El Vínculo Con La Comida – Parte 1

El Vínculo Con La Comida – Parte 1

La respiración es el primer vínculo que tenemos con la vida.

El segundo vínculo es el alimento. En el mismo momento en que nacemos, luego del primer soplo de vida, recibimos alimento a través del pecho materno.

Ambos vínculos, el aire, es decir la respiración y el alimento son fundamentales y vitales para funcionar en la vida.

Luego a partir de una buena respiración, capacidad de inhalar, exhalar y ser consciente de ello, de un buen vínculo con la comida y el alimento cotidiano, podremos tener una relación armónica y equilibrada con el afuera, es decir los afectos, los otros en general, la capacidad de dar y recibir, el amor, el vínculo con la tarea laboral, la naturaleza, etc.

Los seres humanos existimos, en función de nuestros vínculos, en función de nuestras relaciones, somos a partir de la conexión con los otros.

La vida es relación, si no existiera el afuera, lo otro y los otros, dejaríamos de ser “humanos”. Se “es” a partir de la existencia de otras cosas.

De cómo me expreso al hablar, de cómo camino, de cómo me visto, de mis gustos al comprar, de mi forma de sentarme, dormir, mirar al otro, escuchar música, bailar, gesticular, relacionarme con el dinero, con la sexualidad, de cómo cuido el automóvil, el hogar, la bicicleta, la moto, el cabello; todo esto está diciendo cómo soy, qué siento, qué pienso, qué hay en mi interior, cómo percibo la vida.

Y bien, la comida, nuestros gustos particulares frente a cada alimento, la necesidad de comer esto en lugar de aquello, la cantidad que se ingiere, el cocinar o no, el rechazo o la atracción por ciertas comidas, la forma racional o irracional de comer, la dependencia o no a ciertos alimentos, la dependencia o no a quién los elabore, el registro o no de cómo nos cae lo que comemos; todo esto habla de uno, de sentimientos, de emociones, de la forma en que se vive, de cómo se encara la vida.

En general, no se le da importancia a la comida del día a día. Es un acto mecánico. Se tiene hambre y se come, comúnmente lo que a uno le gusta, lo que hay. Se busca en el comer, encontrar únicamente el placer, que sea rico.

Pero además de que la comida sea sabrosa, placentera, el ingrediente de lo saludable tiene un valor fundamental en nuestra posibilidad de bienestar.

Comentarios comunes de las personas en relación a la comida

Al ir analizando cada uno de estos comentarios podemos ver la verdad o no que hay detrás de cada uno de ellos. De esta forma podemos llegar a ser consciente del vínculo que se tiene con la comida y la forma de relacionarnos con ella.

“Necesito tomar mate para que funcione bien mi intestino”

En Sudamérica, especialmente en la zona de Uruguay y Argentina, la hierba mate es de uso popular. Según el Dr. Scolnik, en su libro “La mesa del Vegetariano”, Editorial Lidium, la hierba mate contiene un alcaloide, la cafeína.

“Esta, contiene un promedio de 1,15 % de este alcaloide, que puede llegar a un máximo de 2,20%, según análisis efectuados en la Estación Experimental de Loreto (Misiones). Puede considerarse que un buen matero, ingiere entre 1,5 a 2 gramos de cafeína diarios y hasta hay personas que lo ingieren en una cantidad mayor.”

Además de ser un excitante del sistema nervioso, es acidificante de la sangre y genera la posibilidad de aflojar el intestino.

Muchas personas consumen mate por esta razón, especialmente las mujeres, lo toman por la mañana, antes de ir a trabajar, como forma de lograr que su intestino funcione y poder evacuar antes de salir de la casa.

Uno debería plantearse por qué el intestino está contraído, en lugar de buscar una solución que afecta negativamente su organismo.

La cafeína es un excitante del sistema nervioso que estimula la segregación de adrenalina. Ya bastante adrenalina tenemos todos los seres humanos que habitamos hoy el planeta tierra.

Hay una vibración de excitación, estrés y ansiedad en cada uno de nosotros. Vivimos el mismo stress que el planeta tierra vive.

Somos una masa homogénea, el planeta y todos los seres vivos y no vivos que lo habitamos, lo que pasa afuera de nosotros también pasa adentro nuestro. Ingerir cafeína diariamente es como querer apagar un fuego con un fuelle.

Es decir, a partir de este consumo más excitados, nerviosos y estresados estaremos.

La cafeína se ingiere, también como estimulante, porque el hecho real es que no se tiene una energía genuina, se está cansado, agotado y se busca compensar con algo de afuera, lo que internamente no existe.

Lo que existe es cansancio, fatiga, desazón y se consume cafeína (café, mate, té negro), para estar alerta, atento, es una droga que nos saca del estado en que estamos para ponernos en otro diferente, de mayor energía.

Si algo está actuando como excitante del sistema nervioso, está entonces alterando nuestro ritmo circulatorio y por ende el normal funcionamiento del corazón.

Cuando el ritmo circulatorio se altera, es decir cuando la sangre no circula normalmente, los órganos como riñón, hígado e intestino tampoco funcionan adecuadamente, generándose una exigencia en toda nuestra condición y a partir de este esfuerzo, baja el sistema inmunológico, debilitándonos.

Se sabe también que la cafeína quita minerales del cuerpo, ya sea calcio de los huesos, hierro de la sangre, yodo, magnesio, zinc, etc.

¿Existen otras formas de mover el intestino adecuadamente y de tener energía para funcionar en el día a día?

Si existen.

Una función intestinal adecuada permite que se genere energía, claridad mental y que todo actúe con mayor armonía, tanto física como psicológicamente.

Se pueden encontrar varias razones por las que el intestino no funcione adecuadamente.

Un intestino contraído, constipado, puede estar relacionado con una función hepática sobrecargada.

El hígado se carga por diversas causas: aspectos emocionales y también por el mismo consumo de cafeína a través del mate, café, gaseosas, por el consumo de químicos en general, de grasas saturadas (quesos, leche, manteca, carnes), de harinas refinadas, por el exceso de comida, por el consumo de azúcares y alcohol.

Cuando el hígado se carga las toxinas no se eliminan a través de sus canales habituales, por lo que los mecanismos de descarga del organismo se ven limitados. Debido a la sobrecarga, la capacidad de eliminación disminuye.

También una forma de ser, un modo de funcionar frente a la vida, es decir, por ejemplo, una actitud retentiva, tensa, contraída, resistente a los cambios, actúa impidiendo el normal funcionamiento de los órganos de descarga, es una manera de no querer dejar ir o dejarse ir.

El consumo de harinas blancas, quesos y carnes, todos alimentos contractivos, impiden el buen funcionamiento intestinal, es decir poder eliminar las heces diariamente en forma normal.

Una alimentación basada en fibras genera un buen drenaje.

La fibra actúa posibilitando una buena eliminación de toxinas del organismo.

De ahí que sea importante consumir diariamente cereales integrales (arroz integral, mijo, cebada perlada, quínoa, trigo, centeno, avena, maíz), legumbres (queso de soja, lentejas, garbanzos, porotos aduki, porotos negros, zeitán) y verduras ya sean crudas ó cocidas, frutas no muy azucaradas y semillas con moderación.

Con una alimentación equilibrada el intestino funciona equilibradamente y debido a esto, la energía de la que se dispone es genuina y no es necesario buscar estimulantes para poder funcionar en el día a día.

Se trata de que lo que busquemos para resolver algo, no implique enfermar otra cosa.

La hierba mate ayuda a mover el intestino y estimular el sistema nervioso, pero el precio que hay que pagar por ello es alto.

Cuando el sistema nervioso está tan estimulado, hay ansiedad, nerviosismo. Esto impide poder estar atento, sensible, poder generar cambios en uno, tener una percepción de lo que se siente y necesita, poder vivir en paz y armonía con lo que a uno le rodea.

Uno debería plantearse por qué el intestino está contraído, en lugar de buscar una solución que afecta negativamente su organismo.

“No me interesa comer sano para ser longevo, prefiero morir antes y darme los gustos.”

¿Cuáles son las ventajas de llevar adelante una alimentación saludable?

Tener la disposición necesaria para cumplir con las funciones propias del vivir, despertarse luego del descanso apropiado, dormir relajado y poder conciliar el sueño, tener energía para trabajar y una energía genuina, no producto de estimulantes, tener ganas de vivir, de relacionarse, de llevar a cabo la tarea diaria ya sea laboral o la que tenga que ver con el cuidado de la casa y la familia. Poder estar lúcido, despierto, activo, también poder tener la disposición para la auto-transformación, poder contemplar la vida, sin una mente que parlotee incesantemente. Tener la capacidad reflexiva y racional como para vincularse mejor con los otros y también poder concretar los anhelos del corazón.

Comer sano implica también el poder acceder a un estado de libertad.

Esto significa, no el hacer lo que uno quiere, sino poder ver los miedos, dependencias, inseguridades, poder mirar y mirarse sin juicios, sin justificaciones y dar, de esta forma, la posibilidad de cambio en uno mismo.

Para poder cambiar hace falta energía, es ir de un lugar a otro lugar, para ello se necesita fuerza, vitalidad.

Por lo tanto comer sano no es un fin en sí mismo, sino el germen para cambiar, para vivir sensiblemente.

No tiene que ver con cuanto tiempo voy a vivir o si voy a llegar a los noventa y pico de años, tiene que ver con vivir con calidad el día a día, despierto, atento, intenso, con ganas y alegría.

Cuando no como sano, es decir cuando consumo carnes, grasas en general, azúcares, alcohol, café, mate, harinas, el organismo, todo el ser, tiene que hacer mucho esfuerzo para asimilar estos alimentos.

Es como haber estado en presencia de una discusión fuerte, o un choque automovilístico.

Hay algo que se violenta, hay un exceso.

Para que todo funcione adecuadamente tiene que haber un drenaje, todo tiene que fluir.

Si los alimentos que se consumen tienen mucha densidad, no existe ese drenaje. Es como querer regar una planta que contiene tierra seca, dura, excesivamente compacta, es casi imposible ya que el agua no penetra, ni llega hasta las raíces, finalmente termina secándose, muriendo.

El organismo tiene que hacer mucho esfuerzo comiendo de esa manera para que la sangre circule y  drenen los nutrientes, para que exista un buen metabolismo y que la inteligencia natural del cuerpo actúe.

El comer sano desarrolla la sensibilidad y la fortaleza.

Una persona sensible es capaz de ver a los otros, de comprender y no atacar, juzgar, enojarse, porque entiende que no estamos separados, que lo que le pasa al otro es muy similar a lo que a uno le sucede. Esto no significa que no se pongan límites o ser permisivo, se trata de ser comprensivo, entender y poner los límites desde la ternura y el afecto.

Si a la vez la persona se fortalece, pudiendo ser consciente de si misma, de sus propias miserias, podrá dar las respuestas adecuadas frente a la adversidad.

Pasan muchas cosas en el mundo hoy en día, hay una gran suerte de deshumanización. Si no nos fortalecemos y sensibilizamos, difícilmente podremos sostener la vida, que vemos como se extingue a pasos agigantados.

Existen muchas personas que aprecian la vida y hacen grandes esfuerzos en si mismos para que ésta siga prevaleciendo en el planeta todo.

Gracias a esa conciencia, de aquellos que valoran la vida en toda su magnitud, a partir de su propio cuidado y el de todo cuanto  les rodea, tal vez la extinción total no ocurra.

No se trata, entonces, de vivir más años, sino de vivir bien mientras se vive.

Es un derecho y una responsabilidad que tenemos por nacimiento, por el hecho de ser “humanos”, no encasillarnos en la corriente colectiva de competencia, desamor, celos, envidia, individualismo, consumo, materialismo.

Por otro lado, muchas de las personas que alegan esto de no querer ser longevos sino de sentir el placer, son personas que cuidan el medio ambiente o dedicadas a la ecología.

¿No hay una contradicción en cuidar el medio ambiente y no cuidarse uno?

Cuidar el medio ambiente significa, por ejemplo, no consumir en exceso ya sean alimentos o cualquier otro producto.

Cuidar el medio ambiente significa, por ejemplo, no ser cómplice de los laboratorios medicinales, que en aras de la ganancia no miden el daño en la salud de la gente e inventan enfermedades para vender sus productos.

Cuidar el medio ambiente significa, también,  no consumir gaseosas que dañan la salud de las personas y cuyo consumo permite aumentar aún más las ganancias de las multinacionales.

Cuidar el medio ambiente es tratar, además, no generar aún más anhídrido carbónico del que ya existe. En función de esto es importante cuestionarse el consumir carne o no.

Ocurre que, grandes cantidades de hectáreas son utilizadas para cría de ganado, lo cual es una amenaza permanente para la biodiversidad ya que esto impide el flujo natural de oxígeno en la atmósfera, ya que selvas enteras son desvastadas, eliminando cantidades de árboles, lo cual implica un exceso de anhídrido carbónico, lo que contamina el planeta y es responsable del cambio climático.

El exceso de anhídrido carbónico en el medio ambiente, también ocurre a partir de la existencia de los necrófagos, que consumen los cadáveres de animales y emiten grandes cantidades de dicho elemento al medio ambiente.

Consumir carne significa que existan mataderos de animales y por lo tanto la presencia de necrófagos.

Por otro lado el consumo de carnes es responsable en parte del hambre en el mundo, ya que la mayor parte del cultivo de sorgo y soja son utilizados para harina de engorde de ganado, cuando esas tierras podrían utilizarse para sembrar cereales, legumbres, alimentos que ayudarían a combatir este problema en el mundo entero.

De manera que el consumo de carne es en sí mismo uno de los motivos del cambio climático en el mundo.

Por otro lado, la comida no por ser saludable ha de ser insípida, desabrida, o generar insatisfacción. Una comida sana tiene que ser sabrosa, agradable de comer y dar la satisfacción necesaria para que la persona no necesite buscarla comiendo demás.

La ansiedad, muchas veces, es el producto de la insatisfacción en el comer, debido a que la comida no tiene las suficientes calorías, carbohidratos, grasas, proteínas, minerales, etc., que la persona necesita para estar bien, armónica.

Comer rico es necesario y vital. ¿Pero cuando solo existe la necesidad de encontrar placer en lo que se come, no será que esa búsqueda habla de una insatisfacción permanente en uno? ¿Puede ser que la búsqueda de placer exista como forma de tapar el dolor?

No se trata de negar el placer que una buena comida genera, tampoco se trata de buscarlo.

Cuando nos sentimos satisfechos con la vida, cuando no negamos el dolor de nuestro corazón, es que funcionamos con adultez, con madurez.

Si somos conscientes del dolor, este se expresa, esta, y en el verlo, la comida no será una manera de taparlo, ni el alcohol, ni el cigarrillo, ni el comprar demás, ni la PC, el cine o la televisión. Cuando el dolor es consciente, el propio y el de toda la humanidad, no hace falta evadirse de él, éste está.

Los niños comen porque es rico, no tienen desarrollada su capacidad racional. Muchas veces atrás de comer esto que me “gusta” y no aquello “que no me gusta”, actuamos desde los niños de 4, 5 6, 7 ú 8 años o adolescente que fuimos y no dejamos ir.

Cuando comemos no porque me “gusta o no me gusta”, sino como adultos, racionalmente y también sensitivamente, apreciando la forma en que se ha cocinado, los sabores propios de cada alimento, de un tomate, de un buen aceite, de una buena cocción, de una manzana, cuando uno está lo suficientemente sensible para apreciar las cosas como son, el gusto está justamente en eso, en la belleza que cada cosa emana porque sí, sin necesidad de adormecer nuestros sentidos con sabores intensos, artificiales, sino que apreciamos el valor de lo simple, de lo sencillo, de lo austero, de lo natural.

Por lo tanto comer sano no es un fin en sí mismo, sino el germen para cambiar, para vivir sensiblemente.

“No es importante lo que entra a la boca, sino lo que sale de ella.”

Mucha gente alega este comentario, según dicen, dicho por Jesús, queriendo hacer entender que no importa la calidad de lo que uno come, sino que lo importante son las palabras que emanan de uno.

Supuestamente lo que entra a la boca de una persona es el alimento, lo que come, la calidad del mismo, sus propiedades y características.

Lo que sale de la boca de una persona además del aire que exhala, son también sus pensamientos, sentimientos, emociones, expresados en palabras.

¿Puede ser  esencialmente diferente lo que entra a uno, de lo que sale de uno?

¿En algo tan biológico como la concepción, puede ser diferente la calidad del semen que entra en la vagina de una mujer, que luego la calidad de la sangre del hijo engendrado por ese mismo semen?

¿Puede ser tan diferente la calidad del aire que entra a través de mis fosas nasales que el que exhalo a través de las mismas fosas nasales o la boca?

¿Puede ser tan diferente la calidad de lo que ingiero y entra a mi torrente sanguíneo a lo que elimino a través de mis heces en forma de materia fecal o a través del riñón, en forma de orina?

¿Puede ser tan diferente la calidad de lo que entra a través de mi boca como alimento, que luego va a mi torrente sanguíneo, hace a la calidad de mi sangre, del buen funcionamiento de mis órganos, del equilibrio de mi sistema nervioso, que las palabras que expresan mis sentimientos profundos?

Ya Hipócrates en la antigüedad decía que somos lo que comemos.

El alimento que ingerimos hace a la calidad de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones, sensibilidad.

El alimento que ingerimos hace a la calidad de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones, sensibilidad.

Porque somos una unidad, no somos un cuerpo por un lado y una mente por el otro, somos cuerpo-mente.

La mente se encuentra en todo el cuerpo, no solo en el cerebro.

Si consumimos alimentos densos: carnes, quesos, alcohol, químicos, etc., es decir alimentos que no permiten una buena circulación de la energía, de la sangre, que resultan más difíciles de digerir, seremos también ciertamente densos, rígidos, intolerantes.

La energía de los animales es violenta, primaria, primitiva. Uno es lo que come y saldrán de nosotros palabras hirientes, seremos más irascibles, celosos, egoístas.

También ocurre que las personas vegetarianas que no comen carne, pero tienen una dieta desequilibrada porque consumen mucho queso y azúcar o mate y café, son intolerantes, violentas, tal vez tienen una fachada de tranquilidad, pero apenas se las contradice son fáciles de encolerizar.

Puede ocurrir que tanto el hígado como el sistema nervioso están cargados por el exceso de los alimentos antes mencionados.

Cuando el hígado está cargado y las toxinas no se eliminan adecuadamente, es fácil entrar en estados de agresividad, enojo, ansiedad.

Si una persona es cuidadosa con su alimento cotidiano, será cuidadosa en todo lo que dice, en cómo se expresa, en cómo llega a los demás, en la manera de tratar a los otros.

De manera que no es diferente lo que entra de lo que sale.

¿Será verdad que Jesús dijo “no es importante lo que entra a ti sino lo que sale de ti”? Tal vez quiso decir otra cosa.

“Aunque me sienta mal, no quiero sentir restricciones, quiero encontrar placer en lo que como.”

Muchas personas padecen algún tipo de enfermedad como colon irritable, hipertensión, depresión, falta de energía, insomnio, trastornos de ansiedad, obesidad, osteoporosis, dolores estructurales, ciatico, contracturas, fibromas uterinos y tantas más.

Cualquier tipo de dolencia necesita de cuidados, no de actitudes intervencionistas como la toma de medicamentos u operaciones quirúrgicas, sino de atención, formas naturales de cuidarse, en dónde la alimentación juega un papel fundamental.

Cuando hay una dolencia de las que mencionamos anteriormente, esto implica que hay un desorden en la calidad de nuestra sangre y que hay además una sobrecarga, ya sea emocional, circulatoria, de los órganos digestivos, de toda la condición psicofísica en general.

Ciertos alimentos generan una sobrecarga importante en el organismo, además del exceso de comida, cualquiera fuera la calidad de ésta.

Como el organismo ya está tan cargado, los mecanismos de descarga están atrofiados y las toxinas permanecen en el cuerpo.

Las carnes, los lácteos (quesos, leche, crema, yogurt, manteca), las harinas, el azúcar, café, mate, los alimentos quimicalizados, generan dicha sobrecarga, ya que el organismo tiene que hacer un esfuerzo para ayudar a digerirlos.

La abstención de los mismos permite volver a un estado de mayor armonía, no solo física sino psicológica.

La persona comienza a tener mayor energía, el intestino comienza a funcionar adecuadamente y todo el organismo adquiere un estado de  vitalidad, que hace que esa energía disponible esté actuando en resolver el problema concreto (cualquiera de los mencionados).

Pero la gente dice: prefiero tomar la pastilla antes que dejar el café, el mate, el helado o el vasito de vino.

¿Qué es lo que nos impide hacer aquello que sabemos que es bueno para nosotros? ¿Porqué no podemos dejar lo que sabemos que nos hace daño?

Uno es esclavo de los placeres, no se trata de negarlos ni de buscarlos, pero detrás de ello puede haber un desvalor por la vida misma.

Dejar el café, la leche, el helado, el alcohol, el pancito, implica renunciar a algo, desapegarse, cambiar.

Existe algo así como un dicho popular de que los placeres hay que dárselos en vida, que la vida es para disfrutarla, que uno no puede vivir como un faquir, que mi abuelita vivió hasta los noventa y pico de años y fumó, bebió, etc. Que es ser muy aburrido abstenerse de ciertas cosas y que uno se siente esclavo por ello.

Habría que preguntarse qué es ser libre, si libertad es hacer lo que se quiere o libertad puede querer decir también, el vivir eligiendo racionalmente aquello que a uno le hace bien.

Atrás de no poder dejar aquello que hace daño o ni siquiera querer ver lo que a uno le hace daño, está la necesidad de gratificación.

Cuando la necesidad de gratificación es tan grande que no puedo pensar racionalmente en lo que me hace bien o no:

¿No será que está la incapacidad de sentirse gratificado por la vida en sí?

¿No será que existe la omnipotencia de creer que a mi no me va a hacer daño lo que coma?

¿No será que no hay conocimiento acerca de los perjuicios que trae a la salud determinado tipo de alimento?

Cuando se está mal físicamente y no se puede dejar el azúcar, el chocolate, el café y la medialuna ¿no será que no puedo apreciar la vida en todas sus otras dimensiones y lo que ocurre es que siento que ésta es gris, triste, opaca y necesito darle brillo comiendo o bebiendo más allá del daño que esto me haga?

Uno es esclavo de los placeres, no se trata de negarlos ni de buscarlos, pero detrás de ello puede haber un desvalor por la vida misma. No la  apreciamos en toda su magnitud, nos cuesta estar bien solo con escuchar el canto de los pájaros, saber qué nacen niños, que hay bebés, que hay flores, aguas, truenos, nubes, tener buenos vínculos afectivos, estar contento con la tarea que se desarrolla.

Perdemos el valor de los simple y sencillo, no nos conformamos.

Estamos insatisfechos y preferimos tomar el cafecito a tener que renunciar a él por más que tengamos un intestino que no funciona bien o que éste excite nuestro sistema nervioso y nos genere más ansiedad aún de la que ya tenemos y no podamos dormir bien.

No podemos apreciar el valor o la sensación que genera el cuidarse.

Cuando una persona se cuida, eso hace surgir una energía amorosa en ella misma y en su entorno, esa dicha es mayor que la que se siente ingiriendo aquello que uno sabe que no es bueno para si mismo.

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