La Importancia De Una Nueva Educación

La Importancia De Una Nueva Educación

La relación de la salud con la educación

Cuando hablamos de aprender a cuidar el cuerpo-mente hacemos alusión a la posibilidad de poder equilibrar nuestra  condición psico-física generando en uno mismo una mente lúcida, despierta, activa, tranquila, sensible y un cuerpo vital, con energía, que nos permita a su vez dar respuestas acordes a las diferentes situaciones que la vida nos va presentando, en todos los planos y aspectos. Ese cambio que podemos generar cada uno en sí mismo es el que puede llegar a producir algún cambio en el estado actual del mundo en que vivimos. ¿Pero qué hay de las nuevas generaciones? ¿Cómo ha de ser posible acceder a una vida digna, a la salud, al derecho que todos tenemos por nacimiento de vivir, no en la miseria, la guerra, la confrontación y el desasosiego y sí con las situaciones elementales de vida resueltas, llámense a éstas: salud, un trabajo que implique el desarrollo de las propias capacidades, comida, vivienda, abrigo, acceder a un buen aprendizaje?

Aquí es donde la educación juega un rol fundamental, sin ella seguirá perpetuándose el actual estado del mundo con la confusión imperante, con seres humanos sumidos en la miseria, enfermedad, frustración, sufrimiento.

Pero no solamente siendo niño o joven es que necesitamos recibir los valores de una nueva educación, cada uno de nosotros, como adultos, más allá que tengamos hijos o niños y jóvenes cercanos, podemos interesarnos en esta temática, ya que todos necesitamos reeducarnos en valores nobles y en maneras de ver la vida que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida.

Vale en este caso transcribir las palabras del poeta hindú Rabindranaz Tagore: “ Y veráis también que soy lo bastante niño para creer en cosas de las que las personas maduras y aún los mismos estudiantes de estos tiempos de superior sabiduría se avergüenzan; digo que creo en una vida ideal”.

¿Porqué es necesaria una Nueva Educación?

Cada vez hay más pobres en el mundo, la globalización de la economía año tras año enriquece a los ricos (mayormente personas del Norte del planeta) y empobrece a los pobres (sobre todo personas y países del Sur del planeta). El 20% más rico de la humanidad es ya ochenta veces más rico que el 20% más pobre. También el 20% de la humanidad utiliza el 80% de la riqueza, quedando el 20% de ésta para el 80% de los habitantes. La codicia de cada ser humano genera diariamente, aproximadamente, 27.000 niños muertos por desnutrición y la desaparición de 140 especies. Esta realidad es el producto de un sistema que está en una crisis tan aguda que de no revertirse terminará con la vida en el planeta, dónde a su vez, todos los sistemas: político, económico, de salud, educación, están corruptos, ya que promueven el individualismo, el egocentrismo, la competencia, la confrontación y la violencia.

Las cifras anteriores nos muestran que es evidente que hay algo que no funciona.

La pobreza, además de la falta de recursos, tiene que ver con la ignorancia y está a su vez está relacionada con la falta de educación, de valores, de aprender a vivir, a sentir, a razonar, a percibir.

Una nueva educación es necesaria y urge para modificar sustancialmente el rumbo en el que vamos, pero aquella educación capaz de formar seres lúcidos y compasivos que más que cúmulo de conocimientos adquieran el valor de la bondad, de la solidaridad y mentes despiertas para generar igualdad de posibilidades a sí mismas y a todos los seres humanos.

Características de la educación actual

La educación que hemos recibido y que siguen recibiendo las nuevas generaciones está basada en el no cuestionamiento del orden establecido. Nada de lo que se aprende está en tela de juicio, se acepta todo verticalmente. Así son las cosas y estudiamos y estudiamos historia, “conociendo”, el nombre de los supuestos próceres, de las capitales del mundo, de las cifras que muestran cuánto trigo o carne se exporta o cuántos pobres hay en cada país. Esta falta de cuestionamiento es luego la actitud que cada persona mantiene a lo largo de su vida, aceptando la desigualdad, la explotación de unos por otros, la miseria, la enfermedad, el maltrato, el engaño, el desamor, el consumismo, el abuso y fundamentalmente la falta de libertad de los propios condicionamientos.

El sistema educativo promueve la competencia, el tratar de ser mejor, la comparación y el sufrimiento consiguiente, que genera el no aceptarse tal cual uno es. Se establece la división entre el bien y el mal, como algo rígido sin comprender la relatividad de las cosas, como por ej. que en lo bueno está lo malo y en lo malo también lo bueno. También se promueve el sistema de premio y castigo, si hago algo bien recibiré un premio y si lo hago mal un castigo. No existe el hacer las cosas porque sí, producto de otra cualidad que tiene que ver con el amor y por el bienestar que genera hacer algo bien porque sí. No se valora a cada persona por lo que “es” sino por lo que “debería ser”. Se valora a alguien por lo que tiene, ya sea dinero, conocimientos, fama, prestigio, belleza física. Todo está centrado en el provecho personal. Existe el sentido de la autoridad, se nos incita a seguir  algún modelo, en lugar de desarrollar y prevalecer la naturaleza esencial de cada uno. La actual educación fomenta la separación entre personas al inculcar el nacionalismo y exacerbar la propia cultura y la tradición, en lugar de desarrollar una conciencia universal mostrando la importancia de integrar todas las culturas y no generar enemistades y rivalidades entre los pueblos, que son los factores que luego generan las guerras.

La actual educación promueve el acumular conocimientos (nombres, fechas, medidas, etc.) en lugar de desarrollar la capacidad perceptiva, reflexiva, sensitiva, amorosa, de cada ser humano, siendo que de esta manera se aprende con más profundidad y solidez. En las escuelas de hoy no se enseña a pensar, no se desarrolla un pensamiento reflexivo sino mecánico.

No existe en ninguna escuela el enseñar a prevenir enfermedades, ya se sabe que a cada malestar una pastilla.

No se enseña a percibir la naturaleza, muy pocos niños saben diferenciar un gallo de una gallina, una vaca de un toro, cómo crece una zanahoria o una lechuga.

Las escuelas no muestran la realidad, no se comprende que el estado actual del mundo tiene que ver con cada uno, que cada acto, que cada uno realiza influye en la totalidad del mundo y de los seres humanos que lo componen, nadie sabe que consumir demás genera guerras, desigualdades, miseria, enfermedad.

A nadie le enseñan que el tener de más exacerba el ego personal ya que lo que busco con ello es el reconocimiento externo y el sentirme más seguro y así ser más que el otro. Tampoco le enseñan que poniendo el interés personal por sobre el de los otros se va hacia la propia destrucción.

En la medida que seamos educados en el “tener” nos convertiremos en seres deshumanizados, cuyo valor fundamental de vida es el material, sin capacidad de amor. Por algo es también que los vínculos son cada vez más difíciles de hacer y cada vez hay más gente sola.

Cómo sería una nueva educación

Aquella que educa a los seres humanos en la posibilidad de acceder a una visión humanitaria de la vida, a comprenderse y comprender a los otros, a respetar la vida en todas su manifestaciones, a desarrollar el potencial creativo, a generar una revolución en la forma de percibir el mundo, a terminar con las divisiones entre seres humanos, países, nacionalidades, religiones, formas de ser. A respetar la diversidad, a conocerse uno mismo, a desarrollar la sensibilidad, la posibilidad de silencio en la mente, a conectarse profundamente con la naturaleza, a desarrollar la capacidad de autosustentabilidad, la independencia, la libertad pero no la de hacer lo que se quiere, sino la libertad que adviene al comprender los miedos, los condicionamientos, que justamente son los que  la quitan.

Una nueva educación que desarrolle la flexibilidad de la mente y del cuerpo, la solidez interior, la capacidad de reflexión, la necesidad del consenso, la posibilidad de expresarse, la importancia de la no dogmatización y el aferrarse a creencias. Una nueva educación que ayude a comprender la búsqueda de seguridad, justamente para aprender a vivir con más vulnerabilidad. Una nueva educación que nos muestre lo negativo de armarse corazas, armaduras, que nos muestre la importancia de cuestionar todo, de dudar, de no tomar por cierto lo que alguien dijo, que nos muestre también, la necesidad de confiar, de estar abierto, de ayudar, de ser solidario, de hacerse las propias cosas y que otros no hagan por uno, de la salud, de prepararse el propio alimento, de no contaminarse y no contaminar. Y la lista podría seguir y seguir.

Existen escuelas donde se lleva adelante una nueva educación

Liliana Racauchi, tuvo oportunidad de asistir a la escuela de Brockwood Park, creada por Krishnamurti, en setiembre del año 1999, a continuación transcribimos un relato de su estadía en dicho lugar, que fuera publicado en la revista Uno Mismo de abril del 2000.

Una Visita A La Escuela “Brockwood Park” En Inglaterra

Casi todas las mañanas, durante el verano, en el lugar donde vivo, voy caminando hacia el arroyo, aquí arriba, camino a la montaña. Allí me quedo  15 ó 20 minutos sentada en una piedra, escuchando el sonido del agua y meditando. Esas piedras, según mi visión, tienen una fuerte energía y muchas veces recibí ahí sentada, la confirmación o la respuesta a algo que consideraba importante para mi vida. Pues bien, estaba ahí sentada una mañana bien soleada cuando me dije:” este año me gustaría pasar un tiempo en Brockwood, la escuela que fundó Krishnamurti”. Y así fué, hice todas las averiguaciones pertinentes, mandé e-mail y me aceptaban por 15 días como “ guest helper” o “visita ayudante” trabajando en la cocina o el jardín. Busqué perfeccionar mi inglés y después de 8 meses partí a Inglaterra.

Es un desafío para mí poder ser sintética, veraz y no caer sólo en lo anecdótico.

Muchas eran las preguntas que tenía adentro mío en relación a sí es posible que todo aquello que había leído de Krishnamurti y también todo ese cuestionamiento que siempre me hago acerca de una nueva educación, que pueda dar origen a una nueva calidad de ser humano, fuera posible. Me preguntaba si había gente que estaba generando cambios verdaderos en algún lugar de este planeta, si era posible vivir comunitariamente sin ideas, creencias, sin el concepto de Dios; si era posible vivir simple y sencillamente, sin análisis ni interpretaciones, si era posible educar respetando la profunda naturaleza de cada persona, sin estructuras y no obstante en un marco de orden, si existía alguna escuela donde los miedos, las dependencias y el egoísmo fueran abordados dándole más importancia que a la matemáticas o a la historia; si existían maestros que se tomaran el tiempo para conversar interminablemente con los alumnos acerca de sus problemáticas individuales, si era posible que el interés personal desaparezca en función del interés de un grupo grande de personas, si se puede vivir sin una autoridad o líder que dirija o determine todo, si era posible vivir en el respeto mutuo y hacia todo lo que a uno lo rodea, cuidando al que está al lado, al entorno y al medio ambiente.

La mayoría de estas preguntas fueron respondidas positivamente en mi visita a Brockwood.

El lugar, 20 hectáreas al sudoeste de Londres, está ubicado en medio de la campiña inglesa, rodeado de bosques, campos arados y cultivados, donde el verde del césped llega, por momentos, a ser tan intenso que hasta  parece molestar la visión.

El predio fue donado a Krishnamurti en el año 1969 e incluía una casa de estilo Georgiano del siglo XVII, que fue refaccionada e incluso se construyeron nuevos edificios, para ser una escuela que, según la intención de Krishnamurti, diera la posibilidad de educar a cada joven para que pueda “florecer en la bondad”. Allí conviven hoy unos 65 estudiantes con 30 adultos, en su mayoría, éstos, no mayores de 40 años, entre profesores y personas dedicadas a la organización del lugar.

Los estudiantes son jóvenes desde los 14 años hasta, algunos, de 27 y 28, oriundos de todas partes del mundo, Tailandia, EE.UU., Canadá, Holanda, España, Francia, Italia, Méjico, Brasil, Austria, Suiza, Alemania. Las personas del staff, que son quienes dirigen la escuela: profesores, jardineros, cocineros, personal administrativo, bibliotecarios, gente de mantenimiento, también vienen de diferentes partes del mundo. Entre los 14 y 16 años todos reciben el estudio obligatorio de asignaturas tales como Matemáticas, Física, Historia, etc., y a partir de los 16 años eligen lo que quieren estudiar entre una gama inmensa de posibilidades: Música, Canto, Diferentes Instrumentos Musicales, Idiomas diversos, Pintura, Escultura, Cuidado del Medio Ambiente, Jardinería, Carpintería, Teatro, Periodismo, Introducción a Krishnamurti, Introducción a la Filosofía, Cerámica, Estudios de Management, Religiones del mundo, Oratoria pública, Yoga, Pintura en tres dimensiones, Computación, Filosofía ambiental, Inglés como segunda lengua, etc.  En el caso de querer entrar en la Universidad se preparan para dar el examen correspondiente que les permite entrar a cualquier Universidad del mundo. El nivel académico es muy alto, solo que a diferencia de otras escuelas cada estudiante tiene la libertad de desarrollar en sí mismo lo que más le interesa y elegir si quiere dar examen o no. Entre los 20 y casi 27 y 28 años hay un grupo de jóvenes llamados “Mature students” que pueden permanecer en la escuela tomando algún curso especializado a cambio de 24 hs. semanales de trabajo en la cocina, en el jardín y en tareas de mantenimiento general.

Cada estudiante de los más jóvenes tiene un tutor, personas que forman parte del staff, de manera que cada tutor tiene a su cargo 2 ó 3 alumnos. Todos cobran lo mismo desde el director hasta el jardinero, no existen puestos jerárquicos. Los mismos estudiantes junto con el staff son los encargados del cuidado y la limpieza del lugar.

El día comienza a las 7 y 40’ hs. dónde toda la escuela se reúne en lo que se llama ”morning meeting” o reunión matinal, se hacen 10 minutos de silencio en un salón octogonal, especial para meditación; luego a las 7 y 50’ hs. comienza el desayuno, para lo cual un grupo asignado que se rota semanalmente organiza la comida, los tés y las tostadas. A las 8 y 20 hs. todo el mundo limpia, estudiantes y staff, aspiradoras, escobas, baldes, todo muy organizado, van y vienen, dejando, finalmente, todo impecable. A las 9 y 15’ hs. comienzan las clases hasta las 13hs. que es la hora del almuerzo. Al mediodía hay un grupo que se rota también semanalmente y lava los platos (estudiantes y staff), lo mismo sucede a la noche luego de la cena que es a las 19 hs. Todos trabajan, en un ambiente de total alegría.

Antes de ingresar a la escuela se pactan ciertas normas de convivencia donde los alumnos se comprometen a realizar las tareas comunitarias, no beber alcohol, no consumir cigarrillos ni drogas y no tener relaciones sexuales en la escuela. Los ví a todos muy relajados, con esa energía propia de la juventud, se percibía ese aire de libertad y había muchas parejitas, siempre iban abrazados chicas con chicas, novios, siempre riendo, un trato muy cordial entre ellos.

Me tocó trabajar durante 6 hs. todos los días en la cocina y fue una muy buena experiencia de trabajo cooperativo donde nadie manda a nadie. Pelé papas, corté tomates, hice algunas tortas que me llevaron el día entero ya que pelar manzanas para 100 personas fue más largo de lo que me imaginaba y tuve que adaptarme al hecho de trabajar en grupo sin rendir cuenta a nadie, solo existía la responsabilidad por la tarea y el hacerse cargo cada uno por lo que le tocaba hacer. Todos trabajan muy fuerte y duro, y cada uno sabe que si no hace lo que tiene que hacer está perjudicando casi a 99 personas más.

La comida es vegetariana, muy abundante: pan integral casero, dulces naturales, cereales, quesos, huevos, azúcar integral, miel, yogurts, leche de soja, manteca de soja, manteca de maní, leche de vaca, ricotta, frutas secas, nueces, verduras de todo tipo, legumbres, frutas frescas, tés de hierbas, cafés de cereales, y todos los productos que se consumen son en su totalidad de procedencia orgánica, realmente una conciencia muy elevada en torno a la calidad de los alimentos. Todos estaban muy conformes con todo lo que comían y dispuestos a no consumir carnes.

Si bien, como en todas las escuelas alternativas existe el grave problema de subvencionar semejante emprendimiento, el trabajo con un objetivo tan noble como la posibilidad de un cambio en la forma de encarar la vida, una nueva manera de funcionar, un no sentido de la autoridad, una preponderancia de los valores relacionados con el cooperativismo, el desarrollo de la sensibilidad y el sentido de la responsabilidad, se percibía permanentemente en la expresión de los rostros, en las sonrisas al pasar, en las miradas transparentes.

La escuela se mantiene en parte por las cuotas de los alumnos, aunque hay muchos becados, por el dinero que la Fundación Krishnamurti inglesa aporta de la venta de los libros y por donaciones.

La figura de Krishnamurti es difusa, casi imperceptible, justamente siendo coherente con lo que es la esencia de sus enseñanzas: no seguir a nadie, no rendir culto, no apoyarse en figuras, ideas, creencias.

Como en todas las escuelas existe una especie de cartelera dónde aparecen las últimas noticias, ahí pude leer cartas de ex-alumnos, gente que hoy tiene entre 30 y 40 años y cuentan lo que es hoy sus vidas y lo que recibieron de allí. En general son personas dedicadas a temas alternativos, si son empresarios están relacionados con algo que tiene que ver con la ecología, o bien artesanos que cuidan una reserva natural en algún lugar del mundo o bien médicos naturistas, personas de ciencia que cuidan el medio ambiente, artistas. Krishnamurti siempre hablaba sobre “estar en el mundo sin ser del mundo”, es decir poder desarrollar cualquier actividad pero libre de los valores que la sociedad impone: competencia, envidia, nacionalismo, búsqueda de poder.

Las reuniones grupales son casi permanentes, además de las semanales donde se tratan temas como el miedo, qué entendemos por libertad, qué es sentirse en casa, las dependencias, etc.; en cada aula, con cada profesor, está la posibilidad del entendimiento. Hay profesores y ayudantes unos distintos de otros, algunos más cálidos, otros más ensimismados, algunos más contenedores que otros, pero en todos está el intento de trabajar en pos de una nueva educación. Me llamaba la atención cómo a cada momento había una reunión, siempre comunicándose, lógicamente, pensé: es la única manera de poder funcionar 100 personas ordenadamente.

Tuve contacto con varias personas del staff, Antonio de 41 años  que a los 27 viajó desde España, interesado en Krishnamurti y comenzó trabajando en el jardín, luego aprendió del que en aquél momento era el encargado de éste (que es una maravilla) y se fue dedicando a todo lo relacionado con el medio ambiente; hoy su trabajo es organizar la parte deportiva y coordinar el trabajo de los tutores, es uno de los que más fuerza ponen en la escuela, está en pareja con una chica que es la bibliotecaria y a fin de año esperan su primer hijo, viven en una casita para ellos dentro del predio general, lo mismo que muchas otras familias o gente sola, miembros del staff, que tienen un lugar allí para vivir. Jordi, un muchacho de Barcelona de 33 años, que hace 7 qué está allí, maestro jardinero, llegó también ayudando en tareas de mantenimiento y aprendió bien el inglés. Hoy dirige la escuela de jardín de infantes que se inauguró este año, producto de su trabajo y el de los padres. Tuve la oportunidad de compartir con él una jornada de trabajo. La pequeña escuelita, que se construyó en lo que era un antiguo granero y con mucho pulmón, alberga a unos 20 niños, hijos de miembros del staff y de vecinos de Brockwood y de Winchester, el pueblito más cercano. Jordi, cuando llegan los niños, los hace sentar en ronda, tomados de las manos, pone un relojito de arena sobre la pequeña mesa lo da vuelta y los niños, de 4 y 5 años, miran el reloj en silencio durante 5‘. Luego cada uno elige el trabajo de limpieza que quiere hacer: barrer, pasar el plumero, el trapo y para eso se dirigen a un armario, donde tienen guardados todos los elementos de limpieza adaptados a sus estaturas y limpian. Siempre hay una mamá que ayuda. Jordi no sigue una particular pedagogía, saca elementos de Waldorf, de Montesori y utiliza su sentido común, su propia capacidad de pureza para percibir lo que cada niño necesita, trabaja consciente de no generar condicionamientos en ellos.

Cuando les pregunté a algunos profesores o miembros del staff porqué estaban allí me contestaban algo así como: “porque aquí siento que puedo dar las respuestas que el mundo hoy necesita”. Cuando les  hice la misma pregunta a algunos chicos de 15, 16 y 17 años me respondieron que allí tenían el espacio para comprenderse a sí mismos.

Justo durante mi estadía allí, con motivo de los festejos del 30 aniversario de la escuela, se dictó una conferencia de fin de semana llamada “Freedom and Education”, “Libertad y Educación”, como oradores participaron educadores de distintos lugares como California, India, Inglaterra y como oyentes personas de diferentes lugares del mundo también. El tema era la posibilidad de una educación holística y qué lugar ocupa la libertad dentro de la educación. De todos los oradores hubo uno que me llegó especialmente, fue el que no leyó su discurso, miró a  la gente a los ojos y habló de la importancia de la meditación como posibilidad educativa, pero de aquella meditación que no se busca sino de la que viene sin que uno la llame.

Más allá de las grandes dificultades que significa una tarea de este tipo, vi que hay un lugar en el mundo dónde se trabaja con mucha seriedad y que era posible educar en pos de la libertad, de una forma simple y sencilla, sin dogmas, sin gurúes, sin seguir a nadie, sólo el sentido común, el valor de ser conscientes del ego, de aprender a convivir con el conflicto sin rechazarlo, ni aceptarlo, de la importancia del que está al lado, de la sinceridad, del respeto, de la bondad, del no apoyo en teorías, del desarrollo de la sensibilidad y el fortalecimiento personal.

El último día antes de irme, 2 cosas me pasaron, hablando con un muchacho de 27 años, me dijo que sentía que él no estaba muy bien y que era algo inseguro porque pensaba mucho…

La otra cosa es que vi ese mismo día un vídeo de Krishnamurti en el que dijo algo que me quedó grabado bien adentro: “¿Por qué no prueban que pasa al pasar una hora sin pensar en sí mismos?”

 

La dirección de Brockwood es: “Brockwood Park School” Bramdeam, Nr Alresford, Hampshire, SO24 OLQ. England.

T.E.: 44(0) 1962 771744. Fax. 44(0) 1962 771875. E-mail: admin@brockwood.org.uk

Website : http://www.brockwood.org.uk/

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