Retorno a la esencia femenina

Retorno a la esencia femenina

Hay mujeres que están buscando un cambio, marcando una diferencia entre lo principal y lo secundario. Lo principal: la familia, el cuidado de los hijos, la atención al ámbito familiar, a la casa y lo secundario su actividad externa.

Nadie dice que una sea más importante una que otra, solo que una es prioritaria y la otra si bien es de carácter fundamental, va después. Si la mujer entendiera que su desarrollo profesional es proporcional a su capacidad de acoger, de cuidar, de recibir, de poner su cuota de afecto y sensibilidad en cuanto la rodea, el mundo cambiaría, porque ella estaría cambiando.

Si la mujer entiende que cocinando con sus propias manos está moldeando el carácter y la salud de quienes la rodean, si entendiera que poniendo calidez en cada rincón de su casa contribuye al ánimo, a despertar alegría, a lograr un sentimiento de serenidad y sosiego en sus hijos, en su compañero, en sus amigos, si entendiera que estar atenta al proceso evolutivo de sus hijos, acompañando sin perseguir, es una inversión a largo plazo, para que luego sean seres sanos física y psicológicamente, si entendiera algo tan simple como que rallar una zanahoria a mano no es lo mismo que hacerlo con el electrodoméstico. Encontraría la manera de estar más en su casa, más cerca de sus afectos íntimos. El trabajo de adentro se ha desvalorizado, solo se es algo si se es profesional y exitosa en alguna actividad externa.

Todo esto no significa que como mujeres no podamos desarrollar las mil y una actividades, sin olvidar nuestra tarea fundamental: cuidar holísticamente a nuestra familia. El mundo necesita de seres fuertes, capaces de pensar y sentir con claridad y la fortaleza la da el amor y modelos de seres íntegros.

Entendiendo por integridad a seres capaces de hacerse cargo de sí mismos, sin poner en otros la responsabilidad de lo que nos ocurre, aprendiendo a respetar la vida, a respetarnos a nosotros mismos.

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