La Sexualidad, El Encuentro Con Los Sentidos Y La Sensualidad

La Sexualidad, El Encuentro Con Los Sentidos Y La Sensualidad

La sexualidad como función vital

La sexualidad es una función biológica primaria y el impulso sexual forma parte inherente a la naturaleza humana.

El sexo ha tenido una implicancia controvertida debido al condicionamiento social de años de represión, en el cual la influencia de las religiones ha tenido mucho que ver con esto. El resultado de tantos años de considerar a la sexualidad como tabú y como algo pecaminoso, derivó en una sociedad con personas con conflictos en relación a lo sexual. Estos conflictos pasan desde la ausencia de una vida sexual normal a actitudes compulsivas, diversas perversiones y a algo muy común que ocurre hoy en día que es, el desinterés por el encuentro sexual.

El no dar la atención debida al tipo de manifestaciones citadas es porque, en verdad, no se considera a la sexualidad una función natural a la que debe dársele la importancia que tiene, tanto como a cualquier otra función vital.

La función del orgasmo

El exceso de pensar mecánico e incluso racional y reflexivo, ha ido en detrimento de las funciones vitales de los seres humanos.

Las sensaciones, debido a la represión cultural y al modo de vida actual, donde la búsqueda de seguridad es lo primario y también la necesidad de tener, no son vividas naturalmente, sino que en general están anuladas y se vive alejado de ellas.

El exceso de enfermedades epidemias o las llamadas enfermedades de la civilización  (cáncer, sida, colon irritable, depresión, sobrepeso y obesidad, ataque de pánico, disfunciones circulatorias, insomnio, etc.), son una muestra de ello.

La enfermedad surge, entre otras cosas, porque no existen los mecanismos de descarga, naturales de los seres humanos, funcionando adecuadamente.

Los mecanismos de descarga serían aquellas funciones naturales que implican poder eliminar las sobrecargas. Estas sobrecargas surgen debido a vivir desequilibrados en nuestras potencialidades racionales y sensitivas.

Mucho hay de mente mecánica, de pensar demasiado en lo que debemos hacer, en cómo resolver, en cómo hacer para pagar tal o cual cuenta o cómo relacionarnos con tal o cual persona y tantas cosas más. Esta forma de funcionar genera sobrecargas.

También nos sobrecargamos comiendo en exceso, con la química de los alimentos, de medicamentos y con la contaminación ambiental, con el exceso de trabajo. El estrés es producto de un exceso, de una sobrecarga.

Descargar el exceso significa habilitar en nuestro organismo los mecanismos de descarga naturales que tenemos, que son: una vida sexual normal, un buen funcionamiento intestinal, hepático, renal, respiratorio, circulatorio, mental.

Cuando la persona se conecta con sus sensaciones y su sensualidad ayuda a generar los mecanismos de descarga que el organismo necesita.

La conexión con las sensaciones implica vivir sensualmente, es decir, conectado con los sentidos, en el aquí y ahora, sin pensar, oliendo, gustando, viendo, tocando, percibiendo la vida vitalmente, no pensando incesantemente en lo que pasó, en lo que va pasar, en lo que se hizo o no se hizo, o lo que hizo o no hizo tal o cual persona.

Esa sensualidad tiene que ver con la posibilidad de dejarse sentir, de dejarse llevar por la sensación. La sexualidad forma parte de esto.

Cuando existe un vínculo amoroso y una relación sexual plena, el orgasmo es una consecuencia de esto, algo que ocurre naturalmente, producto del amor y el encuentro entre dos seres que confluyen en alma y cuerpo, siendo esa unión una síntesis del universo.

El orgasmo ocurre como una posibilidad que el cuerpo y el ser tienen de descargar la tensión que se genera debido a la alta atracción entre uno y otro, debido a la sensación física y mental que cada uno experimenta por la cercanía e intimidad con el otro cuerpo. Sentir la piel con la piel, las caricias, el sentir que el otro es el compañero, amante y amado, protector y protegido. Es la sensación de comunión, de entrega al otro y a la vida misma, es no poner trabas, ni barreras, es no esperar que ocurra, ocurre naturalmente, por el hecho de ser humanos y porque la sobrecarga eléctrica biológica, producto de la excitación, necesita por una ley física, descargar. Esa descarga involuntaria es el orgasmo.

Cuando esa descarga se produce en el encuentro, se libera toda la energía acumulada. Es según Wilhem Reich, médico psicoanalista que desarrolló parte de su labor, contemporáneamente y conjuntamente con Freud, el quantum máximo de energía que es capaz de liberar el ser humano, por lo tanto es la mayor descarga que éste pueda liberar y consecuentemente en esa descarga ocurren descargas y el acomodamiento de diversas funciones corporales, que son necesarias que ocurran para que todo funcione armoniosamente y para que exista salud.

En su libro “La función del orgasmo”, Reich, define así:

“La potencia orgásmica es la capacidad de abandonarse al fluir de la energía biológica sin ninguna inhibición, la capacidad para descargar completamente toda la excitación sexual contenida, mediante contracciones placenteras involuntarias del cuerpo. La potencia orgásmica es la función biológica primaria y básica que el ser humano tiene en común con todos los organismos vivos”.

Agrega además que:

“Todo individuo que ha podido preservar un trozo de naturalidad, sabe que solo hay una cosa que anda mal en los pacientes con desequilibrios psicológicos, la falta de una satisfacción sexual plena y repetida”.

“La experiencia clínica señala que el ser humano, como resultado de la generalizada represión sexual, ha perdido su fundamental capacidad de entrega vegetativa involuntaria”.

Reich es llamado el padre de la “orgonomía”, especialidad médica y psicológica de la medicina bioenergética, que trata al individuo comprendiendo el movimiento energético y la posibilidad de liberación de la energía bloqueada, para que se genere el encuentro con la salud. La medicina orgonómica, comprende que la salud deriva del encuentro con la vitalidad primaria del individuo y su capacidad de liberación sexual está íntimamente relacionada con ello.

¿Qué es lo que impide una buena sexualidad?:

1) El exceso de pensamiento y de mente mecánica

Se vive pensando, especulando, en relación a: las tareas a realizar, el dinero que se necesita, en cómo tener éxito, en cómo saber o conseguir más, en cómo ser más reconocido, es decir se vive permanentemente en el más y más. También se vive con el temor a las responsabilidades, se teme no ser aprobado por el resto, se teme a la autoridad, se vive inseguro y se piensa y piensa. Este exceso de pensamiento va en detrimento de nuestras funciones vitales primarias. Cuanto más desarrollo del pensar, menos conexión con lo primario y vital, es decir las sensaciones y menos necesidad y acondicionamiento para el encuentro sexual y para el espacio que un encuentro sexual implica.

Una de las manifestaciones que más se ven en la vida de todos los días es que las parejas no se dan el tiempo y el momento adecuado para el encuentro sexual. Mucha gente se alarma frente a un malestar físico, se hacen los análisis correspondientes, consultan al médico, pero no toman en cuenta la importancia de desarrollar una sexualidad normal, de tener “ganas” y de que además el encuentro sea satisfactorio.

2) El individualismo

El estar centrado en uno mismo, a partir de pensar y pensar, genera una forma de funcionamiento egocéntrico, donde lo único necesario es la satisfacción personal, sin tener en cuenta al otro y sus necesidades. Esta forma de funcionar impide el encuentro con el otro ya que una vida sexual plena, una sexualidad verdadera, un encuentro sexual satisfactorio tiene que ir acompañado del sentimiento amoroso, del interés por el otro, de la admiración por el otro, de la comunión con el otro. Si bien la sexualidad es una función biológica, el ser humano trasciende lo animal a partir de su capacidad amorosa. El vínculo sexual pleno, es aquél que se da a partir de la confluencia de todas nuestras funciones corporales, físicas y psicológicas, si una de las dos no está funcionando, la cosa se desequilibra, es incompleta y por lo tanto genera insatisfacción, por más orgasmos que se hayan experimentado durante el encuentro. También, si cada uno solo está centrado en su satisfacción personal y no contiene al otro en su propia necesidad, la relación entre ambos es frustrante. Esa frustración genera diferentes disfunciones en nuestro cuerpo, mente y espíritu.

3) La ansiedad y el miedo. El miedo al otro

Reich hablaba de la angustia del orgasmo y decía que “por lo general se manifiesta como un miedo generalizado a cualquier tipo de sensación o de excitación vegetativa o a la percepción de las mismas. Ya que la alegría de vivir y el placer orgásmico son idénticos, el miedo general a la vida es la expresión fundamental de la angustia del orgasmo”.

Las dificultades que acompañan la vida sexual de una persona tienen que ver con condicionamientos culturales y miedos generados en función de su historia personal.

La relación primaria con los padres marca la personalidad de un individuo. Para la mujer la relación con su padre es básica y para el hombre con su madre. Esos son los modelos que han de perdurar a lo largo de su vida. Luego el vínculo de pareja que se haga estará teñido de los supuestos conflictos no resueltos, ya sea con uno o con otro de los progenitores o con ambos.

Muchos son los miedos generados en dichos vínculos. La falta de entrega, de confianza, en la relación sexual de una mujer, tiene mucho que ver en cómo fue su vínculo con el padre, la confianza que éste le haya generado, la protección o no que le haya dado, el miedo o no que le haya inspirado.

Las dificultades sexuales en el hombre pueden tener que ver con el miedo a la mujer. Está relacionado también con la madre, con madres sobre-protectoras, absorbentes y también madres ausentes. Es decir, los miedos primarios al abandono o al exceso de protección, al exceso de autoridad, impiden la entrega.

Muchas veces ocurre que no dejamos ir a los niños o niñas que fuimos, existe una resistencia a ser adulto. Solo los adultos tienen una vida sexual natural y normal. La incapacidad, o el miedo a crecer dificultan la posibilidad de entrega, de soltarse frente al otro.

4) La carencia afectiva

Mucho se habla también de adicciones al sexo, o de “sexopatía”.

La necesidad compulsiva a lo sexual, que también es una de las características que se vive hoy en el mundo actual y tal vez en el de siempre, es una sobredimensión que se le da a una función vital, tan parecida a cualquier adicción o compulsión, como la de comer en exceso, a la de beber en exceso, trabajar en exceso o tomar medicamentos o drogas en exceso.

Aquellas personas que hacen o necesitan hacer el amor con uno y con otro o con una y con otra, incesantemente, no hablan más que de un gran vacío existencial, una gran carencia afectiva, un hueco al que no hay manera de llenar.

Tanto hombres como mujeres que salen en revistas o televisión con una sexualidad muy marcada, que necesitan mostrar su cuerpo desnudo o hacer alarde de sus dones naturales, incluso todas las personas que buscan seducir sexualmente, están pidiendo que los miren, que los quieran, que les den atención, ya que internamente se sienten vacíos, no pueden llenarse a sí mismos con su propio manantial de afecto, lo buscan afuera, necesitan de un foco externo para intentar llenarse. Solo que no lo logran y la sensación de inseguridad se perpetúa por más que todas las miradas estén en ellos.

Aquellos otros, a los que les cuesta comprometerse en el vínculo amoroso y que hacen el amor con diferentes personas a la vez, también viven insatisfechas y sienten una profunda desdicha.

5) Los hombres y mujeres de hoy

Hace ya 30 ó 40 años se viene perfilando un estilo, una nueva forma de mujeres y hombres.

Las mujeres hasta ese momento no tenían prácticamente participación en la vida productiva, realizaban labores en la casa, cuidaban a sus hijos y acompañaban a sus maridos.

Los hombres hasta ese momento, desarrollaban únicamente un rol productivo, poco entendían de los cuidados hogareños y de los hijos. Esa era la forma de funcionamiento que se venía desarrollando desde hace cientos de años.

Justamente, más o menos 40 años atrás, las cosas comenzaron a cambiar.

La mujer necesitó salir afuera; el mismo estilo de vida moderna implicaba la necesidad de generar más dinero y eso significó que ésta comenzara a trabajar, a profesionalizarse, a formar parte del aspecto creativo y productivo de la sociedad.

También los valores y paradigmas sociales comenzaron a modificarse, socialmente se comenzó a valorar más a la mujer profesional que a la ama de casa.

El hombre por su lado replanteó el modelo de padre autoritario, ausente de los afectos y el cuidado de la casa, duro e incapaz de manifestar sus sentimientos, llorar, etc. Ese rol fue trasmutado por el de un hombre afectuoso, que cambia los pañales de sus hijos, los lleva a la escuela, a la plaza, lava los platos.

Obviamente comenzó a existir un equilibrio, los roles rígidos fueron transformándose y hombres y mujeres comenzaron a darse cuenta que tenían que equilibrar sus partes masculina y femenina presentes en cada uno.

Otra situación que comenzó a generarse es el hecho de las rupturas de parejas, de familias sin padre o sin madre, donde uno de los dos tenía que cumplir el rol del otro. Las mujeres cuidaban a sus hijos y por otro lado eran las que generaban el dinero para la subsistencia. Muchos hombres también quedaron a cargo de sus hijos y además de generar el dinero para la subsistencia, cumplían un fuerte rol afectivo.

La realidad de hoy es que la mujer desempeña tareas muchas veces hasta más masculinas que las del propio hombre, tareas relacionadas con la creatividad y la productividad y ha encontrado en ellas gratificación y reconocimiento. Ese desarrollo de su parte masculina ha ido en detrimento de sus aspectos femeninos, como ser su sensualidad, su capacidad receptiva y la posibilidad de entregarse y dejarse llevar, no solo por el hombre sino por la vida en si. La mujer ha encontrado en su rol actual  seguridad. De hecho en las grandes empresas prefieren tomar mujeres que varones, ya que pareciera que las mujeres son eficientes y atentas.

El hombre por su lado al desarrollar aspectos femeninos, como el encuentro con lo afectivo, al poder expresarse a través del llanto, al cuidar los hijos, cocinar, se ha sensibilizado y le cuesta encontrar su parte protectora y firme, también, además, se siente descolocado frente a una mujer dinámica, impulsiva, extrovertida y ambos se polarizan en sus roles.

El arquetipo femenino y masculino que hoy se vive, está en el inconsciente colectivo y ya desde chiquitos es notable ver como las nenas parecen llevarse el mundo por delante y los varones están  distraídos y no prestan demasiada atención a los aspectos mundanos.

Este tipo o forma de funcionamiento tiene que tener su implicancia en la sexualidad y en la posibilidad de un buen vínculo sexual. A las mujeres les cuesta entregarse, dejar de conducir, dejar de controlar y a los hombres les cuesta conducir, sostener, proteger, contener.

Si bien es necesario y ha sido un progreso la flexibilidad de los roles, nos resulta difícil a los seres humanos equilibrarnos. No es fácil para la mujer sostener su casa, ser independiente y exitosa económicamente y por otro lado estar dispuesta y darle el tiempo y el espacio necesario a ser un poco “chiquita”, humilde, dejarse llevar. No es fácil para el hombre atender a sus hijos, sacar sus sentimientos afuera y a su vez tener la fortaleza de contener y llevar adelante a mujeres reflexivas, rígidas y ayudarlas a ablandarse. La tarea es fuerte para unos y otros, se trata nada más y nada menos que darse cuenta de sus formas de funcionar y equilibrarlas.

Para que haya un buen vínculo sexual, la mujer tiene que dejarse llevar, dejarse conducir, saber entregarse a lo que vive de instante a instante, no resistir a la vida, dejar de controlar. Si así se vive, el acto sexual es una consecuencia de la forma de vivir, entonces en esa entrega hay plenitud.

El hombre por su lado tiene que saber dar el tiempo que la mujer necesita, saber contenerla en las diferentes situaciones que la vida presenta y saber sostenerla  mientras hace el amor con ella, desarrollar su fortaleza, su capacidad protectora y su firmeza que no es lo mismo que rigidez. Si así vive, el acto sexual es una consecuencia de eso.

El condicionamiento social, dogmas, represión y la influencia de la religión

Durante miles de años lo sexual fue considerado como tabú, el tipo de sociedad autoritaria en que vivimos reprimió y aún sigue haciéndolo, el instinto sexual en niños y adolescentes. Las religiones se han encargado de que así fuera y siga siendo, considerando que la pureza está relacionada con la castidad y virginidad y que lo sucio y oscuro es sentir el placer del encuentro amoroso, considerando a esto como “debilidad de la carne” o la “bajeza del instinto”.

Es decir vivimos durante cientos y miles de años con ese paradigma y por más que filósofos e investigadores científicos, como Schopenhauer, Nietsche, Freud y Reich revolucionaron a Occidente sacando a luz que la sexualidad en los seres humanos es un hecho biológico y que dicha sexualidad está íntimamente relacionada con la posibilidad de una vida sana física y psicológicamente, en todo ser humano está el condicionamiento de tantos años de represión.

Muchas de nuestras capacidades biológicas estuvieron y están teñidas de lo “bueno” y lo “malo”.

En la primera etapa de la vida, los padres, producen mucho daño en relación a la limpieza de los excrementos, a las exigencias de ser “bueno” y al castigo por ser “malo”. Si se es dócil se es bueno, si se es rebelde se es malo, si hay control se va bien por la vida, si no lo hay se es alocado y así tantos más condicionamientos.

Los bebés ya al año comienzan a hacer un descubrimiento de sus órganos sexuales, comienzan a tocarlos, también a descubrir sus excrementos y desde ese momento comienza la represión y se nos inculca la idea de que las funciones primarias son “sucias”.

Para la sociedad todo lo relacionado con lo sexual ha sido sinónimo de negatividad, ocultamiento. Cuántos hemos crecido con la imagen de la cigüeña, que por arte de magia traía al hermanito, cuántas mujeres ni siquiera sabían qué eran esas manchas de sangre que aparecían a los 13, 14 años. Cuántos chicos a los 13 años eran y aún siguen siendo llevados por sus padres, tíos, abuelos a una prostituta para comenzar su vida sexual. Cuántas chicas tenían su primer contacto sexual de forma traumática, ocultándolo y sintiendo vergüenza por ello.

La represión sexual ha sido mucha y nuestro comportamiento sexual está íntimamente relacionado con el condicionamiento cultural, con una sociedad que ha sido autoritaria y machista por cientos de años. Ese autoritarismo y machismo, esa veneración por la imagen del hombre en detrimento del de la mujer, por más desarrollo tecnológico, por más cambio de roles, por más que los roles se están flexibilizando, aún sigue actuando en el inconsciente colectivo. De tal forma actúa, que el desenfreno sexual que también hoy se vive, no es más que la cara opuesta de la misma moneda, es una respuesta desequilibrada a un extremo desequilibrado vivido anteriormente.

Para que exista una buena sexualidad es necesario poder ser consciente de los condicionamientos de una sociedad represiva como también de aquella que impone el sexo porque sí.

Disfunciones sexuales

Varios son los síntomas de un desequilibrio en la sexualidad, pero ninguno de ellos es permanente o crónico si se le pone la atención necesaria para poder resolverlo. Las disfunciones sexuales tienen causas psicológicas y físicas, nunca es una sola de ellas, sino que ambas se interrelacionan.

Entre los síntomas podemos mencionar:

La falta de interés por el vínculo sexual, lo llamado comúnmente: “falta de apetito sexual”, la dificultad en muchas mujeres por llegar al orgasmo, los problemas en los hombres por la falta de erección o por la eyaculación precoz, o por la erección, pero sin capacidad de eyaculación.

Si bien se vive una sociedad aparentemente sexualizada, donde a través de los medios de difusión masiva lo sexual ocupa un valor tan importante, justamente pareciera ser que esa reiteración por lo sexual, esa sobre-valoración, encierra, justamente la falencia al respecto.

La función sexual y la posibilidad de vivir el orgasmo son funciones vitales como tantas otras: el buen funcionamiento intestinal, el ritmo circulatorio, la capacidad respiratoria, la menstruación en las mujeres, el buen funcionamiento del aparato digestivo, el funcionamiento endocrino.

Existen causas psicológicas que impiden una buena vida sexual, muchas de las cuales ya hemos mencionado anteriormente, además de la posible falta de atracción verdadera y profunda por el otro, de la falta de tiempo que el hombre le da a la mujer, el no sentirse enamorado, el no confiar en la otra persona, sentir que el otro es un desconocido, el sentir que el otro no es lo que uno realmente quiere, el temor a encontrar una persona que realmente lo satisfaga y la inseguridad personal que hace que uno esté con el que no es con quien quiere estar…

Desde el punto de vista físico concretamente, existen disfunciones que también impiden el encuentro y que no por ser físicas, no dejan de estar teñidas de los aspectos psicológicos, ya que un aspecto se retroalimenta con el otro y todo es un gran entramado.

Temores e inseguridades que vivimos hacen que se bloqueen en partes de nuestro organismo energías que en la medida que comprendamos nuestras inhibiciones y conflictos podremos liberar. Los problemas físicos hay que tratarlos física y psicológicamente. El condicionamiento cultural juega en este caso un papel muy importante.

En las mujeres algunos de los problemas físicos más comunes pueden ser la presencia de hongos vaginales, las llamadas vaginitis, que muchas veces son alergias a determinados alimentos (harinas, lácteos, grasas animales, azúcar, alcohol), falta de una buena lubricación debido a una falta de estrógenos, sobrecargas hepáticas que generan inflamación de la zona abdominal y disminuye la energía sexual, problemas circulatorios que impiden que la energía fluya correctamente a esa zona, cistitis, inflamación de la vejiga.

En el hombre las disfunciones que pueden impedir una buena actividad sexual son: inflamación de la próstata, inflamación de la uretra, exceso de alcohol, exceso en el consumo de carne, tabaquismo, deportes exigentes que extenúan, exceso de trabajo, de estar horas en Internet.

Para ambos: sobrecargas circulatorias, hepáticas, hipertensión, abuso en el consumo de carnes, alcohol, tabaco. Para ambos, también, las dificultades pueden sobrevenir debido al consumo de medicamentos antihipertensivos y ansiolíticos. Otra razón importante que afecta a todo ser humano es la falta de vitalidad, falta de horas de descanso.

Formas de resolución

Los hongos vaginales pueden resolverse a partir de modificar la calidad de la sangre, dejando de consumir aquellos alimentos que los proliferan (lácteos, harinas, alcohol, azúcar, aceites, alimentos fermentados en general). En estos casos es bueno tratar de modificar el ph vaginal con tampones embebidos en yogur natural o bien tampones hechos con una gasa embebida en aceite de germen de trigo que envuelva un diente de ajo, o bien supositorios vaginales de caléndula, baños de asiento calientes con agua hervida en manzanilla, malva y salvia, diariamente. Estos baños son calientes a una temperatura accesible para el cuerpo. Para la falta de lubricación vaginal, debida a la carencia de estrógenos es importante consumir dos veces por semana queso de soja orgánico, tomar té de anís verde, consumir avena y ó salvado de avena, todos estos alimentos contienen fitoestrógenos naturales, también utilizar tampones vaginales embebidos en aceite de germen de trigo o de sésamo.

Para los problemas de inflamación de próstata en los hombres es aconsejable el consumo de Vit. E a partir de las semillas de zapallo y germen de trigo tostado, diariamente, incorporado a la sopa de verduras de todos los días o al yogur orgánico en el desayuno o a la compota de frutas. Evitar carnes y productos lácteos, consumir más vegetales y verduras y la práctica diaria de hidroterapia fría en esa zona. El último golpe de agua fía en la ducha en la zona, activa la circulación de esa parte del cuerpo y beneficia el funcionamiento de la próstata.

Como siempre decimos, estas indicaciones son válidas en un contexto de cuidados generales, no sirve por ejemplo, comer el queso de soja dos veces por semana y mientras tanto no cuidar el organismo de otras formas.

De hecho que una vida natural, donde la alimentación juega un papel importante, lo mismo que la actividad física y la comprensión de los estados emocionales, redundará en una mayor energía vital.

Para poder hacer el amor bien, hace falta energía. Hace falta darse el tiempo, el espacio, y sentirse sexual, vital. Si hay desvitalización nada puede alcanzarse. Para que haya vitalidad es necesario que las funciones corporales mencionadas funcionen, para ello una vida más natural es básica. Sexualidad es sinónimo de vitalidad.

Para poder generar una descarga orgásmica es necesario que haya una carga de excitación que vaya creciendo y creciendo, para que eso crezca, hace falta energía y atracción verdadera por el otro. Cuando se llega al límite naturalmente existe la descarga, pero a veces el límite no llega por falta de vitalidad y también por la sensación psicológica de sentirse débil, incapaz de llegar, no entregado, queriendo controlar la sensación, esperando llegar a algo.

Lo que una buena sexualidad genera en los individuos, sociedades primitivas, sexualmente libres

Reich dice, en su libro “La función del orgasmo”:

“A principios de 1926, Malinowski, señaló que la relación niño-padres cambia con los procesos sociales, es decir que es de naturaleza sociológica y no biológica.

Entre los isleños de las islas Trobiands, por ejemplo, no es el padre, sino el hermano de la madre quien determina la educación de los niños. El padre sólo desempeña un papel de amigo para sus hijos. Los niños de las islas Trobiands no conocen represión sexual alguna y no existen para ellos secretos sexuales. Su vida sexual se desarrolla naturalmente, libremente y sin obstáculos a través de cada etapa de su vida, con plena satisfacción. Los niños realizan con libertad las actividades sexuales correspondientes a sus edades. Por esa razón la sociedad trobriandesa no conocía ni perversiones sexuales, ni psicosis funcionales, ni psiconeurosis, ni crímenes sexuales. Los niños trobriandeses desconocían el estricto y obsesivo entrenamiento para el control excrementicio, son espontáneamente limpios, ordenados, sociales sin compulsión, inteligentes e industriosos. La forma socialmente aceptada de vida sexual es la monogamia espontánea sin compulsión, una relación que puede disolverse sin dificultades, en consecuencia no hay promiscuidad.

El factor determinante de la salud mental de una población es el estado de su vida de amor natural.

En estas islas la relación sexual comienza cuando la pubertad lo exige. La vida sexual de los adolescentes es monógama: se cambia de pareja tranquila y ordenadamente, sin celos violentos. Se les facilita la vida sexual proporcionándoles chozas donde pueden estar solos. Los isleños no solo han desarrollado altamente la agricultura, sino que debido a la ausencia de tendencias secundarias, han mantenido un estado general de cosas que parecería ser un sueño a cualquier nación europea.”

La antropóloga Margaret Mead, en sus investigaciones de sociedades primitivas, también llegó a las mismas conclusiones, en el sentido que la libertad sexual desde niños permitía un desarrollo mayor de la bondad, sin las neurosis, violencia y egoísmo característicos de nuestra sociedad.

 

Qué genera una buena sexualidad

El amor cura física, emocional y mentalmente. Estudios realizados antiguamente en China y en la India ya tenían en cuenta el hecho de que la expresión sexual tenía el poder de transformar la energía personal. Además sugerían que el sexo tenía posibilidades curativas en los principales órganos del cuerpo humano: corazón, riñones, hígado y páncreas, ya que éstos se encargan de enviar al cerebro los correspondientes impulsos nerviosos.

Cada vez hay más demostraciones de cómo la actividad sexual, en un marco de una relación amorosa satisfactoria, genera bienestar no sólo psíquico sino físico.

En el momento del orgasmo el cerebro libera de forma natural una hormona llamada serotonina, que en este caso, es la encargada de aumentar el sentido de equilibrio y la sensación de bienestar.

Sentirse sexual

Para que una buena sexualidad pueda llevarse a cabo es necesario sentirse sexual.

¿Qué significa esto?

Sentirse ser parte de la especie humana, en el sentido más primario.

Hemos perdido nuestro ser primario, ser hembras y machos, pero no en el sentido ordinario que se le da a esta expresión, sino ser “bichos”, sentir que palpita el corazón frente a la presencia del otro, sentirnos sensuales, sensitivos, capaces de conmovernos frente a una caricia, frente a una sonrisa, admirarnos de los otros, de sus cualidades, estar enamorado de la vida, ver la belleza en todas sus manifestaciones, no solo en lo convencionalmente bello, sino en aquello incluso miserable, es decir poder apreciar todo, todos los aspectos de la vida.

La vida de hoy, robotizada, nos aleja del sentir, de la capacidad perceptiva y solo vemos a través del juicio, de la medida, escuchamos y vemos a partir del condicionamiento y no de la vivencia.

Es necesario utilizar todas nuestras capacidades, la racional, reflexiva y la sensorial, sensual, sexual. Para poder tener una vida sexual normal es necesario sentirse sexual.

La importancia de una buena sexualidad en relación a la salud

Investigaciones recientes muestran las siguientes ventajas en relación a la salud y el acto sexual:

-Que durante el orgasmo, el pulso y la presión arterial se duplican por efecto de las hormonas oxitocina, lo que hace suponer que el acto sexual tiene un efecto cardioprotector. Algunos especialistas señalan que las personas que disfrutan del sexo tienen menos ataques al corazón.

-Beverly Whippie, de la Rutger University, en New Jersey, descubrió que durante el clímax femenino, se activan centros analgésicos del cerebro medio. Estos ordenan la liberación corporal de endorfinas y corticoesteroides que atenúan el dolor crónico de espaldas, la artritis y las migrañas.

-Las personas satisfechas con su vida sexual son menos vulnerables a sufrir depresión e intentos de suicidio.

-La oxitocina, podría prevenir el cáncer de mama en la mujer y una investigación australiana asegura que los hombres de 20 a 30 años que eyaculan más de 5 veces a la semana son un 30% menos propensos a desarrollar cáncer de próstata.

-A diferencia de la abstinencia, la actividad sexual podría reforzar algunos elementos inmunológicos, como ciertos anticuerpos o inmunoglobulinas que ayudan a combatir las infecciones.

-La práctica cotidiana del sexo alarga la vida quizá por la función protectora hacia el corazón y el sistema inmunológico.

La conexión con los sentidos

Nuestra conexión fundamental con los sentidos es a partir de la vista, es el sentido más desarrollado, todo o prácticamente todo nos llega fundamentalmente a través de lo que vemos.

En relación a esto, es importante darse cuentas que es muy diferente mirar que “ver”. Mirar miramos todos, pero poco es lo que vemos.

Ver significa, meterse en el otro, o en lo otro, ver con intensidad, descubriendo, incluso el verse uno mismo no es superficial, implica meterse profundamente en uno.

Poco es lo que vemos en los otros, no nos damos cuenta lo que siente el que está al lado, nuestra atención está centrada en uno mismo. El ver implica una comunión, un sentirse uno con lo visto.

Si bien poco es lo que vemos, mirar miramos y pareciera que nuestra relación con la vida se centra casi exclusivamente a través del mirar.

Al estar el sentido de la vista más desarrollado se ha perdido el encuentro con los otros sentidos.

El no desarrollo de los mismos impide conectarse con la vida a través de ellos. Si hubiera  conexión con los sentidos pensaríamos menos. Nuestros sentidos están reprimidos, anulados.

Difícilmente generamos silencio interior, esta falta de silencio impide que nos conectemos con lo externo a partir del tacto, del gusto, del oído, del olfato. Hablamos demasiado, tanto ruido generamos que esto contribuye a que se atrofien nuestras posibilidades de conexión con lo más primario que somos.

Ejercicios para el desarrollo de los sentidos y las sensaciones

Los siguientes ejercicios no son una serie de reglas para una buena sexualidad, sino que lo que se intenta con ellos, es transmitir formas naturales que den la posibilidad de un mayor encuentro con las sensaciones y de esta manera poder estar sensible, dispuesto, perceptivo a la vida en general.

Para que esto pueda concretarse, el encuentro directo con la naturaleza es fundamental a través de sus elementos: aire, tierra, fuego, agua. El contacto con dichos elementos sensibiliza.

Poder caminar descalzo por la tierra y arena, impregnarse de barro o arcilla, recibiendo  el contacto directo con la tierra, fuente de potencia, vigor y sensualidad.

Tomar baños cuantas veces uno pueda. Por ejemplo, los baños de inmersión, sintiendo las caricias de una agua tibia, usando diferentes aromas (lavanda, menta, rosas, geranio…), usar esos aromas diariamente sobre la piel, a través de automasajes, desarrollando de esta manera el sentido del olfato y del tacto, usar aromas en la casa, en el cuarto, en el lugar de trabajo. Permanecer en contacto con el agua de ríos, mares, arroyos, poder percibir la sensación de los peces, de las lagartijas en la arena, sentirse como un bicho que queda posado horas sobre una piedra recibiendo la fuerza del sol, ser  “bicho”, menos pensante, más sensaciones, más primitivos.

Estar desnudo cuanto mayor tiempo uno pueda, mirarse desnudo en el espejo, sin poner el acento en los rollos o las carnes flojas, sino verse natural, humano, sensual y sexual, más allá de la apariencia física convencional.

Sentir el tacto de texturas suaves, madera, bronce, piedra, sedas, algodones, plantas, flores…

Aprovechar los lugares donde uno pueda bañarse desnudo en mares o ríos.

Percibir la belleza del contacto físico con el otro.

Movilizar a partir de diferentes ejercicios el segmento bajo del cuerpo, segmento pélvico, a través de prácticas diferentes, como para la mujer por ejemplo la danza del vientre, llamada también danza árabe o danza de la fertilidad, que ayuda a rescatar el valor de lo femenino.

En hombres y mujeres, buscar de realizar tareas de contacto con la naturaleza, con la tierra como fuente de sensualidad, como ser jardinería, huerto; también bailar, entregarse a la danza, incluso para ambos, aprender a bailar el tango, danza que implica para el hombre, la posibilidad de tener que guiar, conducir a la mujer y para la mujer la posibilidad de aprender a dejarse llevar.

Ejercicios diarios para ambos, que movilicen la zona pélvica, simplemente fijando la atención en un punto a 5 dedos bajo el ombligo, levantando la pelvis, con los pies apoyados en el colchón o piso y al levantar la pelvis apoyar la cintura, al apoyar la cintura levantar la pelvis. Hacer este ejercicio cotidianamente mientras se escucha una música agradable y se huele un aroma especial.

La capacidad de entrega, el aprender a morir

Es muy común en nuestra vida de todos los días resistir los diferentes acontecimientos que se nos presentan, resistimos los cambios de edad, resistimos las enfermedades que aparecen, resistimos los problemas con la pareja, con los hijos, con el trabajo, en verdad resistimos la vida.

Frente a las dificultades nos paralizamos y no tenemos la ductilidad de saber cambiar ante las circunstancias, no hemos sido educados para eso.

Nos aferramos a las cosas, situaciones, personas y nos cuesta dejarlas ir, soltarlas, incluso formas de ser que sabemos que son un perjuicio para nuestro vivir diario, hábitos que no podemos dejar aunque sabemos que son nocivos.

Esto tiene mucho que ver con la relación que tenemos con la muerte.

En el Oriente se educa en relación a la muerte desde los primeros años de vida.

En Japón, específicamente, ya desde temprana edad se pone a las personas en contacto con la enfermedad y se les muestra cuando alguien está muriendo. Se educa en el concepto de que toda manifestación de vida es sagrada, sea cual fuera ésta. Esta forma de educación permite a las personas no temer la muerte, como en general nos ocurre.

En la vida en el campo los niños están más en contacto con la muerte que en las ciudades, ven morir animales y están acostumbrados a hospitales y cementerios.

El aprender a contactarse con la muerte desde niños permite comprender que la vida lleva implícito el concepto de muerte, de un nacer y morir, de un comienzo y un fin en todo lo existente, de un saber dejar ir.

Morir psicológicamente significa perder la conciencia, dejar de controlar, de pensar. Entregarse es, justamente, el dejar de pensar y eso es lo que dificulta la entrega: el pensar.

Creemos que pensando estamos más seguros, creemos que pensando solucionaremos algo y es que, cuando no pensamos, es cuanto más energía se genera en uno mismo, para encontrar luego las respuestas necesarias frente a determinadas situaciones. Obviamente reflexionando encontramos respuestas a problemas de la vida, pero el exceso de pensamiento, el pensar sin tregua, agota nuestras funciones corporales y mentales.

En el acto sexual la entrega entre ambos es la posibilidad de zambullirse uno en el otro, de conectarse con el otro a través de las sensaciones, como dejarse morir cada uno en el otro, sin conciencia.

Aprender a morir es vivir de instante a instante, sin el pensamiento sobre lo que pasó o lo que va a pasar. Cuando así se vive es posible un encuentro amoroso pleno, dónde involuntariamente ocurre el orgasmo, no como búsqueda o final, sino como algo natural que ocurre, producto del no pensamiento y sí de la entrega al momento, sin inhibiciones o elucubraciones inconscientes.

Es importante entender que el encuentro amoroso no necesariamente implica el orgasmo; ya que el hecho de estar juntos, sintiendo la energía amorosa que cada uno trasmite al otro ya de por sí es curativa, saludable, generadora de plenitud. Si la entrega existe, si la comunión se da, lo otro ocurrirá naturalmente sin proponérselo.

En el encuentro íntimo, sexual con otro ser, se genera una ósmosis de energía que emana de uno hacia el otro recíprocamente, en ese encuentro cada uno le transmite al otro todo lo que es, física y psicológicamente, es la unión más cercana que dos seres humanos puedan tener, por lo tanto es casi, se podría decir, uno de los actos más sagrados que puede haber en la existencia de un ser humano. Poder vivir la sexualidad de esa forma, con ese sentido de lo sagrado, nos hace sentir vivos, vitales, sanos.

 

Bibliografía: “La Función del Orgasmo” Wilhelm Reich- Editorial Paidós, 1984

”Amor curativo a través del Tao”- Chia Mantak y Winn Michael- Editorial Mirach,1992

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