos vegetales en forma orgánica, no sólo estamos respetando a la Tierra sino que no intoxicamos nuestro cuerpo con productos químicos.

Un edificio sano es aquel que está libre de elementos tóxicos, y además es flexible y posee los recursos necesarios para responder a las agresiones como a las oportunidades. Del mismo modo que un cuerpo saludable es el que está ausente de enfermedades y también es dinámico, tiene vitalidad.

Tomemos por ejemplo un muro, por un lado es el límite del afuera y del adentro, y por el otro, regula la humedad, la evaporación, el paso del calor y del frío: es un elemento vivo, que “respira”.

Si nuestra segunda piel son las ropas con que nos cubrimos, la tercera son estos muros. Y así como elegimos telas y lanas naturales, libres de sintéticos, de la misma forma, al construir esta tercera piel con materiales naturales porosos, sin productos sintéticos o químicos, otorgamos a nuestro hábitat una calidad superior: un clima sano y “vivo”.

Uno de los grandes problemas actualmente en la construcción es la cantidad de productos tóxicos que se utilizan: formaldehídos, pegamentos, pinturas sintéticas, espumas aislantes, materiales plásticos, barreras de vapor, son algunos de los que despiden al ambiente vapores nocivos a nuestra salud.

Esto se agrava con los edificios herméticos debido a los sistemas mecánicos de acondicionamiento del aire y las superficies y aberturas cada vez más impermeables. Estos gases y vapores quedan concentrados en el ambiente provocando a largo plazo enfermedades como alergias e infecciones en sus habitantes.

Una arquitectura para el espíritu crea belleza a través de espacios, formas, luces, texturas, colores, sonidos y aromas, en íntima relación con las personas que habitan el edificio y las funciones que desarrollen, para hacerlos partícipes de un espacio gratificante.

La belleza es de enorme poder curativo. Rodearnos de un entorno hermoso, en unión con la naturaleza, crea en nosotros un tipo de vivencia ‘vivificadora”, al contrario de lo que podemos sentir en uno de los típicos edificios anónimos, en los cuales la mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado a vivir.

Pensar así nuestro hábitat es parte de una propuesta global, de vivir una vida en armonía con la Tierra, en estrecha relación con la Naturaleza, en la búsqueda de una mayor salud personal y planetaria.

“Cuando tenemos presente nuestra conexión con la tierra, con el ciclo, con la vida, nos energizamos y nos sentimos parte de todo cuanto nos rodea” (Margo Adair).

Qué Es La Arquitectura Bioclimática

Por: Ingeniero Alexander Giano

El ser humano ha tenido desde siempre una lucha con la naturaleza para defenderse del frío, del calor, de los vientos, de las lluvias, de las sequías, de la pobreza y de las enfermedades. En esta pugna a través de la historia, él ha tratado de defenderse con ayuda de fuentes energéticas a su alcance; las cuales, antes del descubrimiento del uso del petróleo, se limitaban a la leña y otras basadas en recursos renovables provenientes del sol, viento y del agua en movimiento. Pero desde el conocimiento del uso del petróleo nos hemos visto envueltos en una carrera de contaminación ambiental y de depredación de nuestros recursos no renovables, recursos que necesitaron de millones de años para almacenarse y ahora a punto de consumirse en menos de 200 años.

Por una real convicción, por factores económicos o por dar una imagen conservacionista nos hemos volcado en la búsqueda de fuentes de energía renovables; así el ser humano ha re-descubierto al Sol como una fuente energética valiosa para todos. Toda vida existente en nuestro planeta se la debemos a él. La rotación de la Tierra sobre sí misma y de esta alrededor del Sol, generan los ciclos que marcan nuestra existencia, como son el día, la noche y las estaciones; y es gracias a este girar, los rayos solares se distribuyen equitativamente por toda la superficie del planeta.

Estamos tan acostumbrados a que el Sol nos ilumine día a día, al calor que recibimos de él, a las lluvias, vientos, al crecimiento de las plantas debido al efecto de la fotosíntesis, a las leyes y caprichos del clima; que lo tomamos como algo tan natural que cuando hace frío o calor no pensamos que podemos combatirlos con su ayuda, desaprovechando así esta fuente de energía que tenemos a libre disposición.

Normalmente planeamos donde vivir en función del dinero disponible, de la estética, de la funcionalidad de los espacios, pero no consideramos ambientes aislados para el invierno o zonas permanentemente frías y ventiladas para el verano. Tampoco pensamos en aprovechar al máximo la iluminación natural, y por último no seleccionamos los materiales ni las ubicaciones más adecuadas para estos fines.

Es aquí donde la arquitectura bioclimática aparece como un conjunto de propuestas que buscan dar solución a esta problemática. Podríamos entender arquitectura bioclimática como el diseño arquitectónico que permita garantizar la continuidad de las condiciones de confort.

Pero ¿qué entendemos por confort?; como sabemos el ser humano es una máquina térmica, transformando energía química en energía mecánica con gran dispersión de calor debido a su metabolismo.

A lo largo de toda su historia el hombre ha buscado responder a la necesidad de su organismo de permanecer a una temperatura aproximadamente constante, independiente de la temperatura ambiente. Cuanto menor sea el esfuerzo del organismo en mantener su temperatura interna entre de los 36.5 y 37.0, estaremos más cerca a lo que conocemos como confort ambiental.

Pero el confort no debe entenderse sólo como ambiental, dependiente de la temperatura y pureza del aire, humedad relativa, ventilación y radiación solar, el concepto de confort es mas amplio, extendiéndose también a parámetros estéticos y psicológicos como son la calidad de la luz, las áreas verdes que nos rodean (plantas, parques, jardines), el paisaje, la seguridad, el prestigio, etc.

Tomemos dos opciones, primero una casa espaciosa, bien iluminada, con una considerable cantidad de área verde, libre de ruidos propios de la ciudad; y otra casa pequeña, húmeda, carente de una adecuada iluminación y áreas verdes, situada en una zona urbana con un alto grado de contaminación sonora. Actualmente por razones de tiempo, dinero, prestigio u alguna otra justificación, algunas personas prefieren la segunda opción, renunciando así a un tipo de confort por otro.

En el quehacer diario del ser humano, su alimentación, actividad muscular, transpiración, vestido, son algunos de los recursos que usa para mantener el equilibrio de su máquina térmica. Entonces el lugar donde habita o trabaja debería ser la vestimenta más completa e inteligente, adecuada además para todas las estaciones y horas del día.

La proyección bioclimática, aprovecha el uso de la energía abastecida por el Sol o por el ambiente, para acercarse lo más posible a las condiciones de confort ambiental deseadas, aún sin el aporte de otras energías; considera las disposiciones de las ventanas, de las materiales de las paredes, de los pisos, techos, ventanas, de la distribución, orientación y apertura al Sol de los ambientes, etc.

Teniendo en cuenta que las condiciones exteriores varían en función del lugar y época del año, un edificio bioclimático ideal debe ser capaz de perder muy poco calor cuando haga frío, captar la energía solar que le llega en el día y transmitirla o almacenarla para cuando haya necesidad de calor; y en los meses calurosos estar en condiciones de rechazar al máximo la radiación solar, y ventilar adecuadamente los ambientes.

Como ejemplo tenemos al poblado indio de Mesa Verde (USA), el cual está localizado en un corte horizontal de la roca y orientado hacia el sur, de manera que está al amparo de los rayos del Sol en verano, mas no en invierno, cuando penetran en la concavidad de la roca debido a la baja trayectoria del Sol en esos meses. Además se acumula el calor que transmiten los rayos solares en la misma roca y en los adobes con que están hechas las casas, calor que es cedido lentamente al ambiente cuando el Sol se ha puesto.

Como caso clásico de la arquitectura bioclimática podemos citar el del iglú. Su estructura de nieve seca constituye un óptimo aislante, su forma hemisférica ofrece la mínima resistencia al viento y reduce las pérdidas de calor. En el interior la calefacción a través de una lámpara de aceite brinda una fuente de calor radiante, donde la temperatura media es de unos 15 a 20 grados centígrados bajo cero, y que para los esquimales bien cubiertos de pieles es considerado confortable, si se le compara con los 60 grados bajo cero del exterior.

La casa del futuro será probablemente una entidad que, con respecto a la naturaleza, tendrá no sólo una actitud pasiva sino también activa y de intercambio continuo con ella. Actualmente nuestras casas se comunican con el exterior a través del teléfono, televisión, radio, Internet; además reciben energía de la red; pero se espera que la arquitectura bioclimática del futuro proveerá a los hábitats características de seres vivos, convirtiendo a las casas en entes vivientes que se comporten por ejemplo como lo hacen las hojas de las plantas.

La Geobiológica Como Camino

Por: Mariano Bueno

El libro “La enfermedad como camino” nos sirve de hilo conductor para profundizar en una serie de cuestiones que empiezan a ser importantes.

Tal vez sea interesante antes que nada, el recordar qué es la Geobiológica. La definición académica entresacada del diccionario nos habla de: Ciencia que investiga la relación entre las radiaciones cósmicas y terrestres y sus influencias en los procesos vitales y la evolución de los seres vivos.

En la práctica geobiológica, nos hallamos ante un complejo espectro de radiaciones, energías y Factores de riesgo para la salud, susceptibles de provocar trastornos leves o patologías serias a quienes se ven expuestos en mayor o menor medida a ellos.

Es a partir de las enfermedades y trastornos derivados de una exposición a las radiaciones terrestres y al resto de factores de riesgo naturales o artificiales, que puede preocupar o interesar a cualquier persona todo lo relacionado con la Geobiología, independientemente de su profesión, edad, sexo o creencia religiosa.

Si rastreamos un poco, tal vez descubriremos un gran número de personas que se han acercado a la Geobiología por razones de trastornos de salud a los que no hallaban explicación (o solución) o por problemas más o menos serios en familiares o allegados. También son frecuentes quienes se plantean cambiar de casa y desean asesorarse bien de donde irán a vivir. Otros descubren nuevas posibilidades de actividad profesional, quizás más acorde con sigo mismos que el trabajo que desarrollan habitualmente.

Esto nos hace pensar que tal vez sean pocos los que a priori se acerquen o se planteen la Geobiológica, como un excelente proceso de continuo aprendizaje y de desarrollo personal.

Por todo ello, este es el aspecto sobre el que más me gustaría incidir aquí; profundizar en esta otra dimensión menos conocida y de la que apenas se habla, a pesar de su profunda significación en relación con la Geobiología.

En la práctica geobiológica, nos hallamos ante un complejo espectro de radiaciones, energías y Factores de riesgo para la salud, susceptibles de provocar trastornos leves o patologías serias a quienes se ven expuestos en mayor o menor medida a ellos…

Cuando te metes de lleno en los extensos campos que aborda la Geobiológica, descubres un apasionante mundo de energías sutiles integradoras de la compleja realidad global.

De pronto, nos hallamos ante un sinfín de fuerzas, energías y vibraciones, estructuradoras y moduladoras de toda actividad vital.

A partir de ahí, uno ya no puede entender la vida sólo desde aspectos mecanicistas y reduccionistas; empiezas a percibir la sutil trama de energías moviéndose e interactuando en todas direcciones. Todo pasa a percibirse como energía en constante movimiento y nos hallamos ante la obligación de aprender a descifrar sus múltiples interacciones e imbricaciones.

La presencia e influencia de la energía en movimiento lo influye todo y está presente en cada manifestación de cualquier ser, animado o inanimado. Desde los movimientos geológicos terrestres, hasta la actividad neuronal del complejo cerebro humano; pasando por los constantes cambios climáticos o las percepciones sensoriales: el calor es radiación electromagnética infrarroja, la luz son ondas electromagnéticas de unas determinadas frecuencias, los colores son haces concretos de frecuencias específicas y el sonido vibraciones del aire.

Todo es energía en movimiento. Flujos y reflujos de energías, radiaciones y campos pulsantes que mueven la vida y posibilitan tanto la germinación de las semillas como el latir de nuestro corazón.

¿Podemos acaso pensar en algo en donde no esté presente alguno de los estados de manifestación de la energía vibratoria y pulsante?.

Incluso la actividad cerebral se ve estimulada o alterada por las energías y radiaciones del entorno.

Si todo es energía; si somos energía en movimiento y transformación constante: ¿A quién no le interesa conocer las dimensiones energéticas de cualquier aspecto de nuestra realidad?

Eso es la Geobiológica: la ciencia que estudia la dimensión energética tanto grosera como sutil de la realidad que nos envuelve. 

Profundizar en la Geobiológica, significa adentrarse en el conocimiento de las energías y radiaciones más perceptibles como el magnetismo, la radiactividad o la electricidad, pero también indagar en las múltiples interacciones e imbricaciones de cada una de estas energías con cualquier proceso vivo: bioelectricidad, bioelectromagnetismo, ondas de forma, energías y estados de conciencia, salud y hábitat, lugares sagrados, etc. etc.

Todo es energía en movimiento. Flujos y reflujos de energías, radiaciones y campos pulsantes que mueven la vida y posibilitan tanto la germinación de las semillas como el latir de nuestro corazón…

Un día descubres que tu estado de ánimo en un momento dado, puede ser debido al entorno familiar o profesional, pero también a los campos electromagnéticos allí presentes, que alteran considerablemente tu actividad neuronal, o incluso a las microondas emitidas por el teléfono celular que te mantiene bien comunicado con los demás.

Pasas a interesarte más y más, y acabas investigando cada rincón de tu casa, cada espacio, hasta descubrir las aptitudes y predisposiciones de los lugares; y a partir de ahí sabes en qué sitio descansas y te relajas mejor, que rincón te permite concentrarte, estudiar o ser más prolífico en tu trabajo; hallas la mejor distribución de formas, muebles y colores para propiciar el intercambio y la comunicación en salas de estar o comedores, e incluso aprendes a crear armonía allí donde antes sólo percibías desorden y tensión.

Terminas por conocerte mejor y a reconocer en ti, aquellos síntomas que te indican o te aportan información sobre las energías de los lugares: esa presión en las sienes que te señala la presencia de fuertes campos electromagnéticos; la ansiedad o el dolor de riñones típica de las alteraciones telúricas intensas; el calambre en una pierna cuando te paras sobre un cruce de líneas Hartmann o la somnolencia y pesadez de los lugares con la vibración general muy baja o densa. Incluso con el tiempo, hasta percibes las cualidades más sutiles de los lugares; intuyendo la personalidad de quienes allí habitan o la presencia de remanencias sobre hechos acaecidos en tiempos pasados.

La Geobiológica puede ser una puerta abierta a las infinitas dimensiones de la realidad, solo precisa de nosotros una mente y un espíritu abiertos, así como grandes dosis de curiosidad, una constante observación del entorno, de las personas y del resto de los seres vivos; unido a un mínimo de lógica reflexión para discernir coherentemente sobre cada hecho observado.

El discernimiento coherente es vital en toda observación y análisis, de lo contrario la Geobiológica se presta a perderse en las muchas ramas e incluso a desvariar con conclusiones precipitadas disparatadas o alejadas de toda realidad.

La intuición debe preceder a la razón; pero la razón cumple la función de dar forma, contenido y coherencia a lo observado e intuido. De lo contrario es fácil desorientarse e incluso llegar a planear rayando la incongruencia cuando uno se adentra en los terrenos de difícil corroboración.

Otro campo de acción de la Geobiológica es la investigación rigurosa y de laboratorio. De hecho, en parte, es gracias a esa investigación que se ha conseguido dar cuerpo y credibilidad a una ciencia que en un principio era mucho más empírica e intuitiva y cuyas herramientas básicas siempre fueron la radiestesia y la sensibilidad personal; algo más cercana del arte que de la ciencia.

El problema de la investigación metódica de laboratorio que es lo único que suele aceptar la ciencia oficial es que resulta muy costosa, tanto económicamente como en tiempo y en dedicación; por lo que solo suele investigarse aquello de lo que se pretende obtener un cierto beneficio económico. Si además los resultados de las investigaciones atentan contra intereses concretos, se despliega una serie de cotra investigaciones tendentes a descalificar las que obtuvieron resultados positivos, o se cuestiona la metodología empleada hasta conseguir rebatir, anular o ridiculizar tus conclusiones.

Ello nos obliga a interesarnos más por los trabajos de campo, por las investigaciones en las viviendas habitadas, observando síntomas y patologías vinculables a los factores de riesgo estudiados por la Geobiológica. Y sobre todo a observar los resultados de las indicaciones y consejos ofrecidos, haciendo el pertinente seguimiento hasta percibir los positivos resultados y tomando buena nota de causas, efectos y reacciones.

También tenemos que arroparnos con la profunda humildad del que es consciente de lo compleja que es la realidad que nos envuelve y de la que formamos parte, así como de la complejidad humana; siendo muchos los factores de interacción para que algo suceda. Cuestionar y cuestionarnos, aceptar los fallos o errores y aprender de ellos, conocer nuestras posibilidades y también tener claros los límites.

La Geobiología estudia infinidad de factores y muchos de ellos sinérgicos, e intenta profundizar allí en donde otras áreas del saber se quedan cortas o no tienen respuesta. En definitiva ofrece infinitas posibilidades y alguna que otra limitación. Lo importante es que puede llegar a convertirse en un excelente camino de desarrollo y crecimiento personal que abarca todas las dimensiones del ser.

Desde estas líneas os invito a seguir este apasionante camino, con todas sus posibilidades y también con sus limitaciones; superando los obstáculos que se nos presenten en cada momento, e intercambiando las múltiples experiencias personales entre todos los que compartimos un mismo rumbo.

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