La Tristeza Y Su Relación Con La Falta De Serotonina

La Tristeza Y Su Relación Con La Falta De Serotonina

Es común escuchar hablar de pandemias, refiriéndose fundamentalmente a la gripe, que supuestamente amenaza los diferentes continentes y supuestamente también, la posibilidad de vida de tantos seres humanos.

¿Es en verdad la gripe la pandemia? ¿O la real pandemia es la tristeza prolongada, la sensación permanente de soledad, el desgano, la desmotivación, la falta de interés, la mecanización? Todas estas sensaciones, si fueran pasajeras serían algo natural en cualquier ser humano. Pero, justamente el problema, es que se trata de estados que se perpetúan en el tiempo, terminan siendo una manera de vivir y a veces y en muchos casos terminan en estados de severa depresión, con la consecuente incapacidad de poder funcionar en el día a día.

¿Cómo se percibe que las personas están tristes?

Es muy común encontrar personas con las siguientes características:

Sensación de cansancio permanente, abatimiento, ganas de no levantarse a la mañana, e incluso quedarse el día entero en la cama, dormir muchas horas o no poder conciliar el sueño, incapacidad de tomar decisiones, sensación de ser víctima de las circunstancias, mal humor, quejido constante, incapacidad de hacer frente a la adversidad, incapacidad de lograr vínculos armónicos, incapacidad de conectarse con las sensaciones, permanente parloteo mental, sensación constante de insatisfacción, de rechazo y enojo consigo mismo y con las demás personas, no tener proyectos de vida y si los hay dificultad para concretarlos, sensación de ansiedad y temor, juicio hacia sí mismo y hacia los otros, incapacidad de aceptar el transcurrir de los años y amorosa y dignamente la madurez de la vida y la vejez, sensación de congelamiento en los sentimientos, incapacidad de registrar lo que se siente, conductas compulsivas frente a los vínculos, el trabajo, la comida, la bebida, el juego, drogas, medicamentos y básicamente incapacidad de encontrar la dicha de vivir porque sí.

Los aspectos sociales y la necesidad de “ser” y de “ser parte de”

Es bastante evidente que vivimos en un mundo materializado, donde el valor fundamental es el tener y nunca pareciera ser suficiente lo que se tiene, aunque las necesidades básicas estén resueltas.

El sistema socio-económico en el que vivimos se basa en la necesidad de que cada persona consuma lo necesario para poder mantener el estado actual de las cosas. Cuanto más se consume más se produce y se vende. El exceso en el consumo y la necesidad de que todos tengan lo suficiente genera competencia, comparación y necesidad de tener y ser más que el otro. La envidia es otro sentimiento unido a la comparación y la competencia. Los medios de comunicación se encargan de exacerbar estos sentimientos, generando el deseo de tener esto o aquello, o de ser exitoso/a, lindo/a.

Si alguien no puede acceder a dar a sus hijos tal ropa de marca o el último modelo de celular o televisor, o el psicólogo o la obra social más completa, o el colegio bilingüe, o la zapatilla de marca que todos usan, adviene una sensación de impotencia, tristeza, abatimiento. Mismo que se logre comprar lo último de lo último, el esfuerzo por lograrlo, implica también un fuerte gasto de energía. De una u otra forma la persona lucha, se esfuerza. Se esfuerza para “ser” reconocido, valorado, querido y aceptado por sus más cercanos y por la sociedad toda. Cuánto más compre y tenga más valorado ha de ser. Esto es lo que siente.

También siente que la vida es lucha, esfuerzo por lograr, conseguir.

Otro aspecto a tener en cuenta es la fuerza que tiene el modelo estético vigente, que es el de ser eternamente joven. Se cree que con tal o cual cirugía, o tal o cual marca de ropa, se va a ser aceptado y valorado. Pero ocurre que cuando ya la cirugía se hizo y la ropa se tiene, igual la sensación de tristeza y soledad sigue operando. El querer ser distinto a lo que se “es” significa también esfuerzo físico y psicológico.

Vivimos divididos, entre lo que “somos” y lo que “quisiéramos ser”: soy gordo, quiero ser flaco, tengo arrugas quiero no tenerlas, me siento frágil, vulnerable, débil, quiero ser fuerte, exitoso y arremeter en la vida, mi marido se fué con otra y me siento abandonada, quiero que me quiera y me elija a mí. Soy violento quiero ser manso, sereno…. El querer que las cosas sean distintas a lo que son implica esfuerzo, y todo esfuerzo termina desgastando.

Cualquier máquina, a la que se le da un uso mayor del que pueda tener, se agota.

¿No es que nosotros terminamos agotados por tanto esfuerzo y lucha en querer ser distinto de lo que somos, en querer tener más, ser mejores, ser más lindos, jóvenes, exitosos, en querer “más”?

Aún teniendo el último modelo de televisor, la ropa de marca que sale en la revista, el celular última generación, el rostro sin arrugas, haber bajado de peso y tener un cuerpo esbelto, viajar por el mundo, estar el día entero en el gimnasio, hacer la mejor dieta…, igual la sensación de tristeza persiste.

Pareciera que la tristeza fuera una enfermedad contagiosa, epidemia, no hay nada que la quite, no hay antídotos contra ella, porque ni las pastillas, ni el chocolate, ni el alcohol, la comida abundante o la mejor dieta, la quitan.

¿Puede ser que sea el desamor del mundo en que se vive la causa de este problema que azota a casi gran parte de la población mundial? ¿Es que el amor viene de afuera hacia adentro o será que ocurre a partir de ser consciente del desorden?

Siempre hubieron personas tristes, deprimidas, pero pareciera ser que ahora hubiera muchas más aún.

Cabe destacar que la tristeza como sensación ocasional, no permanente, es algo natural en los seres humanos.

Uno de los problemas que también se presenta, es el esfuerzo por no estar triste y querer mostrarse siempre alegre. El mostrar algo diferente a lo que subyace, termina deprimiendo, porque la verdad en algún momento intenta expresarse. Hoy existe una suerte de apología de la alegría, hay que estar bien sea como sea, esta exigencia termina generando lo contrario. Resistir la tristeza la hace persistir.

…Vivimos divididos, entre lo que “somos” y lo que “quisiéramos ser”…

La vida en las ciudades y la falta de contacto con la naturaleza

Es muy difícil estar bien alejado de la fuente natural de la vida: aire puro, oxígeno suficiente, plantas, espacio, una mirada que pueda extenderse al horizonte, percibir los diferentes colores: verdes, azules, ocres, lacres, estrellas, escuchar el silencio, mirar las nubes, ver animales, pájaros, escuchar sus sonidos, incluidos los del viento, sentir la brisa del aire en la piel, en el rostro… ¿Vemos la importancia de conectarnos con lo esencial?

Somos parte del universo, tenemos la misma esencia que todo lo existente. Si bien el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación, nuestra estructura, nuestras funciones corporales, sensitivas, psíquicas y físicas han sido diseñadas para desarrollarse armónicamente en un entorno similar, a lo que esencialmente somos.

Requiere una gran capacidad de adaptación vivir sin aire puro para respirar, sin un horizonte para poder extender la mirada, sin silencios y además en contacto con personas abatidas y nerviosas. Todo esto le significa al ser humano un gran esfuerzo. El smog, el cemento, el ruido, el hacinamiento, la violencia es lo que hay en las ciudades.

Cada vez es mayor el número de personas que se van a vivir a los centros de mayor población. Si bien es cierto que hay un éxodo de los que salen de las ciudades para vivir en el interior, los bolsones de pobreza aumentan en las ciudades, la gente busca los centros poblados en aras de la seguridad económica.

La vida tranquila de los lugares del interior, el aire limpio y el verde  ayudan a serenar el sistema nervioso. No quiere decir que aquellos que viven en el interior no sientan tristeza o tengan problemas de salud o emocionales, pero las chances de sosiego y tranquilidad son mayores, hay espacio y tiempo para compartir con la familia, los amigos, para cocinar la propia comida. Hay mayor tiempo disponible, está la energía de las plantas, animales, montañas, lagos, ríos, mares, que más allá de la voluntad personal penetran en cada uno equilibrando la psiquis y el cuerpo. Aunque no se esté afincado en el campo o en ciudades pequeñas, es importante buscar estar lo más posible, cerca de la naturaleza, esto ayuda en cuanto a la posibilidad de vitalidad, ganas, alegría de vivir.

Las personas creen que se sienten más segura en medio de edificios, negocios y muchas personas. Pero paradójicamente e incluso estadísticamente, se sienten solas, tristes. Los índices de suicidio son mayores en las ciudades que en el campo, el cáncer y las enfermedades cardíacas se dan más, considerando el mismo número de personas, entre las que viven en ciudades que entre las que viven en el campo o ciudades pequeñas.

La falta de comunicación

Existe una incapacidad en los seres humanos de comunicarse. Cuando no hay buena comunicación, cosa que es tan común entre las personas, existe la sensación de soledad, de ensimismamiento y tristeza, las personas se aíslan, se abroquelan.

No saber comunicarse significa confrontar, descalificar, no saber decir lo que se siente o piensa, agredir, ironizar, desvalorizar, ser autoritario, miedoso o sentirse por debajo o por encima del otro.

El consenso entre dos personas o un grupo, la aceptación de las diferencias y el saber expresarse con respeto, son elementos claves para una buena comunicación.

Como en general nos cuesta comunicarnos sin miedo, enojo, culpando o poniéndonos por encima o por debajo, para evitar estos sentimientos, no hablamos, callamos, no nos expresamos y no nos vinculamos. El resultado de esto es un mundo con personas separadas unas de otras.

El individualismo y el auto-centramiento

La salud no es la ausencia de enfermedad, sino que entre otras cosas es la capacidad de saber “dar” y saber “recibir”.

La competencia, la falta de una buena comunicación, la sensación de soledad, el vivir en pos del tener, la incapacidad de conexión con los otros, la falta de humildad, el querer ser dueño de la verdad, todo esto va generando auto-centramiento e individualismo. En este estado, nada entra ni nada sale de uno, la persona se abroquela, vive encerrado, como si estuviera dentro de una armadura.

Cuando nada entra ni nada sale de uno, cuando existen murallas con el exterior, la sensación de tristeza se prolonga.

La falta de energía vital – El estado de viveza

Alexander Lowen, médico psiquiatra, autor de diferentes libros, entre los cuales se encuentra: “La Depresión y el cuerpo” Alianza Editorial, 1982, habla de la salud como un estado de “viveza”, con lo que quiere significar el estar despierto, vivo, vital, con ganas y energía para dar respuestas al vivir cotidiano. Para este autor, el estado de “no-viveza”, de tristeza permanente y desgano, tiene su raíz entre tantas otras cosas, en la desvinculación del niño en sus primeros años de vida con la madre.

El autor hace referencia a sus experiencias como psiquiatra de haber atendido a muchas personas con estados de tristeza profunda y depresión que en su infancia carecieron de la mirada amorosa de la madre. Madres ausentes, madres presentes físicamente, pero ausentes en cuanto a su interés concreto en sus hijos, madres que no han podido expresar su amor, aunque lo sintieran, madres imbuidas de sus propias problemáticas que no han podido dar esa sensación de seguridad en el afecto maternal que todo individuo necesita.

Sin embargo, muchas personas han carecido de la ausencia materna, en los primeros años de vida, pero fueron criadas por abuelas u otras personas que se han hecho cargo amorosamente y le han transmitido a la persona seguridad y la sensación de “madre”.

La sensación de madre va más allá de la propia madre. Es la sensación de vida, que tiene que ver con algo más abarcativo, protector, imbuído de lo sensitivo, lo sensual. Cualquier niño que no recibe esa fuerza en sus primeros años de vida, le significará, que luego en su adultez, tenga que generarla por sí mismo.

Podríamos decir que la sensación de “padre”, tiene que ver con los aspectos racionales, reflexivos, concretos de la vida.

La falta de uno u otro aspecto incompleta al ser humano en su capacidad de plenitud y dicha.

No podemos responsabilizar a la actitud de nuestros padres, en cuanto a nuestra capacidad de alegría o vitalidad o capacidad racional o reflexiva, pero si podemos ver las carencias afectivas, ver los hechos tal cual son o tal cual fueron.

Muchas veces por la necesidad de seguir viviendo, actuando o funcionando coherentemente, dando respuestas acordes al vivir cotidiano, negamos nuestra realidad. Esto nos permite seguir viviendo, pero por algún lado la cosa sale y en alguno de nuestros vínculos afectivos, laborales, esa negación se hace evidente, a partir de ciertas actitudes.

El mandamiento de “Honrarás a tus padres” lo llevamos impregnado en la piel… es un fuerte condicionamiento. De esto surge, que muchas veces no vemos lo que “es” sino que armamos una historia de lo “que debería ser”, para que nos resulte más fácil seguir viviendo. Ver los hechos como son, por más dolorosos que sean, nos libera. La comprensión es liberadora, permite a uno rearmarse,“repartirse”,“renacer”. Comprender la propia historia no significa responsabilizar a otros, sino  justamente comprender, dejar salir, ser consciente. Esa experiencia de comprensión visceral y racional es liberadora y transformadora, siempre y cuando no le pongamos juicios de valoración.

Cuando la persona puede unir sus aspectos racionales, reflexivos, sensitivos y sensuales, se convierte en su propio manantial de energía y vitalidad, con lo que comienza a confiar en sí misma, en los otros y en la vida. El confiar en las propias capacidades, en la de los otros y en la de  auto-regulación que la misma vida tiene, puede ser lo que dé lugar al gozo y disfrute de la vida. A esto cabe agregar también, que la capacidad de plenitud aparecerá cuando uno empiece a desfocalizarse, a sentir que uno no es el eje del mundo, que no todo gira a alrededor de uno, que el auto centramiento es destructivo y lleva al sufrimiento, que la única forma de plenitud adviene cuando el mí mismo comienza a desaparecer y la actitud amorosa hacia la vida es lo que prevalece en uno. Actitud amorosa que significa, cuidarse y cuidar a todo lo que a uno le rodea.  

¿Es un mal de la época actual o de siempre?

Siempre existieron personas con tristezas profundas, deprimidas, pero en la actualidad es mucho mayor el número de ellas. El hecho de que hoy esta problemática se haya convertido en epidemia, tiene mucho que ver con los aspectos que hemos mencionado y con los que haremos referencia a continuación.

Los neurotransmisores y la salud

Existe hoy una nueva ciencia llamada psico-neuro-inmuno-endocrinología, dentro de las llamadas neurociencias, que estudian la relación entre los neurotransmisores u hormonas o péptidos, que son la manifestación biológica de nuestras emociones. Éstos son segregados por el cerebro, se alojan en el torrente sanguíneo y hacen a la calidad de nuestra sangre.

Según el Dr. C. George Boeree,  del Departamento de Psicología, de la Universidad de Shippensburg: “Los neurotransmisores son las sustancias químicas que se encargan de la transmisión de las señales desde una neurona hasta la siguiente a través de las sinapsis. También se encuentran en la terminal axónica de las neuronas motoras, donde estimulan las fibras musculares para contraerlas. Ellos y sus parientes cercanos son producidos en algunas glándulas como las glándulas pituitaria y adrenal”

Estos neurotransmisores son, por ejemplo, la adrenalina, la serotonina, las endorfinas, el cortisol, la dopamina, la acetilcolina, la melatonina, la oxitocina y otros…

Mucho o poco de los mismos están asociados a diferentes estados emocionales. Por ejemplo la ausencia de melatonina tiene que ver con la incapacidad de poder conciliar el sueño. La adrenalina, en mucha cantidad, genera estados de ansiedad, miedo, nerviosismo y está asociada a la presencia del estrés.  El cortisol, promueve las conductas relacionadas con estados de resentimiento, rencor y a su vez acelera el envejecimiento. Una presencia importante de dopamina tiene que ver con estados de agresividad y su ausencia con la incapacidad de respuestas ante la agresividad.

Según el Dr. George Boeree, “La acetilcolina, por ej. tiene diversas funciones, es la responsable de mucha de la estimulación de los músculos, incluyendo los músculos del sistema gastrointestinal. También se encuentra en neuronas sensoriales y en el sistema nervioso autónomo, y participa en la programación del sueño.

El famoso veneno botulina funciona bloqueando la acetilcolina, causando parálisis. El derivado de la botulina llamado botox se usa por muchas personas para eliminar temporalmente las arrugas, una triste crónica de nuestro tiempo, diría yo. Haciendo un comentario más serio, existe un vínculo entre la acetilcolina y la enfermedad de Alzheimer: hay una pérdida de cerca de un 90 % de la acetilcolina en los cerebros de personas que sufren de esta enfermedad debilitante.”

La serotonina

La falta de serotonina está relacionada con estados de tristeza, depresión, desgano y su presencia tiene que ver con estados de serenidad, sosiego, sabiduría, sensibilidad, solidez interna.

Cuando los llamados neurotransmisores del estrés,  como el cortisol, la dopamina y la adrenalina están presentes en forma importante,  inhiben la presencia de serotonina. Y viceversa, la presencia de serotonina disminuye el efecto de adrenalina, dopamina y cortisol.

Es decir que sentimientos de miedo, ansiedad extrema, resentimiento, excitación, ira, disminuyen la presencia de serotonina y sentimientos de bienestar, alegría y relajación disminuyen  la presencia de adrenalina, dopamina y cortisol.

¿Qué alimentos generan serotonina y que inhibe su producción?

Los alimentos tienen la capacidad de trabajar directamente sobre el sistema nervioso.

Es real que en el mundo en que vivimos ya de por sí la cantidad de adrenalina que segregamos y generamos es importante. De ahí que deberíamos prescindir de aquellos alimentos que tienden a dispararla. Estos son los excitantes del sistema nervioso: carnes, cafeína (presente en té negro, café, mate, bebidas cola), azúcar, alcohol.

Aunque el organismo dispone de un sistema de autorregulación, el tipo de alimentación influye en el equilibrio de la química del cerebro y en la proporción de ciertos neurotransmisores.

Para que el equilibrio sea óptimo conviene asegurarse que se asimile el suficiente triptófano, que es el aminoácido esencial necesario para la síntesis de la serotonina.

El triptófano se encuentra en el pescado, las legumbres (poroto de soja, negro, aduki, lentejas, garbanzos), los frutos secos. Pero para asimilarlo el cerebro necesita que se ingiera suficiente cantidad de hidratos de carbono de absorción lenta.

Los hidratos de carbono de absorción lenta son  los cereales integrales (avena, arroz, trigo, mijo, cebada, maíz, quinoa, amaranto), estos alimentos contienen el complejo vitamínico B, en proporciones importantes, de ahí que su consumo permita ayudar en casos de depresión, puesto que la Vit. B es reguladora del sistema nervioso.

La necesidad de consumir carbohidratos simples

Ocurre que cuando las personas están tensas, cuando hay un alto nivel de excitación, buscan alimentos que puedan distenderlos, relajar. El azúcar, las harinas, el alcohol, tienen esa capacidad momentánea. Son carbohidratos de absorción rápida, en el momento generan sosiego, satisfacción, pero como el organismo, la sangre concretamente, sufre un desequilibrio de la glucosa, al poco tiempo necesita más de lo mismo. El exceso de azúcares (repostería, azúcar para endulzar infusiones, golosinas,  farináceos envasados, chocolate, bebidas cola) quitan minerales del cuerpo, el hígado se carga, la glucosa se desequilibra y cuando esto sucede, se disparan neurotrasmisores relacionados con estados de ansiedad.

Es muy común observar  personas con sensación de abatimiento y tristeza que necesitan consumir diariamente azúcar y observar también,  cómo el exceso en el consumo de azúcar genera a su vez tristeza y abatimiento.

El exceso en el consumo de azúcar significa consumir diariamente algún alimento que contenga este elemento: mermeladas, tortas, chocolate, galletitas, incluso mucho pan, muchas harinas o el vasito de vino o cerveza. Las harinas y el alcohol, son formas de azúcar.

Las personas son diferentes unas de otras, lo poco para unos es mucho para otros. Existen quienes son más sensibles a ciertos alimentos y el consumir alimentos dulces o alcohol o harinas en forma de pan diariamente les afecta emocionalmente.

Los azúcares roban minerales del cuerpo, generan procesos de acidificación en la sangre. Esta acidificación desvitaliza. A algunos tal vez no les ocurra, pero hay otros en que una pequeña cantidad actúa debilitando la condición física y psicológica.

Los edulcorantes artificiales como el Aspartame, que forma parte de los llamados alimentos diet o light (barritas de cereal, yogures, bebidas cola, y otros), que se usan en reemplazo del azúcar, actúan desequilibrando el sistema nervioso. Es muy común ver personas con problemas de ansiedad, ataque de pánico y depresión, producto del consumo de alimentos con este componente.

Comer demás

El exceso de comida es otro causante de desequilibrio en el sistema nervioso. Va más allá de ser obeso, que obviamente implica un desequilibrio físico y hormonal importante. Cuando se come más de lo que se necesita, se busca en el alimento, no sólo que sea saludable y sabroso, sino que se transforme únicamente en fuente  de placer, para llenar el vacío existencial. El exceso de comida altera las funciones corporales y genera desequilibrio hormonal, produciendo estados de abulia, desinterés. Cuando se come demás, la sensación es muchas veces, sentirse pesado, como anestesiado y con la consiguiente sensación de desgano. El exceso de comida sobrecarga al hígado  y a todas las funciones corporales, y cuando esto ocurre, se generan sensaciones de enojo, apatía, desinterés.

La carga electromagnética

La carga electromagnética que recibimos implica un exceso de velocidad en nuestro cerebro.

Este exceso de velocidad mental, ocurre no solamente en nuestra forma de funcionar y actuar,  sino también en nuestros órganos y funciones corporales en general. Cuando esto ocurre, toda la condición de la persona se ve acelerada, lo cual implica un esfuerzo ya que no es lo que naturalmente debería ocurrir. Cuando el tiempo se acelera hay exigencia y esta exigencia genera desvitalización, abatimiento.

La tecnología y electromagnetismo mucho tienen que ver con esto.  

Según Jerry Mander en su libro:”En ausencia de lo sagrado” Editorial Plenum, 1991: “Videojuegos, televisión, computadoras, walkmans… todo forma parte de un proceso de aceleración que nos hace girar cada vez más de prisa y hace que nuestra vida parezca más emocionante, cuando en realidad sólo es hiperactiva”…

Mander hace referencia a lo negativo de la televisión, pero va más allá de la programación, sino que se refiere a la rapidez de las imágenes. Las computadoras cada vez son más rápidas, cuando tardan un poco nos molestamos porque pretendemos que sean más rápidas. Esta rapidez de elementos tan usados por nosotros genera una forma rápida de funcionar. Lo lento no tiene cabida en nuestras vidas.

Las computadoras cada vez son más rápidas, cuando tardan un poco nos molestamos porque pretendemos que sean más rápidas. Esta rapidez de elementos tan usados por nosotros genera una forma rápida de funcionar. Lo lento no tiene cabida en nuestras vidas.

…”En relación a la televisión, la cantidad de tiempo que pasa la gente a diario delante del televisor y la forma de organizar la vida frente a ella, debería ser prueba suficiente de las propiedades hipnóticas y adictivas del medio. Cuando se les pregunta a las personas razones para dejar de ver televisión, emplean palabras como: hipnótica, paralizante, adictiva y muchos indicaron el término ”zombi” para indicar lo que parecían sus hijos cuando veían la televisión”…

Ya son varias las generaciones que existieron después de que la televisión haya aparecido. ¿Puede que esta presencia tenga que ver con las dificultades psicológicas que hoy son parte de la sociedad?¿la carga electromagnética de computadoras y teléfonos móviles no significará una sobrecarga electromagnética tan fuerte, que para poder recibirla el organismo tenga que hacer un esfuerzo a veces no propio de la estructura natural del ser humano?  

Respetar los ciclos circadianos

Según la endocrinóloga Daniela Jakubowicz, a través de su libro “Ni una dieta más”, la serotonina, está presente en mayor proporción durante la mañana y su ausencia comienza a aparecer al atardecer.  De ahí que durante la mañana, si hemos dormido bien, hay más energía; en el ocaso ésta disminuye y el organismo se va preparando para el descanso.

Es común la necesidad de consumir algo que a uno le de energía o sensación de bienestar a la tardecita, hora en que menos serotonina hay disponible y que a la mañana, cuando ésta está presente, muchas personas no les interese desayunar.

Esto genera un desequilibrio, porque se termina comiendo poco durante el día y más a partir de la tardecita y noche.

El desequilibrio se genera porque durante el día la persona tiene capacidad de descargar lo acumulado, ya sean alimentos, sensaciones y de noche no, ya que se está más quieto.

Si se desayuna bien, almuerza bien y se ingiere una merienda para evitar la hipoglucemia que  a las 6 ó 7 de la tarde se genera por la falta de serotinina, luego se podrá cenar liviano y realizar el ciclo de descarga naturalmente.

Muchas personas se duermen tarde y se levantan tarde por la mañana. Esto va en desacuerdo a los ritmos naturales. El organismo está preparado para trabajar con más fuerza durante el día y buscar la noche para el descanso. Las personas que duermen de día y trabajan más por la noche, pueden llegar a estar desequilibrando sus ritmos naturales y esto lleva a falta de vitalidad.

La falta de vitalidad está asociada a la tristeza y abatimiento.

La importancia de la Vitamina B

La Vitamina B es un soporte de ayuda natural a los problemas del sistema nervioso. El consumo diario de cereales integrales, en las 4 comidas, ayudará en este sentido, ya que todos ellos son fuente de Vitamina B. Consumir especialmente: arroz integral, quinoa, amaranto, mijo, maíz, centeno, cebada, avena…

Una dieta equilibrada

Para el desayuno:

Infusiones: Té Bancha, Verde, Diente de león, Marcela, Jengibre, llantén

Panes: Pan de arroz, Pan de sartén*

Lácteos: Queso de cabra o queso de búfala o queso azul o parmesano

Otros: Cremitas elaboradas con zanahoria o zapallo o brócoli, sin aceite condimentadas con salsa de soja. Aceitunas orgánicas. Chucrut. Humus (paté de garbanzo. Fuente importante de triptófano y precursor de la serotonina)

Para el almuerzo:

Cereales integrales: Pasta integral. Pasta blanca de buena calidad. Arroz integral. Cebada Perlada. Quinoa. Amaranto. Mijo. Avena. Polenta de Maíz.*

Proteínas: Pescado no grasoso (abadejo, brótola, lenguado, merluza). Huevo orgánico. Pollo orgánico. Sopas o guisos o ensaladas con garbanzos ó lentejas ó poroto aduki o poroto negro*.

Verduras: Zapallo, zanahoria, nabo, coliflor, repollo, apio, hinojo, zuchini, zapallito, brócoli, achicoria, radicheta, verdeo, puerro. Alternar entre ensaladas crudas y cocidas.*

Para la merienda:  

Té Bancha ó Té de Cola de Caballo,  Té de Canela, Jengibre y Cardamomo-

Manzana o pera asada con jalea de membrillo sin azúcar o Torta de manzana sin azúcar o fruta con jalea de membrillo*.

Para la cena:

Sopa de verduras: zapallo brasilero, nabo, verdeo o zapaplo brasilero, zanahoria, loto o bardana  con ½ cucharadita de miso*.

Guarniciones:

Arroz integral con verduras al wok*

Croquetas de  zapallo*

Budín de papa y zanahoria

Tarta de verduras*

Empanada de verduras*

Cazuela de zuchini y zanahoria *

Té de Melisa. Tilo. Cedrón. Pasionaria.

Manzanas cocidas

Evitar: café, mate, té negro, azúcar, miel, carne roja, chocolate, exceso de lácteos y derivados, exceso de harinas, productos quimicalizados.

(*Ver recetas en “Aprendiendo a cuidar el cuerpo-mente”, 200 recetas del Spa Las Dalias”Racauchi-Bidart, Editorial Kier).

(*Ver recetas en Boletines de Salud: www.spa-lasdalias.com.ar)

(*Ver recetas en “Recetas Naturales con Sabores Inolvidables, Condimentadas Con Una Historia De Vida”, Liliana Racauchi)

La importancia de la actividad física

El Dr. Servan Schreiber, en su libro: “Curación Emocional” Editorial Kairós, 2004, dice lo siguiente en relación al tema de la actividad física:

“¿A través de que misteriosos caminos tiene el ejercicio un impacto tal sobre el cerebro emocional?

En primer lugar, claro está, tenemos el efecto de las endorfinas, esas pequeñas moléculas secretadas por el cerebro…las personas que practican ejercicio de manera regular obtienen más placer de las cosas pequeñas de la vida: de sus amigos, de las comidas simples, de sus lecturas, de la sonrisa de alguien que pasa por la calle. Es como si les resultase más fácil estar satisfechos. Por otro lado el obtener placer de las cosas pequeñas es justo lo contrario de la depresión, que ante todo viene definida por la ausencia del placer. Por eso la liberación de endorfinas, tiene un efecto antidepresor y ansiolítico tan pronunciado”…

La tristeza y la respiración

La buena respiración nutre al sistema nervioso. En la medida que la persona se conecta con algo tan primario como respirar, comienza a darse a sí misma energía vital. La respiración es el primer vínculo que se tiene con la vida. Aprender a respirar bien y tomarlo como una práctica cotidiana, moviliza la energía interna, permite revitalizar y equilibrar el organismo y el sistema nervioso parasimpático.

El parasimpático es una parte del sistema nervioso, relacionado con las sensaciones de placer, disfrute, saber parar, relajar, sentirse pleno. El equilibrio entre el sistema nervioso parasimpático y el simpático es uno de los mejores antídotos contra la ansiedad, la tristeza y depresión. Cuando el sistema nervioso simpático que es el encargado de las funciones de acción y aceleración, tiene más preponderancia que el parasimpático, los síntomas que aparecen son: sequedad en la boca, aceleración del corazón, sudores, temblores, aumento de la tensión arterial, etc. Síntomas de ansiedad, tristeza, desgano, tienen su origen en la actividad excesiva del sistema nervioso simpático.

Por eso la práctica de una buena respiración moviliza al sistema nervioso parasimpático y a partir de esto, se generan estados de bienestar.

Una mirada diferente

David Servan Schreiber en su libro “Curación Emocional”, dice:

“Hoy en día, nos hallamos inmersos en un movimiento planetario hacia el individualismo “psicológico” o el “desarrollo personal”. Los grandes valores son autonomía, independencia, libertad y autoexpresión. Estos valores se han tornado tan importantes que los utilizan incluso los publicitarios para hacernos comprar lo mismo que a nuestro vecino, mientras a todos nos hacen creer que eso nos convierte en únicos. “sea usted mismo”, “exprese su yo”… Hasta el ejército para reclutar gente dice: “sé todo lo que puedes ser”. Estos valores evidentemente no han hecho mucho bien. Esta supuesta independencia y libertad tiene su precio. El precio es el aislamiento, el sufrimiento y la pérdida de sentido. Esta  es otra de las razones porque la depresión ha ido en aumento de manera regular en el transcurso de los últimos 50 años. ..”

Cuando una persona tiene una mirada más amorosa de sí misma y de cuánto la rodea, esa energía amorosa puede transformar la tristeza. Pero ocurre que se intenta buscarla afuera y no viene de allí, uno es quien la puede generar, uno es su propio manantial. A partir del cuidado del cuerpo, con la alimentación, el orden en relación a las horas del sueño, la actividad física, todo esto son puntas de un ovillo, que invitan al “cuidado por uno mismo”. Ese cuidado es energía amorosa, ésta es la fuente, éste es el manantial.

Para que ese manantial exista, es necesario ser comprensivo con lo que a uno se le expresa, siendo consciente del miedo, el desamor que se tiene, el individualismo que en uno opera, el egoísmo, la envidia, la competencia, la necesidad de recibir más que de dar, ver el origen de la queja permanente, la insatisfacción… y mirar todo eso comprensivamente, sin rechazarlo o juzgarlo, mirarlo con una “mirada inocente”.

Cuando no se lucha con lo que se expresa y a su vez uno puede cuestionar el mundo tal como es, con su materialismo, desamor, capacidad destructiva, cuando uno puede además ver, que uno es eso también, cuando se ven las propias contradicciones y además se sabe convivir con la propia realidad, sin perder energía en buscar lo opuesto, ahí puede que se genere una semilla y una ventanita de luz comience a surgir.

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